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Yasser Arafat

“Vengo con el fusil del combatiente de la libertad en una mano y la rama de olivo en la otra. No dejen que la rama de olivo caiga de mi mano”.

Intervención de Arafat ante la ONU, 1974.

El 11 de noviembre de 2005 se apagó para siempre la estrella de Palestina. Yasser Arafat fallecía de madrugada en un hospital militar de París, tras una larga agonía y rodeado, como lo estuvo en vida, por la polémica. Arafat no pudo cumplir su último deseo: ser inhumado en la Mezquita de Al Aqsa de Jerusalén. Israel, su eterno enemigo, se lo impidió. Los restos de Arafat reposan en la plaza exterior de La Muqata, en Ramala, a 15 kilómetros de Jerusalén.

Su verdadero nombre era Muhammad Abdel Raouf al-Qudwa al-Hussein, y nació el 24 de agosto de 1929 en el seno de una familia palestina de ilustre linaje establecida en El Cairo. Su infancia discurrió entre la capital egipcia, Jerusalén y Gaza, y desde muy temprana edad tomó parte en los movimientos de resistencia contra la colonización judía y la ocupación británica. En 1953, Arafat fundó su propia organización paramilitar, la Unión General de Estudiantes Palestinos (UGEP) contra la ocupación israelí. En julio de 1956 Arafat obtuvo el título de ingeniero y fundó la Unión de Graduados Palestinos (UGP), una tapadera de sus actividades políticas, desarrolladas en estrecha colaboración con el Ejército y los servicios de inteligencia egipcios. En octubre de 1956 estalló la segunda guerra árabe-israelí y Arafat se enroló como voluntario en el ejército egipcio. En octubre de 1957 creó el movimiento Al Fatah, enfocado al establecimiento de un Estado árabe en Palestina con capital en Cisjordania. El 21 de marzo de 1968, la guerrilla de Arafat logró resistir ante los furiosos ataques de las Fuerzas de Defensa Israelíes (FDI) en la localidad jordana de Al Karameh, episodio que catapultó a Arafat a la política. En 1969 fue elegido presidente del Comité Ejecutivo de la Organización para la Liberación de Palestina (CEOLP). Ese mismo año, Arafat asistió a sus primeras cumbres de los jefes de Estado árabes. El nuevo hombre fuerte de la OLP adquirió una fama mundial.

Su singular estampa de guerrillero panzudo, de barba rala y rasgos faciales desproporcionados, con uniforme verde oliva, ataviado con la kefiah (paño blanquinegro cuadros de la indumentaria tradicional palestina) y formando el signo de la victoria con los dedos, recordaba a iconos revolucionarios como el Che Guevara. En 1974, Arafat se convirtió en el primer representante de un organismo no gubernamental (la OLP) en asistir a una sesión plenaria de la Asamblea General de Naciones Unidas.
A finales de 1988, en el contexto de la I Intifada, Arafat proclamó en Argel el estado palestino independiente. Cuando estalló la Guerra del Golfo, el dirigente palestino se alineó al lado de Sadam Husein, maniobra que despertó la desconfianza occidental hacia su figura.

Arafat era un hombre entregado en cuerpo y alma a una causa política. En 1991, contrajo matrimonio con su secretaria, Suha Tawil, con la que concibió una niña a la que llamaron Zawha. Mujer de mentalidad europea y carácter independiente, Suha nunca fue bien vista por el entorno de Arafat ni por los palestinos. En el año 2000, Suha abandonó a Arafat y se trasladó a París con su hija. Ante la prensa declaró haberse unido “a un mito, a un hombre casado con la revolución palestina”.

El 13 de septiembre de 1993, Arafat y el primer ministro israelí Isaac Rabin acordaron la firma del histórico Acuerdo de Paz de Oriente Próximo, en Washington, bajo el auspicio del presidente estadounidense Bill Clinton. Para Arafat, 1994 sería su año de gloria: en julio entró triunfalmente en Gaza, poniendo fin a 27 años de exilio de Palestina, y prestó juramento en Jericó como presidente de la Autoridad de la Autoridad Nacional Palestina (ANP). En octubre le fue concedido el premio Nobel de la Paz, que compartió con los otros dos forjadores del proceso de Oslo, Isaac Rabin y Simón Peres. En noviembre, Arafat y Rabin recogieron el premio Príncipe de Asturias a la Cooperación Internacional.
Sin embargo, el boicot de los grupos extremistas al proceso de paz se materializaba en forma de atentados terroristas, lo que auguraba serias disensiones en la ANP y serios problemas con Israel.

Los acontecimientos se precipitaron a partir de 1996, con el ascenso al poder del nuevo primer ministro israelí, Binyamin Netanyahu. En 1997 estalló la Segunda Intifada. Un año después, la mediación de EEUU lograba que Israel y Palestina firmaran un acuerdo de paz que no duraría. Las negociaciones con el nuevo primer ministro israelí Ehud Barak en Camp David (Estados Unidos) en el mes de julio de 2000, tampoco consiguieron frenar la crisis. Para entonces, el prestigio internacional del líder de la ANP se hallaba considerablemente mermado. Pese a esto, el 15 de febrero de 2000 Arafat fue recibido por el Papa Juan Pablo II para la firma de un histórico acuerdo con la Santa Sede, por el que la ANP se aseguraba el reconocimiento vaticano de un futuro estado palestino con capital en Jerusalén oriental.
El 28 de septiembre de 2000, el misnitro israelí Ariel Sharon visitó la Explanada de las Mezquitas, en Jerusalén oriental. Su inesperada visita fue concebida por los palestinos como una provocación al Islam. Los disturbios, iniciados ese mismo día en la misma explanada, se extendieron por el conjunto de Cisjordania y de la franja de Gaza.

El 11 de septiembre de 2001, los brutales atentados terroristas islamistas del Worl Trade Center imprimieron un giro decisivo a los acontecimientos. Sharon no desaprovechó la oportunidad de rentabilizar la masacre y presentar a Arafat ante el nuevo presidente de los EEUU, George Bush, como el “Osama bin Laden de Israel” y el “cabeza de una coalición de terroristas”. En diciembre de 2001, Israel confinó a Arafat en Ramala. La rebelión armada de Hamas, la Jihad y las Brigadas de Al Aqsa contra la ocupación israelí se intensificó. Ninguno de los pronunciamientos internacionales a favor de la paz consiguió detener la violencia. Pese a la reiterada oposición de Naciones Unidas, Israel bombardeó repetidamente las ciudades de Cisjordania y Gaza, los campos de refugiados de Nablus, Jenín y Belén y la redidencia de Arafat.

El 24 de junio de 2002, Bush anunció que Estados Unidos condicionaba la creación del Estado palestino a un cambio democrático en la dirección de la ANP. En marzo de 2003 Arafat cedió a las exigencias de la Hoja de Ruta y nombró primer ministro de la ANP a Mahmud Abbas, también conocido como Abú Mazen. El 11 de septiembre de ese mismo año, el Gabinete israelí aprobó un plan para deportar de los territorios palestinos a Arafat. Esa misma noche, un debilitado Arafat arengó a los miles de palestinos que acudieron a la Muqata para impedir un posible asalto de las FDI: “Nadie me cazará. Ésta es una tierra santa y nadie me podrá echar. Podrán matarme con sus bombas, pero no me marcharé”. Pero la salud de Arafat se marchitaba ante los ojos de todos. La naturaleza de la enfermedad del rais fue cubierta de secretismo. En octubre, un desesperado Arafat emitió sus últimas palabras en público: “llamo a todo el mundo a que actúe inmediata y rápidamente para detener este ataque salvaje, criminal e inhumano contra nuestro pueblo”. El 27 de octubre, varios portavoces de la ANP informaron que la salud del rais había experimentado una súbita recaída. Los acontecimientos se precipitaron: Arafat fue trasladado un hospital francés, donde falleció de una misteriosa enfermedad. Aún hoy, no se sabe qué consiguió derrotar al líder más carismático de Palestina.

¿Fue la naturaleza o, como insinúan algunas fuentes, otro de los asesinatos “extrajudiciales” de Israel?.

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