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Winston Churchill

El señor Winston Leonard Spencer Churchill, así es su nombre completo, fue un hombre polifacético de gran trascendencia política que llegó a ser primer ministro británico.

Uno de los artífices del nuevo orden mundial tras la Segunda Guerra Mundial e incluso un maestro del inglés hablado y escrito galardonado con el premio Nobel de Literatura en 1953.

Winston nació en 1874 en el palacio Blenheim Palace (Oxfordshire) propiedad de su abuelo, séptimo duque de Marlborough. Hijo de Lord Randolph Churchill, político que desempeñó dos carteras ministeriales durante el reinado de la reina Victoria, y de la estadounidense Jennie Jerome fue educado en el internado de Harrow. Muchos estudiosos hablan de una infancia ignorado por sus padres a pesar de que él mismo cuente en su autobiografía que era cuidado con mimo por su madre la cual sólo se vería turbada por el ingreso en un internado en Ascot. Posiblemente, el alejamiento de su hogar influyera en sus malas calificaciones y en su conducta rebelde llegando incluso a ser incluido en el grupo de alumnos con menor nivel académico.

El escaso interés por los estudios hace de la Academia Militar de Sandhurst la solución perfecta para ese niño de carácter rebelde; tres veces tuvo que presentarse al examen de ingreso para ser aceptado. Es en esta institución donde Churchill reconoce que experimentó una profunda transformación en su conducta convirtiéndose en un joven disciplinado y trabajador que no tardaría en distinguirse entre sus compañeros. Su buen trabajo le llevaría a ser candidato a engrosar el Cuarto de Húsares, uno de los más famosos regimientos del ejército británico en donde se decía que únicamente tenían acceso los hijos de nobles; una vez dentro combatió en Cuba (donde conoció los placeres del ron, los habanos y la siesta después del almuerzo), la India (en donde hizo uso de sus dotes de escritor y escribió la historia de la Fuerza Expedicionaria de Malakand convirtiéndose en un tremendo éxito popular en la Metrópoli) y en el Sudán.

En 1898, tras su andadura militar, intenta seguir los pasos de su padre una vez y solicita el ingreso en el Partido Conservador a pesar de no ser admitido por lo que decide marchar a Sudáfrica como corresponsal del diario Morning Post en la guerra de los boers. Su destino le llevaría de un desafortunado rapto a un héroe de guerra tras lograr escapar recorriendo cuatrocientos kilómetros, a su regreso a Inglaterra su nombre salía en la primera plana de todos los periódicos.

Un año más tarde, en 1900, ingresa en el Parlamento como diputado del Partido Conservador por la ciudad de Oldham. Es el nacimiento político de una de las figuras claves del siglo XX y, aunque cuatro años después dio un giro político y se afilió al Partido Liberal que en 1906 accedió al poder; fue un político profundamente conservador.
En 1908 se había casado con Clementine Hozier, de la que tuvo tres hijas y un hijo, Randolph.
Churchill parecía estar hecho para la política y en un breve espacio de tiempo se consagró como un político promesa: primero ocupó el cargo de subsecretario de Estado para las Colonias, después presidente del ministerio de Comercio (donde estableció una serie de reformas que significaron el sólido establecimiento de la moderna sociedad del bienestar); también secretario del Interior y, finalmente, primer lord del Almirantazgo (dedicó su esfuerzo a modernizar la armada británica). Es en este momento, en el que ocupaba tan distinguido puesto, cuando le sorprendió el estallido de la Primera Guerra Mundial.

Sus ideas, con respecto a la dirección que debía tomar Inglaterra, le llevaron a defender con férrea tenacidad la campaña de Gallípoli. Del éxito de ésta dependía la continuidad en el cargo de Churchill, en ella se contemplaba apartar a Turquía de la guerra y establecer relaciones entre los aliados occidentales y Rusia pero no pudo ponerse en marcha por la falta de apoyo. En 1916 pasó a servir en el frente occidental como teniente coronel antes de volver a la política como secretario de Estado para la Guerra, cargo que desempeñaba al firmarse el armisticio en noviembre de 1918.

El hecho de que Churchill perdiese su escaño en la Cámara de los Comunes en las siguientes elecciones generales al ser derrotado en el distrito escocés de Dundee, hizo que cambiase de nuevo de partido político, volviéndose a afiliar al Partido Conservador y ocupando un nuevo escaño en los Comunes, esta vez por el distrito de Epping.
En 1924 remontó su carrera con el nombramiento de canciller del Exchequer por el primer ministro conservador, Stanley Baldwin, tomando la controvertida decisión de adoptar el patrón-oro para Inglaterra. A partir de esta medida no logró frenar el creciente malestar en la industria pero sí que provocó el estallido de la huelga general de 1926 en donde el ejército se encargó de la represión de los huelguistas; además de ganarse impopularidad entre las clases trabajadoras, impopularidad que nunca le abandonaría.

Entre los años 1929 y 1939 decidió no desempeñar ningún cargo público y dedicarse a escribir y a la pintura bajo el seudónimo de Charles Morin, cosechando algunas críticas como la de Picasso. Aún alejado de la primera fila política, no abandonó su escaño en el Parlamento en donde expuso sus temores con respecto a la creciente amenaza hitleriana, y la recomendación del polémico rearme con la ya famosa expresión: “Si un perro se abalanza contra mí, le pego un tiro antes de que me muerda”.
En esta empresa se vio casi completamente solo siendo tachado de peligroso belicista siendo, incluso, abucheado en diversas ocasiones en los Comunes. Su postura ante la crisis de la abdicación de 1936 del rey Eduardo VIII (de quien se dice que también tuvo un romance con la propia madre de Churchill) tras casarse con la estadounidense Mrs. Simpson o críticas al acuerdo de Munich, que a duras penas si conseguía evitar el estallido de la guerra en la región de los Sudetes de Checoslovaquia.

Su figura se tornaría trascendental en la Historia cuando, apenas se había iniciado el conflicto el primer ministro, Arthur Neville Chamberlain, le ofreció el mismo cargo que había desempeñado durante la I Guerra Mundial, el de primer lord del Almirantazgo.

En mayo de 1940, tras la dimisión del hasta ahora primer ministro tras el completo desastre de la campaña de Noruega, se atrevió a afirmar que no tenía nada que ofrecer al pueblo británico “excepto sangre, sudor y lágrimas”. El buen hacer consiguió unir al pueblo británico en su esfuerzo de guerra contra Hitler. Y el buen hacer y el estímulo que prodigaba Churchill a partir de una política de resistencia ante la adversidad, como la carencia de alimentos, los ataques alemanes o las muertes en combate permitieron mantener alta la moral del pueblo británico ante la inminente invasión alemana de Inglaterra.
También supo encontrar en la URSS (a pesar de su oposición hacia el comunismo) y en EEUU dos grandes aliados tras ser precipitadas estas dos potencias en la guerra tras la invasión alemana y el ataque a Pearl Harbor, respectivamente. Quedaba ya compuesto el gran triunvirato de líderes que había de llevar la derrota a Alemania, Italia y Japón.

Aquellas personas más cercanas a Winston hablan de un vigoroso e inagotable político que llegaba a dedicar a la dirección del país hasta dieciséis horas diarias, pero parece paradójico el hecho de que, al término de la guerra con Alemania y la disolución de la coalición, Churchill no siguiese siendo primer ministro sino que las elecciones convocadas otorgasen a un partido laborista el gobierno británico. Éste quedaba relegado como líder de la oposición en la época del Telón de Acero (expresión que él mismo acuñó) donde siguió demostrando la gran clase política de la que muchos han hablado.

Estos años que sucedieron a la guerra no terminaron con la carrera política de Churchill y es que en las elecciones de 1951 de nuevo volvería a ocupar el cargo de primer ministro, cargo que sostendría hasta 1955. Simultaneamente Churchill fue un maestro del inglés hablado y escrito. Entre las numerosas obras que escribió desde muy joven destacamos la biografía en tres volúmenes de su antepasado el duque de Marlborough, la historia en seis volúmenes de la II Guerra Mundial (The Second World War, 1948-54) y una historia de los pueblos de habla inglesa (A History of the English Speaking People, 1956-58).

Sería de nuevo reelegido en 1959 pero tras seis años de gobierno rechazaría presentarse a las elecciones de 1964 sintiéndose ya viejo y cansado. La propia reina Isabel II le nombraría Caballero de la Jarretera (título que se le concede a quienes han desempeñado dicho cargo) pero cuando presentó su dimisión a la vez rechazó su nombramiento nobiliario a fin de seguir siendo miembro de la Cámara de los Comunes. Su voz y sus claves políticas aún se seguirían oyendo en la Cámara de los Comunes hasta poco antes de su muerte. En 1963 es condecorado como ciudadano honorario de Estados Unidos, distinción sólo compartida por el marqués de Lafayette.

Dicen que en los últimos años de su vida su estado era fatídico por su afición al alcohol y el sobrepeso. Falleció el 24 de enero de 1965 en Londres a la edad de 90 años siendo recordado como el gobernante británico más trascendental del siglo XX y uno de los políticos más grandes de todos los tiempos.

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...por Carolina Fontanals ...por Carolina Fontanals


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