La definición de este gran invento sostiene que el submarino es “un buque construido para navegar bajo la superficie del agua, aun cuando también puede hacerlo en la superficie de la misma”.
Las primeras noticias que tenemos acerca de la existencia de un artefacto submarino se remontan al siglo XVI cuando Guillermo Bourne, oficial de la armada inglesa, daba a conocer un diseño de un buque submarino elaborado a partir de madera, provisto de un armazón, revestida de cuero a modo aislante para asà mantener la cubierta hermética. Su idea era que, una vez sumergido, debÃa ser propulsado desde el interior por medio de remos y se completaba con un ingenioso ajuste que permitÃa plegar los lados, a modo de fuelle, con el fin de reducir el volumen de la embarcación a fin de pode sumergirla.
La cuestión es que, aunque fue desoÃda dicha propuesta, no serÃa la última vez que se oyese tan alocadas ideas sobre un artefacto submarino en el cual personas pudiesen hacer cierto trayecto personas. Las siguientes noticias relacionadas con dicho invento nos llega de la mano de otro inglés llamado Magnus Pegelius quien intentó llevar a la práctica, aunque sin éxito, la inmersión de otro buque el cual quedó sepultado en el fango del lecho del Támesis tras la primera prueba.
Intento tras intento fallido, esa idea fortuita empezó a tener fundamento y serÃa un médico holandés, Cornelio de Drebel, quien tendrÃa la oportunidad de cumplir con el sueño de ser el primer hombre en navegar en un submarino(1620). El rÃo Támesis fue de nuevo el escenario y Bourne su inspiración; a pesar de su reducida, pero en absoluto dificultosa maniobrabilidad, el aparato fue sumergido a profundidades de hasta de cinco metros.
En un principio el gobierno inglés no pareció mostrar mucha curiosidad por lo que el invento quedarÃa en el olvido hasta que a principios del siglo XVIII renaciese ante el interés que se mostró al ver su aplicación en el campo de la guerra, un interés que llegarÃa a patentar hasta 14 modelos distintos. En esta ocasión el proyecto se habÃa perfeccionado a partir de la introducción de un lastre de agua encerrada en botas hechas con piel de cabra. Es a raÃz del proceso de llenado de dichas bolsas cuando el submarino lograba sumergirse y cuando ascendÃa a la superficie una vez que expulsaba el lÃquido de las bolsas por una válvula situada en el fondo del buque.
La practicidad del invento era más que un hecho pero distintas causas determinaron que dicho proyecto, y a pesar de las progresivas soluciones que se estaban encontrando a distintos problemas que iban surgiendo, no se pusiera inmediatamente en práctica; dificultades referidas a la hidráulica y la mecánica, principalmente, se sumaban a la convicción general de que el submarino jamás llegarÃa a ser un medio práctico de navegación.
SerÃa la inevitable evidencia la que hizo que casi 100 años más tarde la marina inglesa no pudiese evitar introducir el submarino y, aún más concreto, su aplicación en la batalla como un buque de guerra de ataque.
Todos recordamos las diversas pelÃculas el famosos submarino “Nautilus”, el buque sumergible 4 veces superior a todos los que hasta esa época se habÃan probado. Pero hasta su invención nos encontramos con la asombrosa aportación, durante la guerra de la independencia de los EEUU, de un submarino con un único tripulante, David Bushnell, serÃa empleado como arma estratégica contra un objetivo, en este caso era la fragata inglesa Eagle en el mismo puerto de Nueva York. El plan habÃa calculado una acción de ataque bajo la superficie del agua en el que el artefacto submarino colocarÃa una mina rudimentaria en el casco del buque que estallarÃa mediante un detonador de tiempo. El fracaso de la intentona se debió a que el intrépido “dinamitero” lograra acoplar al costado del buque la mina y ésta fue a dar al fondo del mar.
Le debemos a Roberto Fulton (1801) y a sus experimentos en la superficie a partir del acero la aparición del primer submarino; en la parte superior llevaba una escotilla que servÃa como torre de vigÃa; como lastre empleaba agua y su forma ovoide, alargada, se adoptó después en definitiva; para la propulsión en la superficie, iba provisto de un mástil y una vela que se abatÃan antes de la inmersión.
Bajo la superficie, la propulsión se lograba accionando a brazo un mecanismo que hacÃa girar una hélice. Contaba además con un depósito de aire comprimido que servÃa para ir renovando el aire viciado.
No serÃa hasta la segunda mitad del siglo XIX cuando paÃses como España, Francia, Suecia y Rusia se sumasen en la apuesta por este artefacto realizando distintos ensayos con vistas a su aplicación en la guerra.
La idea básica que tenemos de dicho submarino es prácticamente la misma que se aplica en la actualidad en la construcción de submarinos que llevan tanques de lastre. La cuestión es que el empleo de este tipo de buques se ha destinado exclusivamente a las marinas de guerra debido a que son esencialmente unidades de ataque.
La misma Historia nos muestra su valioso poder destructivo como es el caso presenciado durante la Segunda Guerra Mundial cuando los paÃses implicados le dieron un gran protagonismo en las operaciones destinadas a interrumpir el tráfico marÃtimo. A partir de su labor destructiva, muchos buques mercantes fueron echados a pique, vÃctimas de los torpedos disparados por los submarinos y aun llegaron a registrarse hundimientos de grandes acorazados.
Pero no sólo lo encontramos desarrollando labores de tal Ãndole sino que se le ha dado gran utilidad en servicios de vanguardia de una flota, sembrando campos de minas en lugares estratégicos de los mares y océanos, desembarcando patrullas de sabotaje, salvando aviadores caÃdos en el mar y efectuando exploraciones en escenarios tan inverosÃmiles como bajo las gruesas capas de hielo de las regiones polares.
El submarino que conocemos hoy dÃa está dotado de grandes aplicaciones y ello se debe en gran parte al descubrimiento de la electricidad. La falta de un medio de propulsión hacÃa que esta fuente se alzara como candidata primordial para la solución de dicha necesidad la cuestión era ahora el encontrar la forma de aplicarla en el buque submarino; una gran traba que se solucionó a partir del equipamiento con motores eléctricos alimentados por acumuladores (pilas y acumuladores). Éstos, además, tienen un doble fondo y en el espacio intermedio se alojan los depósitos de agua de lastre. Para la inmersión de la nave se llenan estos depósitos con agua del mar y para el ascenso a la superficie se expulsa el agua por medio de aire comprimido.
El interior del submarino está dividido en compartimientos comunicados por puertas que cierran herméticamente y la dirección se gobierna con timones horizontales y verticales. Se instala un periscopio empleado una vez sumergido el submarino, para facilitar la visión de los objetos que están por encima de la superficie del mar. Por lo general suele estar dotado de diez tubos lanzatorpedos (seis a proa y cuatro a popa) con una dotación de 24 torpedos.
El método empleado a la hora de conseguir la propulsión en la superficie es a partir de cuatro motores diesel que en conjunto desarrollan 6.400 c.f y cuatro generadores, cuatro motores eléctricos y dos juegos de acumuladores.
En estos últimos años, y con el mayor aprovechamiento y aplicación de la energÃa atómica, también podemos ver como es empleada en la propulsión de los submarinos. EEUU y la antigua URSS son los abanderados de estos revolucionarios submarinos manteniendo con una fuerte reserva los proyectos de los mismos. Quizás sea el desconocimiento de este nuevo tipo de energÃa y su aplicación en un arma de guerra lo que a muchos de nosotros nos hace pensar en que el submarino se ha convertido en el arma más mortÃfera de la Historia.

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El submarino es un elemento bélico por antonomasia y sin el la II Guerra Mundial hubiera sido muy diferente.
El paÃs que domine en el terreno de los submarinos será aquel que tendrá la supremacÃa de los mares. La importancia de los submarinos es capital.
Hoy en dÃa es impensable intentar dominar estratégicamente los océanos sin disponer de una buena flota de submarinos que respalden la empresa.