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Responsabilidades tras Pearl Harbor

Muy prolífera ha sido la bibliografía publicada sobre el ataque a la base estadounidense de Pearl Harbor y un tanto más en la que se ha intentado encontrar el factor o factores responsables de uno de los desastres más emblemáticos de la Historia a causa de las dimensiones y consecuencias militares que conllevó.

El máximo interés se centra en encontrar respuestas coherentes a incógnitas tales como si envió Washington o no envió la información requerida sobre la situación en la que se encontraba la base o si el mando norteamericano de Hawaii hizo un uso adecuado de aquellos informes, una vez en sus manos, y de su propio equipo militar. Un razonamiento muy en boga es el que se centra en las deficiencias inherentes a la naturaleza humana ya que fueron las mismas las que en realidad impidieron prevenir el desastre del 7 de diciembre de 1941.

Aún así, para muchos estudiosos y aficionados a este capítulo bélico de la Historia del siglo XX resulta inaudito que una fuerza militar como era la estadounidense sucumbiera a un ataque aparentemente tan fortuito y , con más razón, al circular en años sucesivos documentos que al desclasificarse nos mostraran la existencia de cinco oportunidades desperdiciadas para evitar tal desastre.

Hoy estos “cinco pecados capitales” cometidos por los estadounidenses nos ayudan a continuar con la labor revisionista que muchos historiadores han iniciado de la Historia en pos de contar la verdadera y más exacta versión, abandonando aquella contada por los vencedores. En este caso, 5 apuntes interesantes que nos abre las puertas de una nueva de ver el auténtico ataque japonés a Pearl Harbor.

La Primera podemos encontrarla en la víspera del ataque, a las seis y media de la tarde cuando el mando de la flota nipona se encontraba a ochocientos kilómetros de Honolulu. El FBI intercepta una llamada realizada desde Tokio a un japonés que estaba en la isla de Honolulu. En la conversación se desarrolla una sencilla conversación sobre aviones, reflectores, barcos, el tiempo y sobre flores. “En la actualidad las plantas florecen menos que en cualquier otra época del año; sin embargo, los hibiscos y las flores de pascua se han abierto ya”.

Estaba muy claro que la conversación empleaba un lenguaje codificado en el que se ofrecía información desde Honolulu a la Fuerza Combinada japonesa en Tokio sobre datos de interés para el ataque sorpresa planeado para su ejecución en horas; la cuestión es, ¿por qué emplearon un método de espionaje tan sencillo? ¿por qué emplear el teléfono para dar tal información? La posibilidad de ser interceptada esta conversación y su descodificación era realmente alta ¿ era el ataque algo tan inminente e inevitable que los propios japoneses abusaron de la confianza que habían puesto en su fuerza y en su táctica?

Lo realmente increíble es que los estadounidenses no le dieron importancia debido a lo evidente que resultaba este mensaje y permanecieron en un compás de espera.

Una segunda oportunidad la encontramos a las tres y cuarenta y dos de la mañana siguiente. A cuatrocientos cincuenta kilómetros de distancia un dragaminas estadounidense denominado ” Cóndor” divisaba un periscopio cerca de la entrada de la base estadounidense de Pearl Harbor. El hecho era evidentemente importante por lo que no se tardó en comunicar. Fue el destructor “Ward” quien patrullaba en esa zona y fue el mismo el encargado de hacerse partícipe del avistamiento, inmediatamente se dirigió sin demora hacia la zona realizando una inspección profunda en la zona sin resultado alguno.

Se suponía que el periscopio pertenecía a uno de los microsubmarinos japoneses que cooperaban con el ataque aéreo; tras no encontrase nada al huir éste rápidamete tanto el “Cóndor” como el “Ward” restarían, por separado, importancia al hecho omitiendo la información creyéndola una equivocación,¡otra oportunidad perdida!

La tercera ocasión llegaría a las siete menos cuarto de la mañana, la flota japonesa se encontraba a doscientos noventa kilómetros cuando el destructor “Ward” continuaba en la zona patrullando. De repente, la torre de mando de un submarino extranjero emergió frente a la base. Sin demora se dirigió sobre él a toda velocidad cargando contra él bombas de profundidad junto a un avión de la armada.

Tras comprobar que lo habían hundido, enviaron varios radiogramas a las bases de la costa avisando sobre lo que había pasado pero la noticia conllevó dudas sobre si había sido cierto o simplemente era una simple boya. La cuarta oportunidad se presentó cuando la flota japonesa se encontraba ya a doscientos veinte kilómetros de la base. Siete aviones nipones se dirigían hacia la base cuando dos soldados norteamericanos en la estación de radar de Opana descubrieron en la pantalla una enorme mancha que se iba acercando hacia la base. ¿Se habría roto? El centro de información recibía la consabida llamada anunciando el descubrimiento pero con la mala suerte de encontrarse de guardia un recién oficial inexperto quien desaprovechó una nueva oportunidad concluyendo que eran aviones propios.

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...por Carolina Fontanals ...por Carolina Fontanals


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