La mayoría de los inventos se descubren de una forma casual y éste no iba a ser la excepción, pero no es muy común denominar al invento como X y menos motivado por el hecho de que su inventor no tuviese idea de la naturaleza exacta de lo que acaba de descubrir.
El descubrimiento de los rayos X en el siglo XIX no habría sido posible sino se hubiese estudiado hasta la saciedad el magnetismo y de la electricidad durante algo más de dos siglos ya que la radiación se constituye, en definitiva, tras una combinación de energía eléctrica y magnética. Uno de los iniciadores de este complejo hallazgo fue el químico y físico británico William Crookes quien, a partir del descubrimiento de la emisión de una serie de relámpagos violáceos en una especie de ampolla de cristal, fue capaz de iluminar unos frascos de sales de bario colocados uno junto al otro; el efecto era algo extraordinario pero el hecho de que el tubo estuviese envuelto en papel negro y separado del frasco por varias planchas de madera y unos gruesos libros era algo inaudito.
Fue en el año 1895 cuando el matrimonio Roentgen practicaba con sus propias manos lo que supondría un extraordinario experimento. La finalidad era estudiar el comportamiento de los electrones emitidos o la larga exposición a la radiación de un tubo de Crookes (los rayos catódicos) y lo que hacía de este ensayo algo genuino era que en este proceso se colocaba debajo una placa de fotografía resultando la primera radiografía de la historia.
De repente, una leve onda de radiación ionizante penetraba los tejidos humanos para revelar la sombra de los huesos, algo inaudito hasta la fecha. La noticia se extendió como la pólvora y pronto todos los científicos del mundo supieron de la existencia de aquella misteriosa “luz” que veía dentro de un cuerpo humano viviente.
Roentgen nunca patentó ni recibió alguna ganancia material por los muchos descubrimientos y aplicaciones que provinieron de su descubrimiento pero el mundo y la comunidad científica supo darle el reconocimiento que él, en un principio, había renunciado en 1901 cuando recibió el primer Premio Novel de Física.
Los médicos, intrigados por lo que podrían revelar aquellos nuevos rayos de los que tanto se hablaba, llenaron las publicaciones de imágenes de cuerpos extraños, huesos fracturados y otras rarezas y anomalías.
En Francia, los señores Lenard y Roentgen al escuchar las noticias de los rayos X, decidieron investigar de inmediato si también los cuerpos fosforescentes emitirían rayos similares. Antoine Becquerel y Marie y Pierre Curie buscaban otras fuentes de radiación; Emil Grubbe, de Chicago, experimentaba con los Rayos X para destruir células cancerosas y trataba enfermedades de la piel.
En febrero de 1896 el profesor Wihelm Koenig, en Fransksfurth, fue conejillo de indias al intentar hacer catorce radiografías de sus molares; su objetivo no era más que obtener aquella información nada desdeñable acerca de los tejidos profundos no visibles a primera vista. Hoy es posible gracias a estos arriesgados experimentos.
Durante decenios de años se practicó la radiografía de una forma desordenada , caótica y sin ninguna medida de seguridad, y es un hecho innegable que durante los primeros años de experiencia, numerosos radiólogos perderían sus manos por ello, demostrando los efectos perversos de la radiación.
El sistema ya mencionado del científico Crookes fue sustituido por otro tubo, el de Coolidge, en el que el vacío era total. Dentro de él los electrones liberados por un cátodo golpeaban contra un obstáculo, una placa de tungsteno, produciendo una temperatura de varios millones de grados además de la consabida radiación.
Unos meses después del descubrimiento de los rayos X se crearon los primeros tubos de rayos X con finalidad médica y mas tarde en la guerra de Sudán de 1897, se utilizaron los primeros sistemas de visualización portátil.
Los éxitos de la radioterapia fueron seguidos por aplicaciones para una variedad de enfermedades, pocos años después los bisturís y las sierras dieron paso a extrañas máquinas eléctricas que se utilizaban, a pesar del terror que provocaba a los pacientes, con escasas precauciones derivadas del escaso conocimiento de los peligros que acompañan a las radiaciones.
Al comienzo del siglo XX, el instrumental médico, hasta ese entonces dominado por bisturís y sierras, había cedido su lugar a extrañas máquinas eléctricas. Se sabía que los rayos X tenían una serie de propiedades que la hacían única, en primer lugar, su capacidad para causar fluorescencia en ciertas substancias; en segundo lugar, su capacidad de atravesar el cuerpo humano, tanto mas fácilmente cuanto más penetrantes son ( mas alto voltaje ); en tercer lugar, su capacidad para formar una imagen latente en la emulsión de la película; en cuarto lugar, el hecho de que existiesen efectos biológicos que se utilizan en radioterapia.
Además, los rayos X también son invisibles y no se pueden detectar con ninguno de los sentidos, no tienen masa ni peso, viajan a la velocidad luz. (300,000 km/seg), no tienen ningún tipo de carga, viajan en líneas rectas y se pueden desviar o dispersar; viajan en ondas y tienen longitudes de onda corta con una frecuencia alta; y, la cualidad empleada por la oncología, pueden causar cambios biológicos en las células vivas.
Tras la invención de los rayos X, el siguiente invento revolucionario de la historia de las observaciones radiológicas era el escáner. Una de las grandes limitaciones de las placas de la radiografía era que éstas ofrecían una visión bidimensional de un objeto tridimensional, a partir de la aplicación de los rayos X en el escáner se obtuvo una visión tridimensional. La impresión del rayo no es recogida por una placa sensible o un amplificador de brillantes, sino a través de un detector fotoeléctrico que transforma directamente la energía X en una corriente eléctrica; de tal modo se logra limitar las radiaciones ya que la adquisición de la imagen de la pantalla no necesita sino algunos segundos.
En el escáner, los detectores fotoeléctricos son de pequeñas dimensiones y, por lo tanto, captan imágenes de áreas reducidas aunque en capas sucesivas pero se necesita una reconstrucción informática ya que el número de capas debe ser mayor y el tiempo de exposición a los rayos aumenta por otro lado.
Sería 1901 cuando se publicaron los enunciados de los efectos negativos del uso de los rayos X en el hombre lo que provocó un aumento de los estudios de la precaución y buen empleo de los rayos de forma que únicamente se obtuviese resultados positivos y beneficiosos para con la Humanidad.

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Posiblemente no le demos la importancia que tiene pero sin el descubrimiento de los rayos X parte de los instrumentos modernos no existiría.
No olvidar la importancia que tiene los rayos X, por ejemplo, en la medicina que se aplica en un gran número de casos.