Al igual que en el Titanic, en el ataque a Pearl Harbor los minutos resultaron cruciales para el desenlace de los acontecimientos.
A las 10.30 de la mañana del domingo dÃa 14 de abril de 1912, Edward J. Smith, el capitán del Titanic, se encontraba en el salón-comedor de primera clase asistiendo a un servicio religioso. Nada hacÃa presagiar lo que horas más tarde se ha calificado como una de las catástrofes que más ha marcado a la sociedad y a la Historia del siglo XX.
Ya pasadas las 7.30 de la tarde habÃa dado comienzo a una fiesta en el restaurante “a la carta” en honor del 62 cumpleaños del capitán y del anuncio de ser ese viaje con el Titánic el último de su carrera ya que pensaba solicitar el retiro. A pocas millas del trasatlántico navegaba el vapor Californian, el cual habÃa navegado por aquellas aguas programadas en el itinerario del Titánic. A encontrar evidencias de la presencia de grandes témpanos en aquella zona no dudó en telegrafiar en varias ocasiones (llegando hasta siete) informando sobre la desfavorable situación para aquel buque de placer.
A las 9 de la noche serÃa informado el capitán Smith no llegó a recibir este mensaje quién, dirigiéndose al puente, comentó las incidencias con el segundo oficial abordo, el señor Charles H. Lighttoller. Inmediatamente el capitán se retira a su camarote sin antes advertir de la exigencia de ser informado en todo momento del cambio de la situación.
Como hemos podido comprobar a través de la lectura, el Titanic no adoptó ninguna medida de precaución tras el cable y tampoco se harÃa en las últimas horas cuando ya se habÃan recibido seis telegramas, cinco para el capitán y otro para el radiotelegrafista.
A las 23.40 de la noche del domingo, el agua estaba en calma y la noche, a pesar del frÃo, era clara. A poca distancia el vigÃa Fleet darÃa cuenta reiteradamente por radio de la existencia de un gran iceberg a muy poca distancia de la proa. Alarma que no serÃa tomada en cuenta ya que concluyeron que tal témpano resultaba ser en realidad un poco de neblina sobre la superficie del océano. En cuestión de minutos la incierta neblina se tornarÃa en un pavoroso bloque de hielo de más de 60 m de altura. La maniobra empleada para evitar la colisión no resultó ser nada acertada y pronto el casco recibió una brecha de 100 metros de longitud. A partir del incidente los minutos serÃan decisivos; el pasaje fue informado de lo sucedido pero procurando restarle importancia a lo sucedido y restando gravedad a lo ocurrido.
A la 01:30 de la madrugada, la proa está sobrecargada de agua a causa de la enorme brecha abierta en el casco. Son las 02:10 y toda la popa está bajo el agua. La estructura empieza a doblarse un poco y ya no queda ningún botes salvavidas a bordo.
A las 02:20 El Titanic cede y la tragedia se ha consumado ante la atónita mirada de un gran número de buques quienes, tras captar las angustiosas llamadas de socorro, se acercaban al lugar a toda máquina.
Son las 6:30 de la tarde de la vÃspera del ataque a la base de Pearl Harbor. Tras la escucha de las conversaciones enemigas mantenidas entre distintos puntos del PacÃfico, es interceptada una llamada cuya conversación se desarrolla una sencilla conversación sobre flores que oculta información sobre aviones, reflectores, barcos, la situación metereológica que tienen en la base estadounidense. A simplicidad del mensaje y el hecho de emplear tal medio de comunicación como es el teléfono restó importancia al suceso permaneciendo a la espera de nuevas evidencias.
A las 3:42 de la mañana siguiente es divisado un periscopio de un mini submarino en la entrada de la base; su descubridor, el “Cóndor” un dragaminas estadounidense no tardó en comunicar el hecho al destructor “Ward” quien patrullaba por la zona. Al no encontrar vestigio alguno de la presencia del mismo restarÃan importancia al hecho omitiendo la información creyéndola una confusión.
6:45, de nuevo el destructor “Ward” avista la torre de mando de un submarino extranjero emergiendo frente a la base y se dirige sin pausa hacia el objetivo cargando sobre el mismo toda su artillerÃa. Tras creer haberlo hundido se notifica a las bases de las costas sobre el suceso. ¿pero y si fuera una boya en lugar de un peligro tan inminente?
Ya a las 7:00 de la mañana las evidencias se iban sumando alarmantemente a pesar de la ignorancia norteamericana. Centenares de aviones nipones se acercaban a la base cuando fueron detectados en la estación de radar de Opana, la incredulidad de sus operarios junto al abuso de confianza del oficial de guardia hizo que se omitiese esta nueva señal , abriendo paso al enemigo.
7:40 de la mañana, en la oficina telegráfica de la RCA de Honolulu se recibe un mensaje de suma importancia anunciando el grave peligro que deparaba a la base. Ante tal información la respuesta no se harÃa esperar e inmediatamente el oficial redactó un mensaje enviándolo por cable comercial eliminando cualquier otro medio de comunicación tachándolo de inseguro e inapropiado ante tal situación.
Ya pasadas las 9:00 de la mañana el cable llegaba a su destino pero ya se podÃa ver alzarse las espesas nubes de humo negro sobre Pearl Harbor, ya habÃa empezado el ataque.
Siempre se ha dicho que el tiempo es oro pero en ambos sucesos nos encontramos con numerosas buenas razones para reafirmarlo. La pérdida de tantas oportunidades con intervalos de tiempo tan reducidos favoreció el éxito de un plan elaborado por los japoneses puesto en marcha a partir de un exhaustivo planeamiento al detalle; y del progresivo e inevitable acercamiento del buque de lujo hacia el famoso iceberg.

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