La isla Oahu (pertenecientes a las islas Hawai) alberga una de las bases más emblemáticas de la Historia: Pearl Harbor.
El interés de Japón por dicha localización tuvo su origen en la anexión de las islas Hawai por los Estados Unidos en 1898, tras ser considerada por los propios estadounidenses como importante base naval en el PacÃfico.
Al alzarse como uno de los enclaves geoestratégicos por excelencia, y a partir de sus favorables condiciones naturales de un puerto convenientemente situado y adecuado al despliegue estratégico de la marina de guerra, no tardarÃa también en tornarse objeto de deseo del imperio nipón.
Japón, pobre en sus recursos, inicia una empresa hacia el Sur basada en la ampliación de su área de influencia sobre Asia Oriental y el PacÃfico en busca de materias primas; Pearl Harbor suponÃa un enclave avanzado de importante utilidad en el comercio marÃtimo y militarmente hablando. Asà empezarÃa a madurar la idea de atacar la base estadounidense, idea que se pondrÃa en marcha con admirable prontitud por lo que, con suficiente antelación, los japoneses se encontraron con multitud de información procedente de los servicios de espionaje destinados en las islas. Esta indagación contenÃa descripciones topográficas, cartas de las aguas hawaianas, detalles sobre las instalaciones navales, periodicidad de movimientos de los buques, y los procedimientos habituales de relevos de las tripulaciones y permisos de éstas durante la estancia de los buques en puerto. La convicción de librar una guerra en el océano PacÃfico con los Estados Unidos traerÃa como consecuencia una paz negociada que le dejase campo abierto en el este de Asia ya que los norteamericanos se darÃan cuenta de la inutilidad de continuar la lucha y el conflicto terminarÃa relativamente pronto. Una vez comprobado que la Flota estadounidense únicamente estaba estacionada en Pearl Harbor para fines de adiestramiento de tal forma que, a partir de la misma, pudiesen predecir qué, cuando y cómo se realizarÃa. El éxito de la operación dependÃa en gran parte del factor sorpresa es por ello por lo que se concibió el denominado plan Z.
Los estadounidenses no daban crédito de los rumores existentes sobre el posible ataque a Pearl Harbor en el caso de que fracasaran las negociaciones ya que consideraban que el rumor era bastante fantástico para ser tenido en cuenta. La realidad era que Japón era una nación en potencia y que los japoneses estaban cada vez más convencidos que nunca del éxito de su campaña; es por ello por lo que, un 26 de noviembre de 1941 y poco antes del amanecer, la fuerza encargada de dejar fuera de combate a la Flota estadounidense del PacÃfico y conquistar el sudeste asiático se reunirÃa en secreto en la bahÃa de Tankan (en las islas Kuriles). En el aire, los disciplinados y entrenados pilotos nipones ya lucÃan el hashimaki, el pañuelo atado a la cabeza que significaba que estaba listos para morir.
A las 06:15 horas del 7 diciembre en Hawai, y a pesar de no haber finalizado las negociaciones entre los diplomáticos de ambos paÃses, la flota aérea japonesa navegaba implacable hacia su presa entre la niebla, la cual le proporcionaba el camuflaje perfecto a la hora de cumplir con el deseo sorpresa. La mayor concentración de aviones conocido en la Historia de la guerra concentrarÃa sus ataques sobre los acorazados norteamericanos. TodavÃa se consideraba que los acorazados eran la espina dorsal de las flotas y que su destrucción producirÃa mayor catástrofe para los norteamericanos, a pesar de que se sabÃa que los portaaviones eran superiores como unidades de ataque, un error más tarde insalvable.
Si se comprobaba en un primer reconocimiento que el ataque se producirÃa bajo una sorpresa total, los aviones torpederos, bajo el mando del oficial Murata, atacarÃan primero, seguirÃan los bombarderos bajo el mando del capitán Fuchida, y los bombarderos en picado se las agenciarÃan con las bases aéreas de Hicakam Field y la isla de Ford. Si, por el contrario, se constataba que los norteamericanos estaban alertados los bombarderos en picado del oficial Takashashi entrarÃan primero en acción y los del capitán Fuchida bombardearÃan los cañones antiaéreos. Finalmente, se preveÃa que, con la confusión que se producirÃa, los aviones torpederos atacarÃan a los buques de guerra del puerto.
Una bengala indicarÃa el ataque por sorpresa y dos, el segundo plan se pondrÃa en marcha. Eran las 07:40 de la mañana de domingo y a diez mil pies por debajo de los zeros japoneses se divisaban como en los aeródromos estadounidenses se encontraban todos los aviones de caza y bombarderos en filas y que en el puerto no habÃa señales de humos en las chimeneas de los buques. 07:49 Al grito de TO, TO, TO , (¡a la carga!), los japoneses veÃan el camino abierto. ¡TORA, TORA, TORA! A las 07:55 se marcarÃa el inicio de la traición japonesa, era aquel domingo que pasarÃa a la historia como dÃa de la infamia.
El ataque que se llevaba a efecto se programó para una duración de diez minutos y existÃan dos planes para llevarlo a cabo. Minutos cruciales que no salvarÃan de la catástrofe a los siete acorazados amarrados a lo largo del muelle sur de la isla de Ford, los cuales quedaron dañados por la acción de la primera oleada atacante de Fuchida. Cuatro de ellos estaban amarrados juntos, y por parejas, y sólo los que quedaron junto al muelle, el Maryland y el Tenesse, se libraron de ser torpedeados. El único acorazado que logró salà al mar fue el veterano Nevada concentrando su artillerÃa aérea en la masa metálica que sobrevolaba descaradamente sobre la base estadounidense.
Entre el primer ataque y el segundo la marea japonesa dio una pequeña tregua que los norteamericanos aprovecharon disparando afanosamente y con determinación todos aquellos cañones disponibles desde los buques y desde tierra, de forma que pudieran repeler de alguna forma el ataque. Pero el triunfo de los japoneses ya era más que una realidad. Los resultados obtenidos eran los previstos, Pearl Harbor estaba aparentemente desmantelado y cubierto bajo una espesa capa de humo de destrucción.
A la 13:10 se izó la señal de regreso en el portaaviones Akagi y Japón ya podÃa correr por el PacÃfico conquista tras conquista mientras los estadounidense se avergonzaban de tal derrota. Las causas contributivas al éxito de la operación por parte de Japón se debieron en gran parte a las presunciones sin fundamento, apreciación deficiente y diseminación del servicio de información, las inadecuadas medidas de seguridad, a la falta de conciencia de guerra y a la exitosa técnica nipona en el aire brillantemente puesta en marcha.
A pesar de ser estudiado este ataque como una lección de guerra y lejos de lograr una completa victoria podemos hablar de un momento de éxito que se tornarÃa, en un futuro no muy lejano, en un error polÃtico. Varias fueron las oportunidades perdidas por el imperio nipón y, con el tiempo, el dejar intactos los portaaviones destacados en la base y el no llevar a cabo un tercer y definitivo ataque que como consecuencia inhabilitase la base y no permitiese el renacimiento de la flota estadounidense del PacÃfico de entre sus cenizas; asà lo demostrarÃa.

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El ateque a Pearl Harbor fue a traición, por la espalda se golpeó a Estados Unidos en uno de los puntos que más dolÃa.
Pienso que Japón se vio obligado a aniquilar la flota americana del pacÃfico si no querÃa tener a un enemigo demasiado granda y peligroso tan cerca de casa.