El mundo está en guerra. Las tropas alemanas invaden, uno a uno, países europeos y nada ni nadie parece detenerlas.
En medio del terror y la penuria que subyugaba a los habitantes del campo de concentración más famoso de la Historia, Auschwitz, el rabino Isaac Hintermayer parecía predecir la herencia que dejaría tan malignos planes: “Nadie ganará con nuestra muerte y con el criminal Holocausto, la historia tendrá que hacer justicia por el genocidio cometido contra el pueblo judío”.
Corría el año 1943 cuando el yugo alemán doblegaba una gran parte de Europa, millones de judíos eran exterminados siendo antes despojados de cualquier pertenencia de valor que pasarían a ser almacenadas o fundidas en lingotes dando al gobierno alemán la oportunidad de acumular un importante depósito que permitiese a la Alemania nazi sufragar los gastos de la contienda y modernizar su armamento militar, por un lado, y la seguridad de poder hacer renacer el partido nazi en Sudamérica en caso de una hipotética derrota, por el otro.
Lingotes con el sello alemán y valorados en millones de francos eran transportados en camiones con colores helvéticos desde un punto de Europa hacia otro e incluso cruzaba el charco como se ha podido saber a través del descubrimiento de lingotes alemanes que lucían el sello del “Imperial Mint” de la ciudad de Osaka en bancos argentinos; éstos, presumiblemente, provenían “de las adquiridas al Banco del Japón”, como ha quedado escrupulosamente anotado en los libros sobrevivientes del Gran Tesoro.
Toda esta operación estaba perfectamente urdida y, de tal forma, se organizó con auténtica visión de futuro.
Durante todos estos años han sido principalmente los intereses económicos y políticos los que impusieron el silencio de las naciones implicadas hasta que la tan ansiada justicia histórica y una ley de libertad de información de la legislación norteamericana hiciesen que viese la luz el informe, hasta ahora secreto, “Actividades objetables de Suiza en representación de los nazis y del III Reich” (en manos del Archivo Nacional de EEUU). El nuevo milenio y la ardua labor realizada por el Congreso Mundial Judío, las victimas del Holocausto y algunos historiadores rescató de las tinieblas en las olvidadas bóvedas pertenecientes a los más importantes bancos suizos infinidad de tesoros acumulados por los nazis a partir de interminables recuerdos inconclusos como el oro de una alianza, la funda de una muela, la caja de un reloj de pulsera e innumerables pequeños objetos fundidos en lingotes de oro tras ser sustraídos a la comunidad judía durante la Segunda Guerra Mundial.
Las denominadas cuentas durmientes en las “lavanderías suizas“ albergaban todo aquel oro judío y quedaba latente en las arcas suizas en cuentas bajo nombres y claves falsas; la eterna sospecha ha llevado a una serie de investigaciones desvelando datos que apuntan a que la presumible neutralidad Suiza no fuera tal ya que el ecuánime país realmente estuvo directamente implicados en el tráfico del oro nazi por encargo de los nazis. El trofeo de guerra a partir de la consternación vivida no sólo pareció repartirse entre alemanes y suizos sino que fueron varios países los que se vieron implicados en esta operación; Portugal, Turquía, Suecia, Argentina, España y hasta el propio Vaticano aceptaron el oro nazi como pago a su servicios ya que les ayudaba a resolver sus penosas situaciones financieras.
La Cumbre de oro celebrada en la ciudad de Londres fue uno de los aspectos determinantes, a partir de la creación de un fondo de solidaridad para las víctimas del Holocausto, para hacer de este asunto un caso de carácter internacional.
Ciertamente, la ruptura de este secreto bancario ha sido una de las pruebas más difíciles para la justicia; hasta la fecha la banca suiza había hecho oídos sordos a las distintas peticiones de apertura de sus bóvedas y a una mayor transparencia, la investigación llevada a través de las supuestas rutas donde se condujo dicho oro y el apoyo conjunto ha dejado de lado las especulaciones y ha ofrecido desvelamientos que demuestran la deuda histórica que muchos países europeos y americanos tienen con las víctimas del horror nazi y sus familias.
Algunos países que se auto proclamaron neutrales durante la segunda conflagración mundial como España, Portugal, Argentina, Suecia, Canadá y por supuesto Vaticano, asumieron el papel de desagüe para todo aquel oro robado.
En el caso particular de la España fue realmente determinante ya que durante el gobierno de Franco nuestras fronteras contribuyeron con el suministro de materiales estratégicos a la Alemania nazi llegando el oro judío como sistema de pago. Tras la guerra, España se las arregló para entregar sólo una mínima parte de aquel botín y Washington perdonó la maniobra a cambio de la apertura de bases militares en nuestro país.
La negociación no fue del todo convincente para los estadounidenses ya que parecía hacer aguas y es que, a raíz de este trato, España pasó a ser lo que muchos estudiosos han calificado como un paraíso para importantes personajes nazis y sus capitales ya que nuestras fronteras han dado cobijo a un gran número de criminales nazis reclamados por distintos países: Otto Remer, jefe de seguridad de Hitler; Hauke Bert Pattist Joustra, de 77 años, perteneciente a la SS y residente en Oviedo desde 1956; Wolfgang Jugler, escolta de Hitler vive en Marbella; Aribert Heim, médico del campo de concentración de Mauthaussen está refugiado en Alicante desde hace años; Gerd Honsik, neonazi austríaco afincado en Barcelona, y otros muchos repartidos por nuestra geografía, hicieron uso de la diplomacia franquista para esquivar a la justicia internacional y encontrar un lugar seguro para pasar sus últimos días.
Aquellos que no quisieron hacer de nuestra amistosa, afable nación su hogar pasaron en algún momento por algún punto de nuestra geografía ya que España también funcionó como punto central de evasiones nazis a Sudamérica, principalmente a Argentina. Lo realmente paradójico es que paralelamente al exilio nazi también utilizaron esta red nazi-vaticana víctimas judías del Holocausto en su huída desesperada.
No debemos olvidar que también existen cuentas de menor importancia abiertas por otros bancos extranjeros con oro nazi, el De Javasche Bank de Batavia, el Banque Cantonale de Zurich, el Banque Federale SA de Ginebra, la Union de Banques Suisses, la Societé de Banques Suisse y el Banco Central de Chile. Asimismo, un total de 16 empresas e individuos extranjeros de Amsterdam, Santiago de Chile, Ginebra, Alemania, Panamá, Montevideo, Tangiers, Zurich y Madrid depositaron barras de oro en la Argentina durante la guerra.
Un ejemplo muy conocido es del notorio magnate austríaco Fritz Mandl, un fabricante de municiones que escapó la anexión de su país por Hitler al principio de la guerra, trayendo consigo 40 barras de oro que depositó “en custodia” en el Banco Central en 1939. A raíz de estas acusaciones, Mandl fue arrestado y estuvo a punto de ser entregado a Estados Unidos para su extradición al finalizar la guerra. Finalmente habría llegado a un acuerdo por el cual, a cambio de una generosa contribución a la campaña política del Coronel Juan Perón, se le permitió continuar en la Argentina.
Este hecho era algo muy común como así apuntan los testimonios de la colectividad alemana quienes afirman que efectivamente este método fue aplicado en el caso de varios empresarios germanos en la mira de Washington que así se convirtieron en forzados financistas de la primera hora del peronismo.
El caso del oro argentino fue el más anunciado, en agosto 1942 se sabía que el Banco Central atesoraba 120 barras de oro propias y que al finalizar la guerra la cifra ascendería a casi 4,500. Dos años más tarde 23.654 lingotes deslumbraban las paredes de las bóvedas donde se almacenaban. El hecho de que paulatinamente esta desorbitante cifra menguase parece apuntar a los vaivenes de la economía argentina.
No es imposible el hecho de que EEUU también fuese partícipe de estos díscolos lingotes ya que, a partir de 1959, con el inicio de la Guerra Fría, recibe también a toda la colonia intelectual nazi que acaba siendo colocada en las mejores universidades del país. Como el país democrático del que presume ser logra que, al cabo de un año, fuesen nacionalizados como ciudadanos americanos.
La llegada a Alemania Occidental en 1972 de miles de ex nazis ahora grandes personajes intelectuales con doble nacionalidad y felizmente casados con americanas: Klaus Hintermann, Goddy Nieffeld, nos hace pensar que los mismos juicios de Nüremberg fueron realmente obra de un plan pactado secretamente en donde americanos, británicos y soviéticos tramaron algo más de lo que se difundió, de administrar un castigo ejemplar a los vencidos nazis; mientras en el dinero continuaba despareciendo de bancos suizos y vaticanos.
Nos gustaría mostrar al lector una de las acusaciones más graves realizadas por las víctimas del Holocausto:
“El Vaticano siempre quiso ser la primera potencia a nivel político se tuvo que conformar con ser la primera potencia a nivel espiritual, que no es poco”
El silencio del mismísimo Vaticano y del Papa Pío XII durante el exterminio judío y con ello haber servido de apoyo al régimen de Hitler ha sido uno de los pecados fundamentales que han secundado esta reivindicación de la que venimos haciendo eco en todo el artículo. Muchos partidarios de la Iglesia hablan de una leyenda negra pero lo que si es completamente cierto es que la ansiada necesidad por ser la primera potencia a nivel mundial y espiritual llevó al Vaticano a afrontar el pésimo momento por el que estaba pasando durante la guerra a partir de su efervescente diplomacia y la colaboración con Hitler de la que muchos otras naciones hacían alarde prometía mucho poder y riqueza.
Para investigar a este y todos los demás casos en la recepción del oro nazi y su colaboración con el régimen dictatorial muchos de aquellos países acusados han querido sumarse a la colaboración abriendo en una investigación paralela mediante distintas fórmulas con la finalidad de llegar hasta el final. En el caso de España se creó una comisión de expertos formada por historiadores, economistas y presidida por el diputado socialista Enrique Múgica; la fórmula de Suiza era la Fundación cuya investigación no ha podido certificar que realmente esas fortunas suecas ocultasen “oro nazi” ya que toda la documentación complementaria al mero registro de entradas y salidas ha sido destruida. Mientras, otros estados como el sueco simplemente abre los archivos de una de las familias más tradicionales y poderosas durante el conflicto con el fin de despejar cualquier duda de su participación en la guerra.
Pero lo que no debemos olvidar es que, en la actualidad, los bancos más poderosos pertenecen a capitales judíos por lo que es indiscutible que la contienda entre judíos y Bancos será ardua y muy productiva pero que en algún momento llegará hasta el final.

Enlaces Patrocinados:
Otros Reportajes:
Periodismo: El cuarto poder »
El nazismo: En busca de una raza superior »




Estás en:


Estás en:
MundoHistoria | La historia de... | Oro nazi: Las cuentas durmientes

