Una de las fuentes documentales más interesantes en la reconstrucción de la Historia es, Sin lugar a dudas, la moneda.
A partir del estudio de sus caras (anverso y reverso) es posible obtener una incalculable información acerca del pueblo y una parte de la vida del pueblo que las acuñó.
Aspectos como el material y la técnica empleada, las efigies y las leyendas en ellas representadas… se han convertido para el estudioso en ricas fuentes de las que extraer abundante información referida, por poner un ejemplo, el grado de evolución de cada pueblo. Pero realmente ¿cuándo podemos hablar del nacimiento de la primera moneda?.
Se sabe que hasta la acuñación de la primera moneda, los intercambios se realizaban mediante el trueque quedando el oro, la plata y el bronce relegados a meras mercancÃas que se cambiaban al peso por otras. Según los historiadores, su nacimiento tuvo lugar 700 años antes de la era cristiana a orillas del Mar Egeo, en Grecia.
El reino de Lydia constituÃa un importante centro comercial, tenÃa numerosos recursos de oro y plata que serÃan divididos en trozos y, con un peso determinado se les estamparÃa sÃmbolos oficiales, serÃan empleados al comercio al por menor (Herodoto, I, 94).
A medida que las sociedades fueron creciendo, las necesidades aumentaban haciéndose inevitablemente necesario que existiera un medio de intercambio más general y que fuera, a su vez, portátil y duradero; he ahà la aparición de las monedas acuñadas. El hecho de que se empezase a creer que todos los artÃculos intercambiados debÃan poder ser comparados del mismo modo no hizo más que la moneda se constituyese en una especie de término medio (méson) y funcionase como una medida para todas las cosas. Se hacÃa inevitablemente necesario que todos los artÃculos fuesen medidos de acuerdo con una sola unidad.
Los historiadores griegos hablan de Fidón de Argos, en Egina, como el primero en acuñar moneda (Etymologicum Magnum, 613, 12-15) pero lo cierto es que las primeras monedas encontradas estaban elaboradas a partir de oro puro y acuñadas en los tiempos del Rey Creso (560-546 a.C.).En cada una de ellas se representaba la cabeza de un león y la de un toro, sÃmbolos del poder real; mientras que en el reverso se veÃa la huella dejada por el punzón rectangular realizada a partir de la colocación de un trozo de metal caliente (de un peso determinado) sobre un yunque grabado con un troquel del diseño del anverso.
Pronto el resto de las antiguas civilizaciones del mundo occidental imitarÃan esta acuñación originando monedas muy diversas y a partir de metales preciosos y aleaciones; el Electron (amalgama natural de oro y plata) con forma de habichuela es un ejemplo de ello.
Debemos tener en cuenta que la fabricación de monedas en la Antigüedad se basaban en el trabajo manual a mano a golpe de martillo, se colocaba un trozo de metal liso entre dos troqueles. Por lo general, los diseños se conservaban por siglos, ya que el fácil reconocimiento era beneficioso a la hora de comerciar.
Tras la invasión persa de la ciudad de Lydia en el 546 a. C., el pueblo invasor no dudó en continuar con las acuñaciones de su moneda allà mismo debido a la tradición monetaria de la región. La mayor parte de las monedas persas fueron acuñadas en oro y plata y parece ser que se realizaron durante el reinado de DarÃo el Grande (521-485 A.C.); como peculiaridad encontramos en el anverso, la representación de una figura arrodillada con una aljaba a la espalda y un arco en la mano, en la tÃpica actitud de disparar una flecha.
A pesar de que no se hayan conservado ningún ejemplar debido a que los sucesivos conquistadores de este imperio las fundÃan y las reacuñaban nuevamente, sabemos que las monedas acuñadas en oro se les llamó Daricos (en honor a DarÃo) y las de plata Siclos.
Tras la exitosa acuñación de moneda metálica en Lydia, poco a poco se fue extendiendo dicha actividad por toda la zona de influencia del Mediterráneo, llegando a otras ciudades griegas como Egina, Corinto y Atenas; éstas fueron las más beneficiadas debido a, además de por la proximidad de las mismas con Lidia, los importantes contactos comerciales que mantenÃan entre sÃ.
En el caso concreto de Egina serÃa en el año 675 a.C. cuando se empezase a acuñar monedas con la particular forma de una tortuga de mar en el anverso. El mar era un emblema caracterÃstico de la ciudad ya que su fuente principal económica era el mismo, mientras que la tortuga era el emblema de Afrodita, diosa del amor y la belleza. En el reverso se veÃa un dibujo (podrÃa tratarse de una marca del punzón), del que no se ha podido descifrar aun su significado. Lo más curioso es que estas monedas, a pesar de que sufrieron numerosas modificaciones con respecto a su peso y tamaño, eran muy parecidas a las monedas actuales en tamaño y peso, redondas planas y fueron las primeras monedas griegas.
La ciudad-estado de Corinto habÃa acuñado una peculiar moneda denominada Potros que tenÃa como principal representación Pegaso (caballo alado), éste ocupaba el anverso mientras que el reverso presentaba en un principio, marcas efectuadas por el troquel que pasarÃan a evolucionar a la representación de otros motivos (el tridente, la cabeza de la diosa Palas Atenea, etc.). Una de las ideas más destacadas originaria de esta ciudad era la asignación de valores diferentes, por ejemplo el Estáter tenÃa dibujado un caballo, el medio estáter, sólo la parte delantera del caballo o Pegaso, y las menores sólo la cabeza, éstas eran los Obolos.
Una de las ciudades griegas más emblemáticas era Atenas, su comercio y su actividad económica era tal que en muchÃsimas ciudades se usaban las monedas atenienses. Como su nombre indica, la ciudad dedicada a la diosa protectora Atenea adoptarÃa este mismo simbolismo para asà representarlo en el anverso y el olivo y la lechuza en el reverso. La moneda más conocida se llamaba Tetradracma (cuatro puñados), denominación que deriva de la más antigua costumbre anterior a la acuñación de monedas de usar unas barritas de metal, hierro sin pulir (Óbolos) como unidad de trueque. En la mano se podÃan levantar seis, y de ahà que seis óbolos eran considerados la unidad de valor, conocida como Dracma, o puñado. 6 óbolos = 1 dracma o puñado.
Llegados al año 490 a.C se produce una de la transformaciones más destacadas en la moneda. Y es que, tras el avance persa sobre la ciudad de Atenas y su derrota en la batalla de Maratón, una de las monedas más importantes de la época asumió un carácter de gran significado para el investigador de la numismática. Al coincidir que en el momento de la victoria griega sobre los temidos persas, la luna estuviera en cuarto menguante se ideó generalizar que todas las monedas acuñadas llevasen un cuarto de luna detrás de la lechuza, ya usada, al mismo tiempo que el casco de Atenea fuese decorado con ramos de olivo para rememorar la victoria.
El uso de la moneda se extendió más allá de Grecia continental, abarcando la zona del Mediterráneo (Siracusa en Sicilia, Gela en Sicilia, Metaponto en Lucania, al sur de Italia, etc.) llegando hasta el punto de ser verdaderamente necesario que, además de que cada ciudad helénica acuñase su moneda en la que estaban grabados sus dioses para una mejor identificación ante el resto de las monedas circulantes; en el año 400 a.C, se sumase el nombre de la ciudad o por lo menos su abreviatura a la misma.
El éxito de la moneda era por entonces un hecho más que probado y lo cierto es que, a medida que avanzamos aún más en el tiempo, junto a la evolución de las distintas civilizaciones que se desarrollaron culturalmente a través de su devenir; se puede observar como se alcanza uniformidad, como se extiende la costumbre de, una vez dominada una ciudad, apoderarse del oro amonedado y reacuñarlo.
Pero nos gustarÃa destacar como una verdadera novedad en el campo de la circulación de la moneda una de las más famosas obras realizadas por el emperador Alejandro Magno (356-323 a.C.) quien extendió la costumbre de estampar fielmente, además de la efigie de dioses, imágenes de reyes y emperadores con el objetivo de lograr inmortalizar el recuerdo. Dicha costumbre, además de ser una revolución en la historia de la Moneda, es realmente útil a la hora de reconstruir la Historia Antigua ya que nos proporciona la posibilidad de seguir la secuencia de dinastÃas y reinados, asà como conocer los rasgos particulares de cada uno de ellos.
Pronto la circulación de la moneda no se limitarÃa a la penÃnsula y sus regiones cercanas sino que tras 200 años las monedas se toparon con otras civilizaciones que entenderÃan el valor de dicha actividad y se sumarÃan con otras monedas, éste es el caso de los romanos y sus didracmas o el denario (término del que se origina la palabra dinero).
Si avanzamos en la historia numismática la tendencia predominante es la continuación de rasgos ya conocidos junto a otros con caracteres muy propios determinados por la época u otros factores igualmente determinantes e influyentes como una Iglesia fuertemente dependiente del Estado, no exenta sin embargo de una profunda influencia sobre la vida y las costumbres del pueblo y sus costumbres.

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