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Mata Hari

El mito de Mata Hari nace a principios del siglo XX participando en una de las intrigas internacionales más importantes de la Historia: la Primera Guerra Mundial.

Muchas han sido las versiones relacionadas con el personaje, desde espía a bailarina en su currículo se recoge un cuantioso número de seductores atributos que llevaron a esta humilde hija de sombrerero a, incluso, dar su vida por inmiscuirse en el mundo del espionaje.

Margarita Gertrudis Zelle, así era su verdadero nombre, nació el 7 de Agosto de 1876 pero no en un lugar tan exótico como la India o Java como se había especulado en la época, sino en un pequeño pueblo de Holanda, en Leeuwarden. Su padre, Adam Zelle, era dueño de un pequeño comercio mientras que su madre, Antje van der Meulen, cuidaba de ella y de tres hermanos.
Sus peculiares rasgos latinos eran inusuales en una sociedad donde predominaba el modelo ario de cabellos rubios y ojos claros es por ello por lo que, desde que empezó a denotar su belleza y su atractivo, fue objeto de la comidilla de vecinos y amigos quienes, incluso, llegaron a comentar su procedencia judía aunque más tarde se encargase ella misma de desdeñarla con el exótico relato de una procedencia oriental, de la mismísima Java, entonces parte de las Indias alemanas del Este.

Con quince años sufriría la trágica pérdida de su madre y, debido a que su detestado padre era absolutamente incapaz de mantener a su familia, marchó con su abuelo en Sneek. Fue allí donde se le animó a que trabajara en una guardería de forma que sus comienzos profesionales serían con el internamiento en una escuela de profesoras donde la disciplina, su belleza y el amor serían sus tres mayores problemas.

El terrible desenlace ante el loco enamoramiento de su propio director encabezaría la cadena de escándalos que sin piedad precederían a Margarita hasta el final de su vida, motivo por el que jamás llegaría a obtener el diploma de profesora.
Refugiada de nuevo en casa de un familiar ya empezaba a soñar con el matrimonio. Una mañana de principios de 1895 la oportunidad vino a través de la lectura del periódico de la mañana. Su primer marido lo conocería a través de uno de esos anuncios por palabras, Rudolf Mac Leod, quien resultó ser un acaudalado militar destinado en las Indias y deseoso de encontrar esposa; éste, además de lograr la atención de Mata Hari y tras varias citas, sería quien la llevaría al altar tras conocer que nuestra protagonista se había quedado encinta. Seis meses más tarde tuvieron su primer hijo, Norman.

Una vez destinados en Java los lazos entre ellos se habían aflojado hasta tal punto que ya ni siquiera el nacimiento de su segundo hijo, Luisa, pudo evitar que, tras el regreso de la familia a la ciudad de Ámsterdam, el militar fuese absorbido por el alcoholismo y por la vida mundana y que, además, fuera verdugo de malos tratos.
A pesar de la versión divulgada por la familia del militar, Margarita era víctima de esa desgracia y fue una más, la pérdida de su segundo hijo por un extraño envenenamiento presuntamente en venganza por el trato dado por su marido a un sirviente nativo; la gota que colmó el vaso, de forma que el 30 de Agosto de 1902 se les concedería el certificado de separación.
De nuevo soltera, sería la familia quien la acogiese hasta que decidió marchar a Francia. Éste era un viaje sin retorno, el comienzo de un mito, el nacimiento de Mata Hari.

La historia nació en un templo sagrado hindú en donde le fueron reveladas las sagradas danzas de su gente. Allí nació Mata Hari cuyo significado era “ojo del alba” , una princesa de Java que viajaba por Francia como bailarina exótica oriental.
Un exitoso hombre de negocios de nombre Emilio Guimet, invitó a la artista a su primera gran actuación, en el Museo de Arte Oriental. En una cómoda sala del museo y entre la estatua de seis brazos del dios hindú, Siva Mata Hari embriagó las mentes de sus asistentes con cada uno de sus sinuosos y eróticos movimientos.

Era principios del siglo XX y pronto Mata Hari se vio en los mejores salones, musicales, teatros con su danza de los velos por toda Europa. Monte Carlo, Madrid, Berlin, Vienna, y El Cairo son ejemplos de las tan importantes ciudades que acogieron esta leyenda erótica.
La multitud atraída por su baile y por su misterio le cubrió de fama y gloria lo que le hizo moverse en los círculos más selectos de Europa; es curioso como, incluso durante la guerra y a pesar de las restricciones aduaneras que existía en Europa, era absolutamente normal poder verla viajando sin ninguna traba de un país a otro.

Uno de los espectáculos más atractivos para el lector son los que realizó en refugios de soldados y ante políticos de todo el mundo, de estos últimos recopiló un gran número de amantes con ejemplos tan destacados y archiconocidos por los amantes de la Historia como fueron el mayor Arnold Van Kalle, alto jefe militar alemán, Adolphe Pierre Messimy, ministro de guerra frances, Alfred Kiepert, un latifundista alemán, el compositor Giacomo Puccini, el Barón Henri de Rothschild que le dio varias pulseras de rubies y diamantes, y Tadea Mirszlac, la gitana amante de Francisco Jose I de Austria y de su hijo Rodolfo.

Parte de sus encantos eran utilizados como armas de seducción entre militares de alto rango de forma que pudiese obtener de ellos toda aquella información disponible sobre trascendentales asuntos de Estado que luego no dudaría en pasar, según la tesis de los servicios secretos franceses, a los alemanes a cambio de grandes sumas de dinero.

En la estrategia seguida encontramos un craso error a partir del cual Mata Hari fue llevada al mismísimo cadalso, su doble juego. Sería el servicio secreto francés, aún desconocedor del servicio realizado a los alemanes; tan ferviente admirador de la bailarina por la facilidad en sus conquistas y en el manejo de la información que se suponía que poseía le llevó a la indecente proposición de la posibilidad de mezclarse ésta entre los alemanes y sonsacarles toda la información posible fundamentándose en la gran utilidad de su papel para la defensa francesa en el desenlace de la Primera Guerra Mundial.

La incipiente sospecha tanto del servicio secreto británico como francés acerca del doble juego de Mata Hari provocó que durante su primera misión fuese capturada por el servicio de inteligencia e interrogada hasta lograr la deseada confesión.
Corren dos teorías sobre dicho desenlace, uno se apoya en la confesión de Mata Hari sobre la aceptación de dinero alemán pero no por sus servicios como espías sino por amor. Una segunda se ampara en la confesión de ser una espía alemana que trabajaba bajo el pseudónimo de H21.
La conclusión es que se le encontró culpable sin pruebas concluyentes y basadas en hipótesis no probadas.

Quedaban nada más que siete meses para el desenlace de la primera Conflagración Mundial, la “Gran Guerra”, y fue sometida a juicio acusada de ser una de las más grandes espías del siglo, de ser una agente doble para Alemania y Francia a la vez de causar la muerte de miles de soldados. El 15 de Octubre de 1917 fue disparada por un escuadrón de la muerte. Tenía sólo 41 años.

Tras su muerte, ningún familiar reclamó su cadáver. Su cuerpo fue donado a la ciencia y al aprendizaje de los futuras generaciones de médicos como era precepto para los considerados criminales y ajusticiados en aquella época. Se sabe que su rojiza cabeza fue embalsamada y que permaneció en el Museo de Criminales de Francia hasta que en 1958 desapareció.

Mata Hari, a pesar de que su realidad fuese mucho menos romántica, es uno de esos mitos que si no existieran habría que inventarlo.

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...por Carolina Fontanals ...por Carolina Fontanals


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