Una investigación desvela que un águila carnÃvora enorme que se extinguió en Nueva Zelanda hace sólo 500 años era una depredadora temible que podÃa atacar presas con hasta 10 veces su propia talla. El hallazgo le da más credibilidad a la leyenda maorà de un águila gigante devoradora de hombres.
Un equipo de investigadores de la Escuela de Ciencias Médicas de la Universidad de Nueva Gales del Sur en Australia, y el Museo Canterbury en Christchurch, Nueva Zelanda, ha confirmado que el águila de Haast, la cual tenÃa una envergadura de ala de hasta 3 metros y garras del tamaño de las de un tigre, era en realidad un depredador y no un carroñero como se creÃa anteriormente.
Los restos de un esqueleto del águila gigante (Harpagornis moorei) fueron encontrados por primera vez por Sir Julius von Haast en la década de 1870. Nuevos análisis de los restos, realizados por el profesor Ken Ashwell del Departamento de AnatomÃa de la Universidad de Nueva Gales del Sur, y un colega del Museo Canterbury, revelan que el ave tenÃa una pelvis lo suficientemente fuerte como para resistir la fuerza derivada de propinar, en un vuelo en picado de hasta 80 kilómetros por hora, un golpe mortal a una presa.
Un cerebro desproporcionadamente pequeño, y otros rasgos en el águila de Haast, también respaldan la teorÃa de que el águila gigante evolucionó a partir de un ancestro mucho menor.El rápido crecimiento en el tamaño del cuerpo probablemente fue consecuencia de la abundancia de grandes presas, particularmente el moa, un ave no voladora que crecÃa hasta alcanzar 250 kilogramos y 2,5 metros de altura.
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