Manuela Sáenz alcanzó la fama, entre otras cosas, por ser la amante de Simón BolÃvar. Lo acompañó durante los ocho últimos años de su vida. “Libertadora del Libertador” fue su sobrenombre más popular, ideado por el mismo BolÃvar, después de que Manuela le salvara la vida.
Pero a Sáenz también se la conocÃa como la “Amable loca” y “Manuelita la bella”. Se la denominó como “Caballeresa del sol” cuando recibió la más alta condecoración que el Perú revolucionario otorgaba a los militantes de la causa patriótica, la Orden del Sol. No obstante, no todo fueron elogios a su persona, ya que al igual que le ocurrÃa a su amante, los enemigos que tenÃa no eran pocos. La otra cara del poder y la fama, el hecho que no puedes gustar a todo el mundo ni pretender que defiendan todos lo mismo que tú, el lado menos aceptado y menos bien visto de Manuela tenÃa nombre propio. “La Sáenz” le decÃan sus enemigos, con menosprecio en la mirada y sonrisa socarrona… la de Manuela Sáenz fue una vida de grandes triunfos y fracasos, de éxito y olvido, de luces y de sombras.
Algunos datos de la vida de Manuela Sáenz no se conocen con exactitud. Asà pues, no se sabe la fecha exacta de su biografÃa. Algunas apuntan que vivió de 1797 a 1856, mientras que otros optan por 1798-1859. Ante ello, relacionar la existencia de Sáenz con los siglos XVIII/XIX es lo más certero. Además, existe la leyenda que a Manuela Sáenz la raptó un oficial llamado Fausto D’Elhuyar mientras estaba, de muy jovencita, en un convento.
A parte de estos datos imprecisos, lo cierto es que hay extensa y documentada información acerca de Manuela Sáenz, que sin duda alguna, merece entrar en la categorÃa de Grandes Mujeres de MundoHistoria. Sus padres eran el español Simón Sáenz Vergara y la ecuatoriana MarÃa Joaquina Aizpuru. Simón Sáenz, miembro del consejo de la ciudad de Quito, estaba casado en realidad con Juana MarÃa del Campo. Aizpuru transmitió a Manuela el odio de su familia por haberla deshonrado por una relación ilÃcita.
Pasó su infancia en Quito. En 1817 contrae matrimonio con un joven británico, James Thorne, un comerciante rico y mayor que ella. Se van a vivir a Lima (1819-1820). AquÃ, el auge independentista no era tal. No obstante, al poco tiempo la fama de Simón BolÃvar y su victoria en la liberación de Nueva Granada (1819) le gana numerosos simpatizantes, entre los que se encontraba Manuela Sáenz. Ésta se convierte en miembro activo de la conspiración contra el virrey del Perú, José de la Serna e Hinojosa (1820). Al proclamarse la independencia de Perú (1821) se declara admiradora de José de San MartÃn. El trabajo de Manuela, en cuanto a la emancipación, fue reconocido en 1822 cuando se le otorga la condecoración de “Caballeresa del sol”.
Después de separarse de su marido, en 1822 viaja a Quito junto a su padre, con el fin de visitar a su madre. Aquà coincidirá con el que va a ser su gran amor, Simón BolÃvar, que realizó su entrada triunfal en esta ciudad el 16 de junio de dicho año. Ese mismo dÃa se celebró la liberación con un baile de gala. Allà se conocerán Sáenz y BolÃvar y a partir de entonces se harán inseparables. Ambos sienten una gran atracción mutua. Pero además coinciden en numerosas ideas. De este modo, ella cree en la independencia latinoamericana y además participa activamente en la guerra. AsÃ, conseguirá, entre otras muchas hazañas, sofocar un motÃn en la plaza de Quito. En 1823 BolÃvar se va a Perú y unos dÃas más tarde llega Manuela, que le acompañará durante la campaña libertadora de la nación. Pero la apasionada pareja no podÃa estar siempre unida. Por ello, cuando tenÃan que estar separados mantenÃan una romántica correspondencia. Ejemplo de ello es el siguiente fragmento, en el que BolÃvar manifiesta sus sentimientos hacia su amada: “Mi bella y buena Manuela: cada momento estoy pensando en ti y en el destino que te ha tocado. Yo veo que nada en el mundo puede unirnos bajo los auspicios de la inocencia y el honor. Lo veo bien, y gimo de tan horrible situación por ti; porque te debes reconciliar con quien no amabas; y yo porque debo separarme de quien idolatro. SÃ, te idolatro hoy más que nunca jamás. Al arrancarme de tu amor y de tu posesión se me ha multiplicado el sentimiento de todos los encantos de tu alma y de tu corazón divino, de ese corazón sin modelo”. Tales palabras son muestra de un amor, por prejuicios sociales, imposible aunque consumado.
Ente 1825 y 1826 Manuela vive con BolÃvar en el palacio de la Magdalena, próximo a Lima. BolÃvar se va de Perú en septiembre de 1826 y Sáenz se queda y sigue luchando por los ideales bolivarianos, tras la reacción contra el Libertador, en enero de 1827. Se va a Quito y después a Bogotá, donde se establece en 1828. BolÃvar se da cuenta de la situación de su amada y se van a vivir juntos en la residencia Quinta de BolÃvar. Pero se hacen públicas varias acusaciones contra la autoridad de BolÃvar. Por ello, Pedro Carujo, entre otros, intenta asesinarlo el 25 de septiembre de 1828. Es un acto fallido, gracias a Manuela, que se apresura a hacerlo huir por una ventana. Desde entonces la llamó la “Libertadora del Libertador”. Pero su historia no dura mucho más. En 1830, estando en Guadas (Colombia) se entera de la muerte de BolÃvar. Inmediatamente, Manuela acude a Bogotá y expresa públicamente su simpatÃa para con los ideales del Libertador. Será perseguida por el gobierno sucesorio de 1831 y al final es expulsada por “conspiradora”.
Con la muerte de BolÃvar llega la muerte, aunque no fÃsica, de Manuela Sáenz, que pierde el objetivo de su vida. En 1834 Santander firmó el decreto que la desterró definitivamente. El desprecio por su persona crecÃa cada dÃa más. Optó por Jamaica y de allà se fue a Guayaquil (1835) pero tuvo que marchar pronto, puesto que al gobierno de Ecuador no le hacÃa gracia que estuviera allÃ. Entonces fue a Paita, un puerto en el desierto peruano, carente de agua, con una sola calle y un muelle frecuentado por balleneros de Norteamérica. Logró abrir un comercio de tabaco. En sus últimos años se vio sumida en la pobreza y luego en la invalidez. No obstante, fue visitada por Herman Melville (Moby Dick), Giuseppe Garibaldi y Simón RodrÃguez. Además, mantenÃa correspondencia con el general O’Leary. Su marido es asesinado en junio de 1847. Según el testamento de éste a Sáenz le tocaban los ocho mil pesos de la dote. Pero a Manuela, que murió de difteria en 1854, no le llegaron nunca.

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