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Mahoma

Por lo que se puede saber, los datos sobre Mahoma no son muy seguros, nació en La Meca en torno al año 570, en el seno del clan de los hachemíes, una rama que estaba ya en decadencia de los quraysíes, del que luego saldrán otras vertientes.

Creció en un ambiente de progresivo enriquecimiento y monoteísmo en su ciudad natal, pero lo que le marcó fueron las injusticias sociales que veía por lo que intentó siempre ayudar a los más humildes.

Se supone que cuando Mahoma tenía cuarenta años, sintió la llamada de la divinidad, que según cuenta la tradición islámica, le habló a través del arcángel San Gabriel. Le animó a seguir con su labor, a mantener ese espíritu sensible con los demás, rechazar todo tipo de hostigamiento y corrupción de la aristocracia mercantil, labor que comenzó a hacer sin descanso. Primero en casa, con su mujer Jadiya, que tenía importantes intereses en los negocios caravaneros, después con sus vecinos más cercanos, con los que estableció contactos de gran importancia posterior en el primer desarrollo del Islam. Entre ellos estaba Abu Bakú, cuya hija Aisha será la última esposa de Mahoma, o su propio primo Ali.

Paulatinamente, entre los años 610 y 619, Mahoma fue desarrollando el mensaje divino que había recibido y se transformó de predicador a profeta; el denunciante de una situación que no era la adecuada y exigía una reforma social y moral, al mismo tiempo que su discurso se fue enriqueciendo desde el punto de vista teológico. Al principio pudiera parecer un predicador más deseoso de formas más elevadas de religión, pero después de ponerse en contacto con los caravaneros de su esposa se relacionó con judíos y cristianos, de quienes adquirió un conocimiento poco riguroso de la Biblia y un estricto sentido más monoteísta.

Hacia el año 619 Mahoma formó una primera comunidad compuesta de parientes y amigos ante los que se presentó como el Profeta, como el mensajero que todos estaban esperando y que se decidía a difundir el encargo recibido de la divinidad, sobre todo el hecho de que Alá era el único dios. Por lo tanto Mahoma se convertía de esta forma en el último de los enviados divinos, como ya eran Abraham, Moisés y Jesús.

Las tesis de Mahoma al principio sólo fueron bien recibidas en su entrono más cercano, pero fuera de él no suscitaron muchas adhesiones, sobre todo no gustaron a los mercaderes de La Meca, que veían en ellas una amenaza a las propias bases de su prosperidad. Viendo como se estaban poniendo las cosas y temeroso de las reacciones de sus paisanos el 16 de julio de 622 Mahoma optó por la huida, la hégira, con su fiel Abu Bakr, a la ciudad de Yatrib o Medina, donde la gran cantidad de comunidades de tendencia judía creaba un ambiente más receptivo para su doctrina. Esa fecha se convirtió en el punto de arranque del calendario de los islámicos, que además es de base lunar con meses de 29 o 30 días, más exactamente 29 días, 12 horas y 40 mintuos.

La llegada de Mahoma a Medina y su integración allí constituyeron de alguna forma el momento clave de la misión del profeta, y la organización estructural de los pueblos que siguieron el Islam, con él de magistrado. Ello suponía que tenía que hacer las veces de jefe religioso y de máximo representante de una comunidad política. Su labor consistió en hacer cristalizar algunos de los rasgos fundamentales para el desarrollo histórico del Islam. Para la solidaridad de la comunidad se cambió el vínculo tribal de sangre por el de sumisión (por cierto significado de la palabra Islam) a la voluntad de Alá. Por otro lado la autoridad, que antes venía del jefe tribal, ahora pasa a ser una prerrogativa que procede de Dios, por lo que de este modo la oposición política ya no tendrá importancia. La fórmula que extendió Mahoma consistió en combinar la vieja tradición y una nueva doctrina ya que el Profeta se unió con varios notables de la época de las tribus.

En sus primeros años en Medina se observó una primera militarización de la comunidad islámica, en una forma de mantener las raíces tribales y la necesidad de defenderse de las amenazas exteriores. Esta práctica se difundirá ampliamente sobre todo la de la obtención del botín a costa de los enemigos, del cual un quinto será para el Profeta para las necesidades de la organización.

El poder de su jefatura unipersonal, religiosa y política, en definitiva su éxito en todos los campos, le animaron a Mahoma a emprender acciones contra los que ya consideraba infieles del territorio de la Península Arábiga. En un primer momento tomó medidas contra sus paisanos de La Meca, en especial los miembros más fuertes de la tribu de los quraysíes, a los que atacó cuando se introdujeron en Medina. Las victorias militares del Profeta le dieron más adeptos todavía entre las distintas tribus y, lo más importante para él, por fin le abrieron las puertas de su ciudad natal, La Meca, a cuya Cava puedo asistir, en un símbolo inequívoco de reconciliación entre las dos ciudades en torno al año 628. La paz definitiva también estableció un reparto entre los dos territorios, la capital política del estado recaería en Medina, y el centro religioso de la nueva fe y lugar de peregrinación, sería La Meca, donde por fin Mahoma pudo volver a predicar hasta su muerte en 632.

Después del fallecimiento del Profeta, su mensaje religioso tuvo diversas interpretaciones, que ocasionaron bastantes conflictos. Las dos más importantes que, desde entonces han dividido al Islam son la sunnita y la shiita. Los sunnitas u ortodoxos, que son partidarios de la familia Omeya, aceptaban tanto el Corán como la Sunna, libro de la tradición que estaba compuesto de vivencias y pensamientos del propio Mahoma recogidos por algunos de sus seguidores, amigos a allegados. Los partidarios de esta tendencia procedían preferentemente de las clases ricas y privilegiadas de Arabia y de las nuevas tierras conquistadas. Los shiitas, en cambio, no aceptaban la Sunna y creían que la interpretación del Corán (al que además añadían un capítulo ensalzando la personalidad y obra de Ali, yerno de Mahona, al que se mitifica) debía realizarla por ejemplo un iman, el mejor musulmán, dotado de alma profética y que fuese descendiente de Ali. Los shiitas contaron con mayor apoyo popular y eran más rigurosos con su estilo de vida que contiene el Corán. En la actualidad conforman un grupo más numeroso los sunnitas; lo shiitas dominan en Irán y también se encuentran en ciertos lugares de Irak, Líbano etc.

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...por Sergio Yuguero ...por Sergio Yuguero


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