Hijo de Luis XIII y Ana de Austria, Luis XIV nació el 5 de septiembre de 1638 en Saint Germain. Su reinado (1643-1715) en Francia supone el más largo de la Edad Moderna, un total de 72 años, dejando una profunda huella en el país galo y en toda Europa.
Mientras Versalles, bellísimo palacio a las afueras de París, adonde se trasladó la corte en 1682, es el mejor símbolo del poder y la gloria de una monarquía absoluta, el hospital de los Inválidos, recuerda las secuelas de la política belicosa que estableció el rey Sol, dejando un gran número de víctimas.
Con sólo cinco años ya estaba en el poder y en algunos años de su reinado no tuvo ni valido ni primer ministro. En cambio, la política del rey tuvo una continuidad profunda con la de Richelieu y Mazarino en la afirmación del absolutismo monárquico y en la continua rivalidad con la casa de Austria por la hegemonía en el continente. A lo largo de su reinado fue aprendiendo el sentido del estado y los entresijos de gobierno gracias a las enseñanzas del cardenal Mazarino, la piedad católica y la majestad de los Habsburgo se la inculcó su propia madre Ana de Austria, hermana de Felipe IV de España.
Luis XIV no tenía una gran cultura, pero eso lo paliaba con un gran sentido práctico y capacidad para el trabajo, el juego y el amor fuera de toda duda. Además contaba con una salud de hierro que le hizo sobrevivir a dos generaciones diferentes de herederos, y finalmente legó el trono a su bisnieto.
A semejanza de la monarquía española, la forma de gobernar Francia por parte de Luis XIV fue desde la corte, por su sistema de consejos, en total cuatro, que gravitaban totalmente en torno al rey. El principal de ellos, el alto consejo, se centró sobre todo en la política exterior. Formaban parte de él hasta cinco consejeros que además ostentaban el título de ministros de estado. Entre ellos estarán Colbert, Le Tellier y Lionne. Junto al sistema de consejos se fue organizando un nuevo régimen administrativo, donde Colbert fue consiguiendo cada vez más supremacía como ministro del rey y encargado de las finanzas. Colbert se convirtió en el gran inspirador de una arquetípica política mercantilista para fomentar la manufactura y el comercio, en especial el colonial, descuidando en cambio la agricultura. Una política que buscaba la riqueza pero que tuvo resultados bastante mediocres.
Un acontecimiento importante fue el nuevo ataque al protestantismo, que culminó con la revocación del Edicto de Nantes de 1685. Las disposiciones de este edicto ya habían sido recortadas de manera considerable ya que sólo la Rochela y Montauban permanecían bajo control protestante. Ya estaban muy debilitados por las deserciones, cada vez más frecuentes sobre todo desde el sector de la nobleza, temerosos de perder el favor real. La Contrarreforma, que no había tenido una gran repercusión en Francia hasta la primera década del siglo XVII, empezaba ahora a producir su efecto. Impuso un nuevo orden a una Iglesia que acababa de recuperar una parte importante de los bienes que había perdido en las guerras de religión. En 1685, Luis XIV, convencido de lo acertado del principio “una fe, un rey, una ley” pudo revocar el edicto sin miedo a graves consecuencias y alborotos. Pero la emigración de los protestantes incluía a muchos artesanos y mercaderes, y a pesar de que su marcha fue un poco compensada por la llegada de refugiados católicos irlandeses, tuvo consecuencias económicas bastante adversas.
En el año 1660 el rey se casó con la infanta española María Teresa de Austria, según lo que se había acordado en la paz de los Pirineos. Poco después la muerte de sus colaboradores más importantes, como Colbert y Louvois le hace ser un poco más retraído como persona y se encierra en sus tareas como monarca durante nueve horas al día. Ya no aceptaba más colaboradores ni ministros que le asesorasen. En 1682 se traslada al nuevo y suntuoso palacio de Versalles. Además de simbolizar el poder real y la gloria, Versalles, constituyó el foco de atención de una cultura aristocrática, de buenas maneras y de conducta reservada. Desde el punto de vista del monarca, el enorme derroche que supuso la realización del palacio era dinero bien gastado; reforzaba la dependencia de la alta nobleza, a la que podía controlar de esta forma muy de cerca, y mantenía al rey más aislado que nunca respecto a las realidades de su entorno.
La política exterior de Luis XIV tenía como objetivos algunos puntos concretos de los Países Bajos, lo que derivó en la guerra de Holanda en el año 1672, de la que conseguiría territorios como Lorena y el Franco Condado. Francia sigue su afán expansionista y logra las zonas de Estrasburgo y Luxemburgo, con el único revés de la batalla naval de Hogue, donde la flota francesa cae claramente derrotada. Después de esto, el monarca se centró en el tema de la herencia española, con la intención de colocar en el trono a su nieto Felipe de Anjou. Las potencias europeas se negaban a la posible existencia de un eje franco-español, lo que todo junto derivará en la Guerra de Sucesión española, que tendrá lugar durante varios años. El conflicto llegó a un punto que hará que se firme la paz de Utrecht, con lo que ningún país podrá imponerse sobre los demás. Los Borbones por fin colocan a Felipe V en España, aunque éste tendrá que ceder algunos de sus territorios, como Milán, Nápoles, Cerdeña etc. Francia pudo conservar Lille y Estrasburgo y la gran beneficiada de todos estos cambios fue Gran Bretaña.
Luis XIV murió el 1 de septiembre de 1715 y Luis XV, su bisnieto, le sucedería en el trono. El mandato del llamado rey Sol acabó con una gran crisis social. Uno de los motivos principales era el peso de la carga fiscal, que además recaía especialmente sobre una población muy afectada por los devastadores efectos climatológicos sobre la cosecha, como ocurrió en 1694, y por la suma de acontecimientos negativos naturales y militares, como en el periodo entre 1708 y 1710. Este nuevo siglo fue mucho más satisfactorio en el ámbito económico y donde hubo mayores momentos de paz que dieron más tranquilidad a la población.

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