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Los procesos de Núremberg: Entre la pantomina y el escarnio

Núremberg y Tokio fueron las ciudades elegidas para dar una lección magistral a la humanidad, para crear un acontecimiento que dejara constancia en la memoria histórica colectiva.

Bajo la denominación de Procesos de Núremberg, se aglutinan una serie de juicios, trece en total, tanto a los mandatarios del III Reich como a los que les apoyaron: funcionarios menores del Estado alemán, mandos del ejército, médicos, industriales alemanes… Doce juicios posteriores que se basaron, igual que el principal, de una gran documentación debida a la meticulosidad administrativa del III Imperio Alemán. De estos doce juicios posteriores cobró gran relevancia, el Juicio de los Doctores, contra 24 médicos y sus experimentos en los campos de concentración; no se pudo juzgar a “El ángel de la muerte”, Joseph Mengele, ya que logró huir y parece que murió ahogado, deliberadamente o no, en 1979, en Bertioga, playa de Sao Paulo (Brasil) y enterrado en Embu (Brasil), bajo nombre falso.

Otros juicios de Núremberg fueron: juicio contra Erhard Milch, responsable de la reaparición Fuerza Aérea alemana cuya disolución fue decretada al final de la I Guerra Mundial en el Tratado de Versalles (1919); el juicio de los jueces contra abogados y magistrados al servicio del régimen; el juicio de Oswald Pohl, responsable administrativo de los campos de concentración; el juicio de Friedrich Flick, industrial alemán del carbón y el acero; el Juicio de IG Farben, industria química; el juicio de los Rehenes a los altos cargos alemanes; el jucio Rusha contra los promotores de la pureza de la raza aria y del programa Lebensborn o la nueva raza europea; el juicio a los Einsatzgruppen o cuadrillas de la muerte pertenecientes a las SS; el juicio de Krupp, grupo industrial alemán; el juicio de los Ministerios, en los que se enjuició, entre otros, a Otto Dietrich, Jefe de Prensa del Partido Nacionalsocialista, y Walter Darré, Ministro de Agricultura; y finalmente, el juicio del Alto Mando, contra los integrantes del Ejercito, de la Armada y la Fuerza Aérea alemana. Generalmente se asocia Núremberg al juicio principal que se realizó a los líderes vivos del nazismo apresados tras la guerra. Después de los procesos, muchos acusados fueron nuevamente juzgados en tribunales de desnazificación. El castigo al que Alemania se vió sometida, fue ejemplarizante, sin tregua.
El objetivo tras el enfrentamiento de las grandes potencias vencedoras, Gran Bretaña, EEUU, Francia y la URSS, mediante acuerdo firmado en Londres el 8 de agosto de 1945, era crear un Tribunal Militar Internacional con el fin de juzgar a los autores de los crímenes cometidos en la guerra cuya localización geográfica no estuviera determinada. La firma de dicho acuerdo se internacionalizará con la ratificación del mismo por otros países, concretamente veintiséis, de todos los continentes, que llevaba anejo la aprobación del Estatuto de Núremberg en el que se definían las principales acusaciones a las que serían sometidos los encausados. Dicho Estatuto precisaba tanto los procedimientos como los delitos que les serían imputados a los inculpados: crímenes contra la paz, crímenes de guerra, crímenes contra la humanidad y conspiración o responsabilidad individual. Todo ello serviría de fundamento para que posteriores acciones bélicas no quedaran impunes. La guerra comienza a normalizarse, a tipificarse. En la guerra ya no vale todo; se exige responsabilidad.
Sin embargo, había que dotar a este Estatuto de precedentes en los que se fundasen los cargos. Los crímenes contra la paz se retrotrajeron y fundamentaron en la Declaración de la Sociedad de las Naciones (1927), en el Pacto de Briand-Kellog (1928), entre EEUU y Francia, por el que se prohibió el uso de la agresión como motivo de la guerra y de las relaciones internacionales, en el protocolo de Ginebra (1927), en la Declaración de la Conferencia Panamericana (1928) y en los Tratados de No Agresión (1931-1933). Aunque realmente el precedente se había declarado en 1919 en el Tratado de Versalles cuando a Alemania se la hace responsable de la Primera Guerra Mundial y se prevé el establecimiento de un Tribunal que juzgara al Káiser Guillermo II; el juicio fue anulado cuando los Países Bajos se niegan a extraditar a Guillermo II argumentando derechos de asilo y la amistad con la reina Guillermina de Orange. Toda esta búsqueda legal para justificar la creación del Tribunal Militar Internacional no sirvió a la defensa de los jerarcas nazis del primer juicio de Núremberg, para declarar la incompetencia del Tribunal; la defensa alegaba la no existencia de un derecho internacional anterior para juzgar dichos actos debiéndose aplicar unas leyes retroactivas que carecían de legitimidad, es decir, los crímenes que se iban a juzgar en el momento en qué se realizaron no constituían delito. Igualmente quedaba en entredicho la imparcialidad de un tribunal que había salido vencedor de una guerra, y que sus conductas, durante la contienda, tampoco habían sido ejemplares ni modélicas. El juicio continuó. Así, Hermann Goéring expresó “No era menester tanta comedia para matarnos”.
La creación del Tribunal de Núremberg no fue fácil. En 1942, Churchill declara la necesidad de castigar a los responsables de la guerra una vez finalizado el enfrentamiento, ante la crueldad sin límites que los alemanes estaban aplicando y, por la opinión generalizada de que Alemania provocó el conflicto. En dicho año, en Londres, se crea una comisión que elaboraría una lista con las personas que deberían ser juzgadas una vez terminada la conflagración. Sin embargo, como ya hemos comentado, no existían precedentes claros y determinantes de la celebración de tal pretensión ni un derecho internacional que fuera la base del proceso. Tanto en la Conferencia de Moscú (1943) como en la Conferencia de Teherán (1943) se advirtieron disensiones entre los representantes de Rusia, Gran Bretaña y EEUU. Stalin defendía la realización una justicia rápida y sin contemplaciones; Churchill por su parte no estaba de acuerdo con una solución tan radical sino que era partidario de la deportación de los principales acusados a una isla; y Francia de juicios propios. Las posteriores afirmaciones en Yalta (1945) y en Postdam (1945) se acercaron a la idea de EEUU en cuanto a la celebración de un juicio, que promovió incesantemente, desde el 2 de mayo de 1945, el que sería posteriormente el Fiscal Jefe de la Corte en Núremberg, el juez R. H. Jackson, juez del Tribunal Supremo de los EEUU.

La elección de la ciudad de Núremberg (Alemania) se debió principalmente, a que el escenario europeo estaba destrozado y era la única ciudad que disponía de un edificio de justicia, casi intacto, con cárceles próximas que facilitarían el traslado de los imputados, y de otras condiciones arquitectónicas que favorecían su candidatura. Además, daba la casualidad de que esta población medieval había sido elegida por Hitler como el lugar en el que se celebraban los congresos anuales del partido nazi y, en la que se dictaron las Leyes de Núremberg (1935) de contenido claramente antisemita aprovechando la celebración de uno de ellos.

En sesión inaugural el 18 de octubre de 1945 en Berlín, comienza el litigio mundial más célebre y, que otorgará a otros juicios posteriores si los hubiera, la legitimidad para juzgar internacionalmente a los responsables de los conflictos bélicos; la guerra comienza a tener un coste y asienta las bases de una jurisprudencia. El 20 de noviembre de 1945 y con un compendio legal discutible, se continúa, ya en Núremberg, parte del proceso, la más conocida, al sentar en el banquillo hasta el 1 de octubre de 1946, a los jerarcas vivos y capturados, más importantes del régimen nazi. Las ausencias fueron destacadas; Adolf Hitler se suicidó en el bunker de Berlín junto con Eva Braun el 30 de abril de 1945 al igual que Joseph Goebbels, ministro del aparato de propaganda nazi, que se quitó la vida junto a su esposa y sus seis hijos, el 1 de mayo de 1945; Heinrich Himmler, jefe de las SS y la GESTAPO, acabó masticando una cápsula de cianuro oculta entre sus dientes y enterrado en Luneburgo (Alemania) al ser detenido por el ejército británico, siendo si este dato es veraz, uno de los pocos nazis enterrados, ya que los cuerpos de los condenados a muerte fueron incinerados con el fin de evitar peregrinaciones y la creación de mártires o de centros de devoción.

Entre los que no llegaron a ser sentados en el banquillo se encuentran: Martin Bormann, secretario de Hitler, juzgado en ausencia a horca y declarado muerto oficialmente en 1973; Adolf Eichmann, responsable directo de la solución final, huyó a Buenos Aires (Argentina) donde fue secuestrado por el Mossad (Servicios Secretos Israelíes), y juzgado en Israel, donde en 1962, fue ejecutado en la horca después de un largo juicio; en palabras de Peter Malkin, agente del Mossad encargado del secuestro de Adolf Eichmann: “Lo más inquietante de Eichmann es que no era un monstruo, sino un ser humano”; y Robert Ley consiguió suicidarse antes de la celebración de los juicios.
Pero aún quedaron otros responsables vivos y capturados a los que incriminar que fueron detenidos. En el juicio fueron absueltos Hjalmar Schacht, Hans Fritzsche y Franz Von Papen. Condenados a cadena perpetua: Rudolf Hess, Erich Raeder y Walter Funk; a 20 años Albert Speer y Baldur von Schirach; a 15 años a Konstantin von Neurath y a 10 años a Karl Dönitz (Doenitz). Los penados fueron llevados a la prisión de Spandau (Alemania) y fueron custodiados por las cuatro potencias ganadoras de la II Guerra Mundial, hasta la muerte de Rudolf Hess, en 1987, último preso que cobijó la prisión, que a posteriori fue destruida por los británicos, con el fin de que no se convirtiera en templo del nazismo. La horca, fue la pena impuesta a: Hermann Goering, Joachim von Ribbentrop, Wilhelm Keitel, Ernst Kaltenbrunner, Alfred Rosenberg, Hans Frank, Wihelm Frick, Julius Streicher, Alexander Seyss-Inquart, Fritz Sauckel, y Alfred Jodl. La ejecución fue encargada a John C. Woods, verdugo de San Antonio (Tejas), y fue llevada a cabo el 16 de octubre de 1946. Goering, el día anterior, ingirió cianuro, lo que impidió que fuera ajusticiado. Todos los cuerpos de los condenados a muerte fueron quemados en los hornos crematorios del campo de concentración de Dachau (Alemania), y sus cenizas esparcidas en el río Isar, en Baviera (Alemania).

Por primera vez la guerra era radiada y narrada en tiempo real. En los Juicios de Núremberg, deslucidos por las críticas, los hombres se enfrentaban a la guerra cara a cara, lo que la hizo más sanguinaria e inhumana. La atrocidad de la guerra llegaba a todos por medio de imágenes que detallaban la liberación, los cadáveres, la destrucción, la asolación… dando cuenta de que la guerra es más monstruosa cuando se mira cara a cara, desde fuera, como testigo. A los acusados se les contemplaba intentando percibir el arrepentimiento, atisbar lo que les había hecho llegar a cometer, siendo hombres normales, tales barbaridades o, qué se había desencadenado en su cabeza para llegar a tales comportamientos, a la depravación. Los juicios no respondieron a tales cuestiones ni expectativas. El mundo se estremeció e intentó olvidar, había comenzado la reconstrucción de una Europa arrasada y desolada.

La II Guerra Mundial dió paso a un nuevo orden internacional, actualmente vigente, que bajo el auspicio de los Procesos de Núremberg, debía mantener la conciliación. Sin embargo, la paz se vió resquebrajada, con un nuevo desafío bélico, la Guerra Fría, entre dos bloques, EEUU y Rusia, que durante la celebración de los procesos, intentaron liderar la paz y ser ejemplo de concordia.

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...por Ángela Melero ...por Ángela Melero


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