El Rey Sancho VII de Navarra (1154-1234) se convirtió en un ambicioso hombre de negocios además de monarca. En Tudela, su capital, y en sus alrededores realizó inversiones de todo tipo, como heredades, hornos de pan, casas y cotos.
Las arcas reales navarras gozaban de muy buena salud, pero la codicia de Sancho VII y su visión empresarial dirigieron su afán recaudatorio hacia un terreno turbio con el que las familias reales siempre habÃan tratado de aparentar lejanÃa: el vicio de su pueblo.
AsÃ, el rey navarro se hizo con tabernas y locales de alcurnia, tanto de la nobleza como del campesinado. En ellos se apostaba a los dados y al tiro al blanco con ballesta o con dardos con su consiguiente beneficio para la casa, amén del que le reportaban los rÃos de alcohol y la prostitución.
Habitualmente, donde hay vicio y exceso éstos pueden derivar en confrontaciones entre los clientes. Sancho supo aprovechar la debilidad humana para sacar también provecho de las posibles agresiones con esta orden tan particular:
“Cualquier que diere palmada o puñada, o tirare por los cabellos, o diese coces a otros hombres en las tafurerÃas del rey, que pague dos maravedÃes”
Fuente: Apodos reales. Historia y leyenda de los motes regios. JAVIER LERALTA. Ed. SÃlex
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