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Lepanto: Una batalla decisiva en nuestra Historia

A lo largo de la Historia podemos documentar varios enfrentamientos entre turcos y cristianos pero quizás sea el acontecido en el golfo de Lepanto en 1571 el enfrentamiento por excelencia.

Una de sus características más atractivas quizás sea la importante cifra de personalidades que participaron en el conflicto y que han hecho Historia, personajes de la talla de Miguel de Cervantes.

Hasta la fecha, el Islam había avanzado de forma progresiva e intermitente a través de la península de Turquía rumbo a Europa haciendo mella en distintos aspectos de la vida cotidiana de sus pobladores. Macedonia, Bulgaria, Serbia y Bosnia son ejemplos de regiones europeas que sucumbieron al poderío turco y que, aún hoy, continúan conservando en sus creencias, forma de vida… reminiscencias de dicha ocupación.

En el Mediterráneo la situación era bastante similar, las galeras turcas irrumpían en todos y cada uno de los puertos más destacados del norte de África como eran Túnez, Marruecos o Argelia sin respetar costa alguna. Uno de los objetivos más suculentos era Italia, emplazamiento donde chocarían los intereses turcos con los españoles.

Una de las ciudades más prósperas del Mediterráneo era Venecia; ésta se había convertido en una ciudad-estado dirigida por una corporación de comerciantes y banqueros que habían alcanzado la prosperidad gracias a la venta de productos provenientes de la India y China en el mercado europeo. Esta floreciente bonanza había favorecido la creciente creación de bases comerciales y puertos, a modo de cadena, que abarcarían desde la región de Dalmacia, pasando por el Mar Egeo hasta el Mediterráneo Oriental.

Por este simple hecho la ciudad de Venecia se convertiría en uno de los principales objetivos de los turcos. No era la primera vez que la ciudad se veía las caras con tal peligro ya que treinta años antes surgió la necesidad de crear una liga entre España, el Papa, Génova y Venecia para hacer frente a la coacción enemiga. Esta vez más valía dejar en paz el recuerdo ya que los resultados de dicha hazaña se decantó a favor de los turcos produciendo, en consecuencia, un alejamiento entre los propios aliados al no querer ninguno responsabilizarse de los resultados negativos tras la contienda.

El hecho de que los portugueses interrumpiesen en las rutas venecianas a partir de la circunnavegación y la tensa presión turca sobre posesiones venecianas reavivó la idea de que los venecianos pudieran perder todas sus bases de manos de estos últimos. Nada valió, entonces, la diplomacia o los intentos por encontrar un acuerdo con el Sultán a través de los generosos sobornos a los que se veían acostumbrados.

Ahora, a pesar de las rivalidades y después de tanto tiempo, resurgía la desesperada necesidad de encontrar apoyo en aquellas fuerzas ya que Venecia sola no podía hacer absolutamente nada contra los turcos. Aprovechando la elección del Papa Pío V, firme partidario de frenar un hipotético imperio religioso musulmán en el Mediterráneo, aprovecharían para solicitar su apoyo y el de España. El resultado provocó que se celebrase una nueva convocatoria de una Liga Santa al mando de Don Juan de Austria (Generalísimo de las fuerzas de la Liga Santa).

Los momentos previos al conflicto se centraron en la alineación de la flota ya que sabían que a partir de una buena organización tendrían la suerte de su parte. Las famosas galeras españolas cargadas de los marineros y oficiales más temidos de las Marinas de entonces se encontraban, por lo general, en buen estado y hasta arriba de artillería. Sin embargo, muchas de las naves venecianas presentaban un pésimo estado de sus cascos y sus tripulaciones (debido a las prisas) eran escasas y mal disciplinadas.

La armada aliada estaba formada por 70 galeras españolas (sumadas las propiamente hispanas con las de Nápoles, Sicilia, y Génova), 9 de Malta, 12 del Papado y 140 venecianas. Los combatientes españoles sumaban 20.000, los del Papa 2.000 y los venecianos 8.000. La flota estaba confiada teóricamente a Juan de Austria y dirigida efectivamente por jefes experimentados.

La armada de la Liga se distinguiría al enarbolar en su palo mayor un estandarte de color azul decorado con Cristo crucificado y la Virgen de Guadalupe y los escudos de España, el Papa y Venecia.

La estrategia empleada para la navegación dependía del tipo de función que asumiera cada embarcación. Se había dispuesto que hubiese un grupo de naves de exploración y el resto que conformase las cuatro escuadras que asumirían el grueso de la encarnizada lucha. La escuadra de descubierta estaba formada por tres galeras españolas y cuatro venecianas al mando del catalán Don Juan de Cardona y su labor era la de navegar ocho millas por delante de forma que pudiese informar de la existencia de cualquier nave que se sospechara enemiga.

La primera escuadra o también llamada Cuerno derecho era comandada por Gian Andrea Doria y estaba formada por 25 galeras de Venecia, 26 españolas y 2 del Papa; como insignias enarbolaban una bandera verde en la capitana y banderas triangulares del mismo color en el resto de las galeras. La segunda escuadra o cuerpo de batalla estaría formada por 64 galeras comandadas por Don Juan de Austria a bordo de la nave la Real cuya bandera ondeaba en color azul como el resto de sus naves.

La tercera escuadra o cuerno izquierdo estaría compuesta por 53 galeras con distintivos amarillos y cuyo mando estaba en manos de Agostino Barbarigo. Por último lugar, se decidió que en la retaguardia se colocasen 30 galeras al mando de Don Álvaro de Bazán quien, en su nave con distintivo blanco, a una milla por detrás de la flota se encargaría de recoger las naves retrasadas y siendo remolcadas por seis galeazas venecianas al mando de Francesco Duodo.

El papel de la artillería fue crucial en esta batalla y marcaría un hito para enfrentamientos posteriores y en la evolución de las Fuerzas Armadas a lo que conocemos en la actualidad. Dicha artillería se dispararía con el único fin de causar el mayor daño posible.

Con el viento a su favor la flota turca sería la primera en ponerse en camino contra su objetivo. Desde la nave principal turca, la Sultana, se lanzaría el primer cañonazo lanzando el terrible desafío. La respuesta de La Real no se hizo esperar.

Las victorias españolas en los flancos centro e izquierda parecían no favorecerles ya que en otros flancos los turcos hacían estragos en las naves y en sus tripulaciones aliadas. La artillería se encargaría de hundir multitud de barcos.

Don Álvaro de Bazán, muy ocupado en la defensa de La Real sería el artífice de dar el golpe final a La Sultana, nave capitana de los turcos; dicha derrota pasaría de nave en nave.

Es curioso como aquel precepto basado en la organización y en la disciplina marcada por la estrategia parecía haberse volatilizado; entre embarcaciones envueltas en llamas, multitud de muertos, despojos entre cadáveres, botes repletos de supervivientes… maniobraban las galeras en persecución de las otras. Fue Uluch Alí quien aprovecha este caos y apresar alguna embarcación aliada del cuerno derecho, para luego dirigirse hasta Lepanto y así reunir cuantas naves fuera posible de forma que se pudiese aprovechar la remota oportunidad de retomar la lucha.

El auxilio de las naves de Gian Andrea Doria y la persecución de Uluch Alí por parte de D. Álvaro de Bazán no tendría buen provecho ya que, debido al cansancio de los remeros, no les fue posible interceptar aquellas furtivas naves turcas aunque, tras no llegar a buen puerto las intenciones de Uluch Alí, la batalla estaba ganada.

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...por Carolina Fontanals ...por Carolina Fontanals


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1 comentario en Lepanto: Una batalla decisiva en nuestra Historia

  1. Tal y como comentas en este fantástico documento sobre la Batalla de Lepanto, se trató de una de las más decisivas batallas para la historia del Cristianismo.

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