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Las Navas de Tolosa: Lucha entre dos mundos

Son muchos los capítulos que hacen de la Historia de España uno de los apartados más significativos de la Historia Universal pero es, quizás, sin duda alguna; la batalla acaecida en 1212, la más sonada.

El escenario, un remoto punto a cinco kilómetros de Santa Elena, en la provincia de Jaén y muy cerca del paso de Despeñaperros. Por entonces, los árabes dominaban casi toda la península ibérica, su sistema de organización por reinos se le llamaba taifas y su influencia apenas permitía a su eterno enemigo, los cristianos, ampliar su marco de influencia más allá del río Tajo. Cuando el sistema sufrió los vestigios de la debilidad las tornas cambiaron y no tuvieron otra solución que recurrir a la compra de la paz y la protección de los monarcas cristianos a cambio de desbordantes tributos anuales.
Las respuesta no se hizo esperar y mientras que en la península ibérica los cristianos tomaban posiciones, al norte del continente africano un pueblo de origen berebere, llamados almorávides, empezaban a destacar entre el resto por su fama de invencibles. El perfil guerrero de este singular pueblo y la popularidad que precedió a sus campañas fueron las causas que llevaron a los antiguos reyes de taifas a solicitar su ayuda como último recurso para recuperar su poderío y hacer retroceder los cada vez más confiados pueblos cristianos del norte.
El envío de fuerzas de apoyo por parte del imperio almorávide (1086) y el enfrentamiento contra los cristianos en Zalaca marcarían un punto y aparte en el curso de la historia. La victoria de este nuevo pueblo invasor hizo que lo que en un principio había sido una colaboración con los antiguos reyes de taifas en su tarea de restablecer su poder en la península, pasara a convertir al almorávide en el innegable vencedor y en reunificador de lo que había sido Al Andalus, desoyendo el trato que les llevó a la península y pasando este territorio a formar parte de su imperio.

Cuentan los historiadores de la época que la característica más denotada, la que le encumbró durante muchos años a este pueblo almorávide, no fue otro que la rudeza y la escasa civilización de la que hacían gala. Casi cien años después, todo ese militarismo, violencia y valentía del que hemos estado hablando fue desapareciendo debido a su refinamiento y su sometimiento a la civilización. Estamos seguros que este hecho fue uno de los factores que provocarían el derrocamiento de dicho pueblo, el nuevo fraccionamiento del al-Andalus árabe y la llegada de otras poderosas campañas de reconquista por parte de los reinos cristianos liderado por el rey Alfonso VIII de Castilla.

La historia se repite por lo que hay que buscar la solución en el pasado para ver cómo hacer frente a la delicada situación en que se encuentra el reino almorávide en el año 1140. Mientras tanto, la debilidad se hace cada vez más notable y es aprovechada por otro pueblo conocido como “almohade” para alzarse con las armas hasta hacerse con el norte de África, no tardarían mucho en poner los ojos en al-Andalus.
Un rápido fortalecimiento cristiano parece frenar el avance almohade pero, una vez muerto el rey, toda la campaña llevada a cabo sobre Andalucía se desmorona al instante dejando la entrada libre a unos fortalecidos almohades; éstos, una vez hubieron atravesado Sierra Morena no dudarían en atacar Castilla y protagonizar una importante batalla: Alarcos (1195) donde los cristianos sufrieron una colosal derrota.
Lo cierto es que, de nuevo, la línea del Tajo apenas podía contenerlos. Sin embargo la paz llegó como agua de mayo cuando, llevados por los sucesos de la política interior del imperio, los almohades aconsejaron pactar una tregua de diez años (1197).

Se dice que, a pesar de la suerte que corrieron los reinos cristianos, el sentimiento de venganza seguían latente y fue el deseo de revancha el que acercaría a más de un reino cristiano (como el caso de León, Aragón, Portugal, además del apoyo del mismísimo Papa Inocencio III). Se dice que la batalla de las Navas de Tolosa se originó en los púlpitos, cuando un ejército de religiosos predicaba la doctrina contra el pueblo hereje y la admisión de la guerra como medida resolutiva contra la herejía. Así, también, nace la Cruzada.

En el año 1212, todo el pueblo cristiano se mostraba airado ante la actitud desafiante almohade y hace de la ciudad de Toledo la sede de reunión y de partida para todas aquellas personas que quisieron engrosar las filas cristianas en esta cruzada; incluso, algunos cruzados procedentes de Italia, Lombardía, Galia y reinos alemanes quienes no destacaban por su número sino más bien por la calidad que ellos aportaban.
No sólo podemos documentar un fortalecimiento de las fuerzas del bando cristiano sino que, a la par, se preparó un gran ejército nacido en Marraquech y comandado por Al-Nasir, que veía en este enfrentamiento la justificación para hacer la guerra santa y extender la verdad de Mahoma. Sería con el inicio de la primavera cuando las tropas almohades cruzaran el estrecho y, atravesando Tarifa, se asentasen en la plaza de Alcazar Seguir. Además, el hecho de estar bien informados de las intenciones cristianas no hizo más que, desde el sur de la península y a través del Guadalquivir, se dirigiesen hacia la mismísima ciudad de Toledo con el único objetivo de acabar de un plumazo con las tentativas cristianas por el control de la península.

Un día 20 de Junio del año del señor 1212, el ejército cristiano se lanza a la ofensiva; la primera parada se hace en el castillo árabe de Malagón donde la victoria fue arrasante pero algo sangrienta por parte de los extranjeros quienes no conocían el significado del perdón ante la rendición. La siguiente parada sería Calatrava, un importante enclave entre la región andaluza y la de Castilla; la toma de dicha fortaleza supondría para ambos bandos una muestra del poderío militar y estratégico, además de controlar uno de los puntos de paso más importantes de la península.

Hasta la fecha, dicho reducto había sido custodiado por los mismísimos templarios pero, una vez comprobada su incapacidad de hacer frente a las constantes tentativas enemigas por lograr el control de Calatrava, no tuvieron más remedio que abandonar su empresa. Es en este mismo instante cuando surge la Orden de Calatrava, un numeroso grupo de caballeros- monjes cistercienses que unieron su coraje y entregaron sus vidas por la defensa de Calatrava. La bárbara reconquista de los almohades hizo que cayese en manos herejes y que fuese gobernada por uno de los más preparados guerreros andalusíes, Abu Qadis ; la llegada de las tropas cristianas en la fecha que nos reúne y la exitosa campaña que realizaron sobre el castillo constituyó un importante avance en estos inicios de la Cruzada pero también que la mayoría de los extranjeros incorporados a filas regresaran a sus respectivos países debido a la decisión de conceder franquicia a los vencidos, reduciendo el a un tercio los efectivos del ejército cristiano.
Mientras tanto, Al-Nasir esperaba a los cristianos a pocos kilómetros de allí donde había montado sus campamentos en estratégicas posiciones. En sólo unos días los dos ejércitos apenas estaban separados por un desfiladero (el de la Losa) que estaba fuertemente defendida por tropas almohades lo que cualquier tentativa de cruzarlo no era más que un suicidio. Entre los altos mandos cristianos esta realidad llevó a más de un replanteamiento y, los más prudentes, a proponer desandar lo andado y buscar otro medio de atravesar dicha ratonera.

En el planteamiento de esta campaña surge lo que los cristianos de la epoca denominaron un milagro pero lo cierto es que la suerte les sonrió cuando conocieron a un pastor que conocía otra forma de atravesar el desfiladero, un camino que no era custodiado ni conocido por los almohades.
Entretanto, Al-Nasir, situado favorablemente sobre el terreno, se dedica a inspeccionar la zona y hacer un exhaustivo seguimiento de los movimientos del enemigo.
Una vez alcanzada la otra cara del desfiladero, ayudados por el pastor de las Navas, los cristianos llevaron a cabo la carga de los tres reyes (Sancho el Fuerte de Navarra, Pedro II de Aragón, Alfonso VIII) con tal fiereza que, aunque debemos hablar de una importante resistencia, el ejército almohade quedó absolutamente desintegrado.

La batalla de las Navas de Tolosa había llegado a su fin y su resultado no hizo más que alejar la invasión musulmana de los reinos cristianos, inició el proceso de desmembramiento del imperio almohade y estableció una fecha de partida en la Reconquista que les llevaría 40 años hasta lograra tomar hasta el último rincón del sur de la península, hasta ahora bajo el yugo musulmán.

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...por Carolina Fontanals ...por Carolina Fontanals


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