Sociedades secretas unidas por lazos de lealtad y parentesco dedicadas a una serie de negocios ilícitos con capacidad para extender sus tentáculos sobre los funcionarios del estado y los hombres de negocios mas proclives a la corrupción, llegando incluso a utilizar la violencia y el chantaje contra todos aquellos que opten por desafiar su poder.
Estos pueden ser las características a las que todos recurrimos cuando oímos el término “mafia”. Es cierto que los tipos duros que visten con gabardina y sombrero y que por complemento utilizan el revolver y la ametralladora ,forman parte del arquetipo de matón mafioso que todos albergamos en nuestro cerebro, al igual que el anciano y elegante siciliano ejemplifica como ningún otro nuestro estereotipo de patriarca o jefe del clan mafioso. A consolidar estas imágenes contribuyó en buena medida el buen hacer de los guionistas y productores de Hollywood, que a través de películas como “El padrino” o series del tipo “Los Soprano”, ayudaron a consolidar en nuestro cerebro las imágenes anteriormente descritas. Sin embargo, la mafia como fenómeno tiene unos orígenes muy anteriores al Chicago de los años 30 y 40, y lo mismo podemos decir de sus fines primigenios, como a lo largo de este artículo veremos.
Como decíamos al inicio de este artículo, el concepto de mafia hace referencia a ciertas sociedades secretas que operan al margen de la legalidad vigente y disponen de su propio código de conducta. Etimológicamente hablando, la palabra “mafia” nos transporta a Italia, en concreto a la zona sur de esta república, a la isla de Sicilia. Y aunque el fenómeno mafioso se dé en diferentes épocas y escenarios (especialmente en la actualidad, donde proliferan los mas variados grupos mafiosos de distintas nacionalidades), aquí vamos a centrarnos específicamente en la mafia siciliana, que probablemente sea la más popular y representativa de todo este complejo fenómeno.
Podríamos empezar por preguntarnos cuál es la razón de que surja en Sicilia un tipo de organización social como esta y se consolide llegando incluso a transplantar estas estructuras al Nuevo Mundo. Para poder dar respuesta satisfactoriamente a estas preguntas, debemos clavar nuestra mirada en la situación político social existente en esta isla a finales de la Edad Moderna y comienzos de la contemporánea. Lo que nos encontramos en este territorio durante esta etapa, es la pervivencia de un régimen señorial del tipo feudal que mantenía a la masa campesina en una situación de servidumbre y dependencia comparable a la que tenían que soportar los siervos de la gleba en países como Polonia, Rusia u otras regiones del este europeo. A diferencia de estos últimos, en Sicilia surgió una organización comunitaria y clandestina de cobertura y apoyo mutuo entre los campesinos frente a los abusos y la arbitrariedad del poder señorial. Desde este temprano momento podemos comprobar cómo están presentes dos de los rasgos mas característicos de la sociedad mafiosa: el capo y la “omerta”. El primero estaba situado en lo más alto de la estructura mafiosa, y era el que estaba capacitado para impartir justicia de forma automática, recurriendo, llegado el caso a las famosas “vendettas”. El otro elemento al que aludíamos es la “omerta”, o ley del silencio. Este es uno de los pilares básicos sobre los que descansa la arquitectura mafiosa. Tanto es así que sería verdaderamente difícil entender la supervivencia de este tipo de redes sin la existencia de esta ley del silencio.
Junto con el anterior, otro ingrediente que sirve para articular la sociedad mafiosa es la familia. La familia de sangre reproduce a pequeña escala todas las relaciones que se dan en la organización mafiosa en un nivel general y esta a su vez reproduce en un contexto más amplio las relaciones que se dan. en una familia de sangre organizándose como una “familia política”.
Así pues, como podemos observar, la relación entre ambas estructuras es de una influencia recíproca. Ahora bien, la importancia de la mafia en sus primeros tiempos va más allá de una simple asociación de malhechores. Durante mucho tiempo en Sicilia los representantes del poder (generalmente extranjeros hasta el siglo XIX) se vieron obligados a pactar con los representantes mafiosos para hacer que su poder fuera verdaderamente efectivo y no puramente nominal. De esta forma, nos encontramos con otra característica fundamental del fenómeno mafioso, la colaboración entre este y elementos de las autoridades políticas oficiales o algunas de sus instituciones más representativas. Como veremos, posteriormente estas relaciones de colaboración no será algo puramente autóctono en la historia de la mafia, sino que andando el tiempo y con la emigración a Estados Unidos principalmente, veremos como se reproducen estos modos de actuar. En este punto conviene hacer un alto en el camino para introducir una explicación necesaria paran o caer en un infantilismo romántico, según el cual las acciones o el espíritu de la mafia fueron tendentes a promover una especie de sociedad igualitaria. Nada más lejos de la realidad. Cuando al comienzo de estas líneas apuntábamos a la existencia de una actividad de defensa común frente al poder oficial, debe entenderse que los individuos que encabezaban las organizaciones mafiosas, lo que principalmente perseguían al ofrecer esta cobertura, era atraer a más gente a sus redes, aumentar su influencia e incrementar su poder a costa de socavar el de las instituciones públicas. De tal forma que como puede observarse, no hay ninguna intención de transformar la sociedad existente en otro tipo cooperativista o similar. Mas al contrario sí que se da la intención de situar a los poderes públicos bajo la órbita de influencia de las capas mafiosas, aprovechándose estos del resentimiento de las clases populares.
Conviene aclarar también en este punto que las organizaciones mafiosas se encuentran muy cómodas operando en un segundo plano y dejando que sean las autoridades que ellas tienen en nómina las encargadas de concentrar sobre sí mismas la atención pública, especialmente si se trata de un contexto enclavado en sociedades capitalistas avanzadas. Pero volviendo al curso de nuestro relato, en la Sicilia decimonónica vemos a las mafias como protagonistas indiscutibles de la historia local, conspirando contra los liberales de la década de los 20, participando con Garibaldi en la expulsión de los borbónicos de la isla en la década de los 60 o incluso colaborando con las tropas americanas una vez acabada la Segunda Guerra Mundial en la reconstrucción política de Italia. Pero la mafia siciliana no sólo tuvo influencia en su territorio local sino que gracias a la emigración a América todas sus estructuras se trasladaron miméticamente al nuevo territorio donde volvieron a caracterizarse por sus tradicionales métodos de soborno de cargos públicos, contrabando, ilegalidad y lealtad entre los miembros de la organización. Podemos afirmar que el traslado fue todo un éxito, pues el grado de notoriedad alcanzado fue extraordinario especialmente en los años 30 y 40. Para finalizar podemos afirmar que la mafia no es algo del pasado, sino que a día de hoy aun tiene mucha influencia, y no sólo la siciliana.
En la actualidad existen muchas mafias de diferentes nacionalidades que compiten con la siciliana por el protagonismo.

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