En contraposición a la Primera Guerra Mundial, el estallido de una segunda fue, aunque nos suene increíble, algo premeditado e incluso podríamos atrevernos a afirmar que fue puesta en marcha con alguna urgencia atendiendo a esa fervorosa necesidad por sumir al mundo en la catástrofe.
Si nos situamos en el año 1939 nos encontramos con una Alemania completamente presa de los propósitos del tratado de Versalles y bajo los designios de un nuevo líder, Adolf Hitler, se muestra ávido por atender la debilidad de la nación mediante la apertura de sus fronteras y crea un plan de actuación enfocado a la búsqueda de la expansión económica y así poder hacer frente a la penuria vivida en esos últimos años.
Este firme propósito pasaría a fundamentarse más bien en una ambición personal porque la guerra era para él algo así como “el estado natural de la Humanidad amparado en la debilidad de una nación” por lo que, y sin ningún tipo de miramientos, la ofensiva sería llevada a cabo en las filas alemanas mediante las aberraciones más horripilantes jamás imaginadas en pos del gran objetivo.
En nuestro deseo por concretar las causas más determinantes que llevaron al inicio de la guerra nos es grato ofrecer al lector varios agentes que explican la razón de la actuación alemana y el estallido de la Segunda Guerra Mundial, factores como es la violación de los tratados que ataban a la “bestia” alemana (siendo el motor de un aumento de la conflictividad en Europa); en segunda lugar, el vacile de la mayoría de los países ante el rearme alemán o la necedad de algunas potencias más tarde protagonistas de la Historia ante el creciente protagonismo alemán en la política internacional (véase la arrogancia demostrada por el gobierno de Polonia ante su confiado pensamiento de que podía actuar como una gran potencia y frenar la inevitable invasión de Polonia de 1939) y, en tercer lugar, recogiendo las palabras de Kissinger, el exacerbado interés por dedicar más tiempo a meditar sobre las peculiaridades psicológicas de quien la dirigía en lugar de emplear ese tiempo y esfuerzo en buscar recursos a contrapesar el creciente poder bélico de Alemania.
Alemania contaba a su favor con una capacidad bélica muy superior a la de cualquiera de sus enemigos por separado y, en el caso concreto de la aviación, ésta estaba por encima de todos ellos incluso en su conjunto debido a la prolifera inversión realizada sobre la industria bélica o a las novedades en la tecnología de guerra (como es el caso de efectivos con brigadas paracaidistas).
Al igual que en la Primera Guerra Mundial, ésta se concibió como una “Guerra Relámpago” pero nada más iniciar el ataque sobre Polonia (1939) los mandos alemanes se darían cuenta que la derrota no se lograría con tanta facilidad como así se suponía.
Muchas fueron las herramientas puestas en marcha para arrancar el motor de la guerra y el juego de alianzas fue una de las más importantes dentro de la estrategia; con el famoso pacto firmado entre la URSS de Stalin (quien se convertirían en un motor aprovisionador de materias primas para el III Reich, que tenía acuciante necesidad de ellas) y la Alemania de Hitler (quien cedió vía libre para organizar el área de influencia que Hitler le había concedido) se iniciarían las primeras operaciones en el Atlántico, el objetivo más inmediato era integrar en el perímetro defensivo a unos teóricamente independientes Países Bálticos a modo de satélites vitales. El curso de los acontecimientos llevó a la suma de más aliados al bando del Eje como fue el caso de Italia la cual provocaría con su entrada en el Pacto que la balanza se inclinara a su favor facilitando el avance alemán por todo el hemisferio norte rumbo a sus siguientes objetivos: Francia, Bélgica, Holanda…
El proyecto bélico de una Alemania imparable no olvidó la oportunidad de invadir y hacer frente a la poderosa pero solitaria Gran Bretaña. Con la declaración de guerra a todos los mercantes con bandera inglesa y, mediante la conocida operación “León marino”, estalló la batalla de Inglaterra. En el verano de 1940 se hizo patente la resistencia de los británicos ante la superioridad alemana aérea y otros efectivos navales, a través del Canal de la Mancha y sobre la propia capital inglesa.
El siguiente paso alemán sería hacia el Este; la decisión fue promovida por el propio Hitler quien opinaba que Rusia dejaba de ser útil por lo que la alianza llegó a su fin. Bajo el nombre de “Operación Barbarroja” (1941), las fuerzas alemanas dirigieron todos sus esfuerzos en dirección a Moscú por lo que Stalin respondió con una idéntica dureza.
En los propósitos de muchas potencias europeas el continente africano se presentaba dentro de los planes estratégicos, y siguiendo la concepción más tradicional, como la vía perfecta para un desembarco en el Mediterráneo. Para los alemanes era un camino largo y difícil pero, a su vez, entrañaba el desembarco en África del norte, después en Europa y el franqueo de las defensas aliadas, Rommel sería el encargado de liderar con éxito esta epopeya.
También en este mismo año el conflicto se hace patente en un nuevo frente, en el recóndito océano Pacífico tras el inesperado ataque japonés a la base estadounidense de Pearl Harbor. Desde 1930, Japón se encontraba atendiendo a su expansión vital; tras este ataque y cegados por la facilidad de sus victorias, se dirigirían hacia el sur tomando posiciones aliadas de gran relevancia estratégica en pos de la extensión del perímetro defensivo japonés.
El año 1942 fue mucho más terrible, en pos por lograr el equilibrio y por mantener la resistencia nos encontramos con que la navegación aliada había perdido gran cantidad de efectivos navales sólo a causa de los submarinos; en África, a pesar de ser un escenario vital para los italianos e ingleses y secundario para los alemanes, el Eje obtuvo victorias pero al no ser resolutivas en la práctica llevaron a que los aliados forzasen la retirada de las Fuerzas del Eje del Norte África. Mientras Francia seguía bajo la influencia fascista, el escenario ruso continuaba inmerso en duros ataques para evitar que la ciudad de Stalingrado cayese en manos alemanas. El avance nipón seguía con su ofensiva estratégica por extender el perímetro defensivo de Japón; las islas Salomón (batalla del Coral), Nueva Caledonia, Samoa, las islas Fidji, Midway y las islas Aleutianas fueron los objetivos más inmediatos; a la altura de Guadalcanal, el proceso de reconquista norteamericano lograría que la situación se interpretase como si correspondiera a un momento de juego en tablas y el primer freno a las fuerzas orientales.
A pesar de que en 1942 las ofensivas alemanas continuaran, la suerte había cambiado de campo ya que, en sólo un año, las posibilidades por conseguir aquellas fulgurantes victorias empezaron a agotarse. En África continúa la retirada alemana y la sensación de equilibrio entre los contendientes nos muestra una lucha por el ansiado desenlace cargada de aún más enfrentamientos claves.
A la rendición de Stalingrado le siguieron otras muchas, el Eje se debilitaba y en este mismo año Italia caía a pesar de que su aportación apenas fue importante en el conflicto; el desembarco en Sicilia, más tarde en Normandía o la batalla de Kursk por las fuerzas aliadas logró detener aquellas defensivas alemanas que en Europa, como se ha dicho en innumerables ocasiones, aún tenían tiempo de triunfar para trasladar más efectivos hacia el Mediterráneo.
A otro lado del Mundo, el contraataque norteamericano continuaba en pos de restablecer el poder naval estadounidense en el Pacífico. La guerra en el mar juega en esta guerra un papel preponderante ya que, además de constituir el escenario de la misma, explica muchos de los acontecimientos bélicos producidos en tierra; muchos islotes cobraron importancia en la empresa de avance aliado sobre el Pacífico, en el caso de la batalla de Midway fue la primera derrota sufrida por la escuadra japonesa en trescientos cincuenta años.
En el paso del año 1943 a 1944 los cambios se encaminaban hacia un final que parecía indicar ser favorable a los aliados por lo que logran reafirmarse en el campo de batalla. Los franceses rompen las líneas alemanas, Rusia se lanza contra los moribundos soldados alemanes, se van liberando a los territorios bajo yugo alemán… Pero sería el desembarco de Normandía la empresa más difícil y decisiva hasta la fecha, el plan involucraba al grueso de los ejércitos estadounidense y británico, apoyados por tropas auxiliares canadienses, francesas, polacas y de otras nacionalidades para asaltar las playas de Normandía, por medio de desembarcos anfibios; el Ejército alemán seguía siendo el de más calidad en Europa a pesar de sus recientes derrotas y llevaba cuatro años preparándose para un posible desembarco enemigo, un simple fallo acarrearía las consecuencias más graves ya que se necesitaría mucho tiempo para volver a montar una nueva operación de tal magnitud. El objetivo: lograr el final de la guerra submarina, el dominio del aire y de la tierra.
Con un pie en la paz, el imparable ejército rojo llega hasta las mismísimas puertas de Alemania y se canaliza todo el esfuerzo en acabar con la loca e indiscriminada persecución de judíos, con el Fascismo y con el creciente antiamericanismo que tanta resistencia estaba ocasionando en pequeños bastiones.
Ya en 1945, el Mediterráneo se había convertido en una lago aliado; Mussolini es detenido, ejecutado y expuesto (ya cadáver) ante la multitud milanesa.
En Alemania se suceden una cadena de suicidios de altos mandos nazis incluido el del propio Hitler con su amada Eva Braun, la capitulación no se haría esperar.
En el Pacífico, el Imperio japonés, amparado por el convenio con la URSS (marzo de 1944) que ratificaba la neutralidad de ésta proseguía su lucha contra el experimentado avance estadounidense en bases tan emblemáticas como la de Truk en las islas Carolinas, Guam en las islas Marianas, las islas Filipinas… en pos del dominio de este mar y el cerco de Japón.
La aplastante superioridad, la rapidez y la espectacular ofensiva que habían desarrollado las fuerzas japonesas no pudieron evitar que Japón se viese envuelto en los efectos de la bomba atómica del bombardero estadounidense Enola Gay.
Con la capitulación nipona podemos dar por finalizada la guerra. Seis años y dos días habían sido necesarios para abrir una nueva etapa en la Historia marcada por el Mundo de la Posguerra, el Nuevo Orden Mundial, la descolonización y la aparición de dos partes enfrentadas.

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