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La Guerra de Independencia Española: La expresión del sentimiento español

Carlos IV y, su hijo, Fernando VII, alentaron y provocaron la ocupación francesa de España. Será el pueblo español el que, espontáneamente, se una en defensa del Rey y del territorio. Nace el sentimiento nacional y una incipiente idea de España como nación.

La invasión de las tropas francesas de España comienza en octubre 1807, con la firma del Tratado de Fontainebleau entre Godoy (valido o ministro de Carlos IV) y Napoleón Bonaparte, con el objetivo de invadir Portugal, que no secundaba el bloqueo que Napoleón imponía hacia Inglaterra, aliado lusitano y enemigo de Francia, y dividirlo en tres provincias: el norte sería para el rey de Etruria (Italia), el centro se guardaría para futuras negociaciones, y el sur formaría el principado de Godoy. La invasión de Portugal se produjo en noviembre de 1807, teniendo que huir el Rey Juan VI de la Casa Real de los Braganza y su familia hacia sus colonias brasileñas, ayudados por la flota inglesa.

Cercada Portugal, Napoleón, aprovechando la estancia consentida en España, las rivalidades entre Carlos IV y su hijo Fernando VII por el trono y, la división de la población entre uno y otro, decide no sólo permanecer en España sino además invadirla para cerrar todo el litoral europeo a Inglaterra y abastecer de materia prima española a los pañeros franceses. Las intrigas palaciegas entre ambos monarcas y las discrepancias populares de apoyo a uno u a otro rey se manifiestan en el Motín de Aranjuez y las Abdicaciones de Bayona. El Motín de Aranjuez se produce en marzo de 1808 de la mano de los partidarios de Fernando VII, obligando a Carlos IV ceder el trono al Príncipe de Asturias; el Rey era destronado por su propio hijo. Posteriormente, ambos reyes serán reunidos por el Emperador Bonaparte, con una gran habilidad política, en Bayona, donde se firmarán las Abdicaciones el 5 de mayo de 1808, de las que obtendrá la cesión de España al abdicar Fernando VII en Carlos IV y éste ceder la corona española a Napoleón. Para asentarse en el poder, Napoleón nombrará a su hermano José nuevo Rey de las Españas y de las Indias, legitimándolo mediante la Constitución o Estatuto de Bayona, firmado tanto por José I como por unas ficticias cortes de notables convocadas al efecto por el Emperador. Comienza así el nacimiento de una nueva y breve dinastía, en la que José I no fue bien recibido por sus nuevos súbditos. Este poco afecto se refleja en los irrespetuosos apodados que recibió como Pepe Botella por requisar una partida de vino al pueblo de Calahorra cuando un convoy lleno de mencionada bebida fue asaltado en las proximidades de dicha población, aunque popularmente se asocia a ser un borracho o, Pepe el Plazuelas por su empeño de construir Madrid con un perfecto diseño urbanístico. Sólo consiguió el apoyo de los llamados afrancesados que veían en el nuevo monarca la posibilidad de abrir España a nuevas tendencias reformistas.

La nueva coyuntura política invasora será aceptada por las autoridades tradicionales españolas pero no por el pueblo que se sublevará en Madrid, el 2 de mayo de 1808, contra el ejército francés cuando, en el Palacio de Oriente, ven como el Infante D. Francisco de Paula es obligado por el galo General Murat a abandonar el país camino de Francia con el resto de la Familia Borbona a la que se cree que Napoleón ha secuestrado. La gran represión que utilizó el ejército francés para sofocar el levantamiento, “bellamente” plasmada en el cuadro de Goya, “Los fusilamientos de la montaña del príncipe Pío (3 de mayo de 1808)”, provocará que aumente la francofobia que se extenderá por toda España por medio de diversas insurrecciones al estilo madrileño, acrecentadas cuando Napoleón hace público la proclamación de José I y la nueva Constitución de Bayona, que regirán a partir de 1808, los destinos de las Españas y de las Indias. Dicho escarmiento, la imposición de un Rey extranjero y de una ilegítima constitución, provocará la creación de las Juntas de Defensa provinciales que declararán la guerra a los franceses, encabezadas posteriormente por una Junta Central que se encargará de la creación de una Regencia y la Convocatoria a Cortes Constituyentes en Cádiz, de la que nacerá en 1812, la primera Constitución Española, bautizada como La Pepa por ser promulgada el día de San José, 19 de marzo.

Sin adentrarnos en detalles pormenorizados de batallas, como la de Bailén (1808) que supuso la primera derrota europea de la Grande Armée francesa, Napoleón perdió la incorporación de España a Francia, entre otras causas, por la organización del ejército regular español, por las tropas inglesas, aliadas españolas, del General Arthur Wellesley, Duque Wellington, pero sobre todo por la organización del pueblo español en la Guerra de Guerrillas, modalidad usada por primera vez en la historia. Igualmente la necesidad de enviar efectivos a Rusia, donde la expansión imperial diseñada por Napoleón fracasaba y, por el exceso de confianza del Emperador francés que, en los comienzos de la intervención especulaba con los pocos soldados que le harían falta para llevar a cabo la conquista de España, cuando realmente tuvo que realizar un esfuerzo ingente de efectivos lo que dificultó las demás campañas europeas.

Esta guerra de guerrillas, original de España, caracterizada por el asedio continuo de la población a las tropas francesas, será dirigida y estimulada por un nuevo personaje histórico, que lejos de las altas esferas de poder, se convierte en un líder de masas a las que organiza. Patriótico, ético, heroico, líder carismático, justiciero, cabecilla, guerrillero, defensor a ultranza del Rey, al estilo de las leyendas épicas y con final trágico, asumirá la dirección de la guerrilla, ante un ejército regular sin fuerzas Entre ellos, podemos destacar a Juan Martín Díez “El Empecinado”, Julián Sánchez “El Charro” o Francisco Espoz y Mina entre otros, o gente anónima como Agustina de Aragón en la defensa de Zaragoza, que por una heroicidad puntual, se extendió como ejemplo, favoreciendo y ayudando a que surgieran otros valientes contra la ocupación.

Juan Martín Díez, nació en Castrillo de Duero (Valladolid), el 2 de septiembre de 1775, confluyendo en él todas las características para ser declarado un héroe épico y legendario. Parece ser que el apodo “El Empecinado”, así llamados todos los naturales de Castrillo de Duero, procede de la pecina o fango existente en el arroyo Botijas en el que realizando labores de labranza, acababan empecinados o manchados de pecina; posteriormente, en 1814 y en premio a sus hazañas, se le otorgará el derecho de firma con este nombre, mediante Real Orden y, a sus descendientes, el uso del mismo.
En 1793 participa en la Guerra del Rosellón consiguiendo conocimientos militares y, en 1796 se licencia retirándose a su pueblo natal, en el que se casa, y se dedica a labores del campo. El detonante que provoca el nacimiento de la leyenda de El Empecinado, es la violación en Castrillo de Duero de una joven por un sargento francés, y la muerte de éste en manos de Juan Martín; esta proeza le dispensará una gran popularidad. Tras el levantamiento popular del 2 de mayo, se alista en las tropas regulares al mando del General Cuesta, luchando en las Batallas de Cabezón de Pisuerga (Valladolid) y Medina de Rioseco (Valladolid), en las que el ejército español salió derrotado, y al final de las cuales será apresado injustamente por orden de dicho General. La salida del ejercito regular junto con los conocimientos adquiridos en sus diversas participaciones militares, motivarán a Juan Martín Díez a lanzarse a los caminos y a organizar la guerra de guerrillas cuyas gestas tendrán lugar en las poblaciones de Valladolid, Segovia, Burgos, Béjar, Madrid, Cuenca, Guadalajara, Sigüenza o Alcalá de Henares entre otras.
La capacidad de convocatoria de El Empecinado, se muestra impresionante. Con unos orígenes campesinos, según los cuales sus primeros seguidores fueron, su vecino Blas Paredes y, su amigo, Juan García, natural de Cuevas de Provanco (Segovia), llegó a mandar una tropa que podía combatir al estilo de los ejércitos regulares en campo abierto con la Gran Armada Francesa. En palabras de Benito Pérez Galdós: “El Empecinado, que en Mayo de 1808 había salido de Aranda de Duero (Burgos) con un ejército de dos hombres, mandaba en Setiembre de 1811 tres mil.”(Algunas fuentes señalan seis mil efectivos). La disciplina en sus huestes vendrá dada por la imposición de una remuneración diaria por la defensa de la patria. Napoleón intentó, en muchas ocasiones, apresarlo y llegó incluso a secuestrar a su madre; sin embargo, será Fernando VII quién le persiga y firme su ejecución.
El ocaso de El Empecinado comienza con el fin del Trienio Liberal de España en 1823, por su oposición a los Cien Mil Hijos de San Luis, al mando del Duque de Angulema para restablecer el Absolutismo, y por reprochar a Fernando VII prometer jurar una Constitución de la que posteriormente abjuraría, negándose a imponer. El Empecinado vuelve a combatir, capitulando en Simancas (Valladolid) y exiliándose en Portugal. No tardará en querer volver a España, donde será apresado, en 1823, por las tropas realistas en Olmos de Peñafiel (Valladolid), para ser trasladado a Roa de Duero (Burgos) donde será expuesto a escarnio público en dicha villa, dentro de una jaula, todos los días de mercado durante 2 años hasta su muerte en 1825. Su ejecución no escapa del triunfalismo y de la valentía. Una vez condenado a muerte por traición a manos del corregidor de Roa de Duero (Burgos) y comisionado regio, su enemigo, Domingo Fuentenebro y, firmada la orden de ejecución en la horca por el propio Rey, camino del cadalso el 19 de agosto de 1825, rompió sus grilletes y al intentar huir, fue abatido por los realistas, que finalmente, ahorcaron su cadáver.

La Guerra de la Independencia española finalizó en marzo de 1814, con la Batalla de Toulouse que provocó la abdicación de Napoleón y su derrota definitiva. Pero anteriormente España firmó la paz con Francia el 11 de diciembre de 1813, con el Tratado de Valençay por el que las tropas francesas abandonaban España, y Fernando VII era reconocido como Rey de las Españas permitiéndosele retornar a España desde Valençay (Francia) donde había sido “secuestrado” por Napoleón. Aclamado fervientemente por el pueblo español, “El Deseado” anulará todo lo decretado en Cádiz y dictará una represión contra los liberales y el pueblo que lo defendió. Con Fernando VII empieza un periodo sombrío en la Historia de España.

La guerra de la Independencia tuvo, entre otras consecuencias, la pérdida o emancipación de las colonias americanas. La gran aclamación popular y el deseo del pueblo español por este rey, se desvaneció al imponer nuevamente un absolutismo retrogrado y por el que la historiografía española no le otorga un lugar preferente en su Historia.

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...por Ángela Melero ...por Ángela Melero


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