La impresión es el proceso de realizar múltiples copias de un documento mediante el uso de caracteres móviles y fue desarrollado de manera independiente en Europa y en Asia en tiempos relativamente recientes.
En torno al siglo IV surge en China un tipo de impresión llamada xilografÃa y consistente en una plancha de madera, cobre o bronce, en la que se grababa el texto o la imagen invertido a partir de la cual se realizaban las copias, una a una, tras haber impregnado la plancha con tinta. Este método, adoptado más tarde en la India y en los paÃses islámicos, se difundió durante la Edad Media por Occidente, aunque orientado sobre todo a la reproducción de imágenes sagradas o cartas de juego. Los libros, escritos a mano generalmente por los monjes, eran de una belleza espectacular, pero muy costosos y lentos de producir, de manera que eran unos pocos privilegiados los que tenÃan acceso a ellos.
Sin embargo, hacia la mitad del siglo XV en varias partes de Europa, diferentes impresores comenzaron a experimentar con caracteres alfabéticos móviles, que tenÃan la ventaja de poderse combinar y utilizar más de una vez. Entre ellos estaba Johannes Gutemberg (Maguncia, c.1397-1468), cuyo mérito radicó en haber sabido sintetizar diferentes inventos anteriores como el papel, la prensa (basada en las prensas de vino de la zona del Rhin) o la tinta, para materializar una de las ideas más revolucionarias de todos los tiempos. Gutemberg se dio cuenta de que para escribir cualquier tipo de documento son necesarios no más de cien sÃmbolos entre letras mayúsculas, minúsculas y signos ortográficos de puntuación. Además, ayudado por Johann Fust pensó en dotar a todos los caracteres de una longitud y espesor uniforme y una anchura variable dependiendo del tipo de letra para de ese modo, alineándolos, formar las palabras y frases del texto. Asà los primeros caracteres móviles fueron paralelepÃpedos de madera con un lado tallado en relieve. Los chinos por su parte ya habÃan experimentado con los tipos móviles muchos siglos antes, pero dado que su idioma exigÃa miles de caracteres diferentes, desecharon el método por ser poco viable.
Fabricar un solo carácter no era tarea fácil y requerÃa paciencia y precisión, por lo que el trabajo era realizado generalmente por orfebres. Cada letra o signo era precedida de un diseño, más tarde se reproducÃa con un punzón de bronce o acero en una matriz de metal blando. En la cavidad obtenida se vertÃa plomo fundido el cual, al enfriarse, formaba el carácter tipográfico. Con la misma matriz podÃan obtenerse numerosos ejemplares del mismo sÃmbolo llamados “tipos”.
El primer libro impreso por Gutemberg entre 1452 y 1456 fue la Biblia, llamada “de las 42 lÃneas” porque ese era precisamente el número de lÃneas por columna y una total de 1282 páginas. Se imprimieron 180 copias de las cuales hoy sólo quedas 48 repartidas por algunos de los más importantes bibliotecas y museos del mundo. En 1457 se terminó de imprimir el Salterio de Maguncia, cuya importancia reside en haber sido la primera obra en la que se indica el año y lugar de impresión y que lleva colofón y marca del impresor.
Las vicisitudes polÃticas (como el saqueo de Maguncia) hicieron que los alumnos de Gutemberg se dispersasen por Europa difundiendo la nueva técnica de impresión, conocida como tipografÃa, a otras ciudades como Basilea, Zúrich, Estrasburgo o Nuremberg. AsÃ, en poco tiempo, no quedó localidad importante que no contase con su propia tipografÃa donde se imprimÃan clásicos, a menudo embellecidos con preciosas ilustraciones. Durante el Renacimiento fue el medio decisivo para que las ideas del humanismo se expandieran velozmente y más tarde jugarÃa un papel fundamental en la difusión de las ideas polÃticas.
A excepción de aportaciones de Aldo Manuzio, al que se debe la sustitución de los caracteres góticos utilizados hasta ese momento por otros más legibles (latino y cursivo), de Claude Garamon, que resolvió los problemas de unión entre las letras, y de otros pocos más, lo cierto es que la técnica de Gutemberg siguió utilizándose con pocas variaciones hasta la revolución industrial.
En una sociedad mayoritariamente analfabeta, donde el conocimiento estaba limitado a los pergaminos que custodiaban los monasterios, la imprenta tuvo que tener necesariamente una repercusión formidable. Con la imprenta de caracteres móviles se hizo posible la reproducción en poco tiempo de muchos ejemplares de la misma obra. Al disminuir enormemente el precio de los libros y de otras publicaciones, se intensificaron las comunicaciones y lo que es más importante, a partir de aquel momento el saber comenzó a ser patrimonio de mucha más gente, multiplicándose las relaciones entre lectores y personas ilustradas de todos los paÃses. En el siglo XIX se introdujeron los sistemas de impresión todavÃa hoy vigentes, que permitieron realizar tiradas a muy bajo coste. Surgieron entonces los periódicos, revistas y otras publicaciones que tuvieron el efecto no solamente de divulgar la cultura, sino de contribuir a la formación civil y social de las gentes y al propio progreso de la técnica, la ciencia y las ideas.

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