Gracias a El Nacional podemos conocer la historia de la electrificación de Venezuela. Les transcribo el artÃculo, es un poco largo. EL NACIONAL - Domingo 24 de Enero de 2010 Siete DÃas/1
Venezuela se electrificó en democracia
La industria fue una de las preocupaciones centrales de los gobiernos de la segunda mitad del siglo XX. El paÃs que ahora se somete a racionamientos fue pionero en la generación de energÃa en América Latina
ADRIANA RIVERA
El sistema de generación y distribución eléctrica que conoce Venezuela actualmente es un sesentón al que la última década no le ha sentado bien. Pasaron sus años dorados, esos en los que el sector era una prioridad en la planificación del Estado. Faltaba poco para que terminara la pausa democrática que surgió después de la muerte del dictador Juan Vicente Gómez. En 1947, la Corporación Venezolana de Fomento, creada durante la presidencia de Rómulo Betancourt, incluyó en sus programas el desarrollo de un plan nacional de electrificación, el primero del paÃs, que contó con asesorÃa estadounidense y sirvió como base para los trabajos de las décadas siguientes. Veinteañero, Rodolfo TellerÃa se habÃa graduado hacÃa poco de ingeniero electricista en la segunda promoción de la UCV.
En 1953, Rafael Alfonzo Ravard, el militar e ingeniero designado por el dictador Marcos Pérez Jiménez para guiar el proyecto, lo llamó a formar parte de la Comisión de Estudios para la Electrificación del CaronÃ. En la biblioteca de su estudio guarda las memorias de esos trabajos y viste las paredes con cuadros de las plantas hidroeléctricas del sur del paÃs. Contar la historia de la electricidad en Venezuela es una obsesión que lo ha mantenido en busca de información durante los últimos años, después de retirarse de la industria estatal. En los años cincuenta, dice, el servicio era aislado, con plantas en varios pueblos operadas por la iniciativa privada. De acuerdo con su investigación, 11 pueblos tenÃan electricidad intermitente en 1935.
La dictadura de 27 años habÃa dejado un paÃs fragmentado, sin visos de otro desarrollo que no fuera el petrolero. La industria necesitaba fuertes y constantes inversiones, y las empresas de electricidad privadas tiraron la toalla en algunas regiones: no pudieron pagar los créditos que les hizo la corporación para continuar operando. Entre 1950 y 1958, el Estado compró las que funcionaban en Táchira, Mérida, Trujillo, Falcón, Barinas, Portuguesa, Lara, Nueva Esparta, Sucre, Anzoátegui y Monagas. Juntas, constituyeron la CompañÃa Anónima de Administración y Fomento Eléctrico, Cadafe. Planificados.
Las ciudades crecÃan y la economÃa se hacÃa cada vez más dependiente del petróleo. Para finales de los cincuenta, el paÃs arañaba los 7 millones de habitantes. La capital comenzaba a desbordarse y la Electricidad de Caracas cubrÃa la demanda con 9 plantas hidroeléctricas y 8 térmicas. “Pérez Jiménez siguió el plan de largo plazo planteado en tiempos de Betancourt. Aparecieron los proyectos para aprovechar la energÃa hidroeléctrica de Guayana y atraer a la industria”, dice TellerÃa. En los años setenta recuerda con orgullo Venezuela estaba por encima del promedio de la región: la capacidad de generación y de energÃa consumida por habitante era puntera, comparada con la de Argentina, Chile, Perú, Colombia o Brasil, que también desarrollaban planes eléctricos para la época.
Por ejemplo, el paÃs producÃa 0,25 kilovatios hora por habitante; mientras que Argentina hacÃa lo propio con 0,20 kilovatios. “En los ochenta y noventa seguimos siendo de los más adelantados, sólo Estados Unidos y Canadá nos superaban”. Para 1973, 65,2% del territorio disfrutaba del servicio eléctrico y 10 años más tarde llegaba a 83,7%. La primera planta hidroeléctrica que aprovechaba las aguas del CaronÃ, Macagua I, comenzó a construirse en 1956 y estuvo lista cinco años después. En 1963, el Estado creó la empresa Electrificación del Caronà (Edelca) para administrar directamente las obras en la región y comenzó la construcción de Guri, la hidroeléctrica de la que ahora depende casi 70% de la energÃa que consume el paÃs. Los estudios de ese año, precisa, proyectaban lo que pasarÃa en los 20 años siguientes: las plantas Guri y Caruachi estaban por venir.
Cuando se instaló Guri (la última etapa se inauguró en 1986), tenÃamos unidades de 750 megavatios, de las más grandes del mundo. El sistema eléctrico venezolano se desarrolló porque todos los gobiernos siguieron los planes. Tuvieron la conciencia de que habÃa que continuar invirtiendo”, afirma. CrecÃa la población y la demanda de energÃa en una sociedad que se acostumbraba a usar electrodomésticos y a tecnificar los procesos. Pero surgió un problema: era diferente la frecuencia con la que llevaban la energÃa algunas empresas regionales de electricidad. Si una familia caraqueña se mudaba a una ciudad del interior, no hubiera podido usar los mismos artefactos porque la corriente tenÃa otra potencia.
El Estado creó una compañÃa para unificar el sistema. Luego, la inversión se concentrarÃa no sólo en la generación de energÃa, sino en la infraestructura para su transmisión y distribución. Vieron luz. Cadafe, Edelca y la Electricidad de Caracas homogeneizaron la frecuencia de la energÃa que llevaban a los suscriptores. Comenzó a funcionar la Oficina de Operaciones de Sistemas Interconectados, que funge incluso en la actualidad como la directora de la orquesta de la electricidad nacional: establece dónde está la mayor demanda, a dónde hay que llevar más energÃa. Los programas de desarrollo eléctrico siguieron entre las prioridades de los planes de la nación. En 1971, cuando Venezuela censó a casi 11 millones de habitantes, comenzó el plan nacional de electrificación rural. El hombre habÃa llegado a la Luna dos años antes, pero el campo venezolano seguÃa sin conocer la luz eléctrica. Sólo los centros de mayor población como Caracas, Valencia, Puerto Cabello, Barquisimeto, Maracaibo y Ciudad BolÃvar tenÃan empresas que habÃan masificado el servicio.
Aminta Villegas se recuerda joven, en plenos años setenta, bajo la lluvia y a un costado de la carretera de tierra que llevaba a Las Mesitas, estado Trujillo, esperando un jeep para trasladar los postes de alumbrado público al pueblo. Su especialidad, la que ahora enseña en las aulas de la Universidad Simón BolÃvar, son las redes de distribución eléctrica, esos largos tendidos que se ven en las carreteras y que llegan hasta los postes cercanos a los edificios y casas. El alto costo es lo primero que recuerda del proyecto en el que trabajó por décadas.
“Fue financiado con la ayuda del Banco Interamericano de Desarrollo; llevar el equipo a sitios alejados era muy costoso”. A escala nacional se planificaron subestaciones de alimentación y se trazaron las lÃneas que conectarÃan la energÃa eléctrica del paÃs. Luego, se construyó esa infraestructura. “La directriz era no dejar poblaciones de más de 150 habitantes aproximadamente 30 casas sin luz”. La ejecución del plan tomó 15 años. Villegas los cita de memoria: “Abarcó los primeros perÃodos presidenciales de Rafael Caldera y Carlos Andrés Pérez, y parte del de Luis Herrera Campins”.
¿Cómo llevar del Caronà la energÃa que demandaba el centro del paÃs? Ese era el siguiente paso para los planificadores, si se querÃa un servicio económico, constante y de calidad. “Se requerÃa un sistema de transmisión adecuado, que permitiera traer grandes bloques de energÃa eléctrica a los centros de consumo”, indica Villegas. Se consume más en el frente norte costero del paÃs, que históricamente ha concentrado los grandes núcleos urbanos. La interconexión de los sistemas de generación y distribución de energÃa de Cadafe, Edelca y la Electricidad de Caracas comenzó a finales de los años sesenta.
Pero fue en los noventa cuando el tejido del mapa eléctrico del paÃs se hizo más tupido: redes de seis tipos de potencia conectaban el sur con occidente y oriente. En 1993, 90,1% del paÃs estaba electrificado y una década después, la cifra se ubicó en 94,3%. “El sistema de transmisión que hay ahora en Venezuela es el que tenÃamos antes de 1998. Quedó por construir, pero en estos últimos 10 años poco se ha invertido en generación, transmisión y distribución. Por eso padecemos estos males hoy en dÃa”, lamenta Villegas. Crisis anunciada. Las compañÃas de electricidad que el presidente Hugo Chávez estatizó en 2007 (en Caracas, Yaracuy, Vargas, Miranda, Falcón, BolÃvar, Carabobo, Aragua y Nueva Esparta) se sumaron a las empresas del Estado, que desde el comienzo tuvieron más suscriptores y capacidad instalada que las privadas. Un año antes se inauguró la central hidroeléctrica de Caruachi, con la promesa de que aportarÃa 12% de la demanda de energÃa, pero ésta sobrepasó la capacidad del sistema. Villegas, que fue gerente en Cadafe por más de una década, cree que el Estado perdió el norte de la planificación cuando introdujo el ingrediente ideológico en las empresas del sector.
“Las posiciones medias eran ocupadas por técnicos. La discriminación polÃtica ha sido dañina y vemos el ejemplo en las empresas estatizadas. La posibilidad de planificar y mantener la infraestructura se diluyó”. Esto pese a que se formó un ministerio para manejar el sector. El Plan Socialista de la Nación 2007-2013 cuenta entre sus polÃticas el incremento de la producción de energÃa eléctrica, la expansión y adaptación del sistema de transmisión y distribución, y la promoción de su uso racional. Pero no detalla la planificación. La Electricidad de Caracas, el modelo de mantenimiento que citaba Villegas en sus cátedras, ya no es tal. “Era ejemplo de calidad de servicio; tenÃa una onda de tensión perfecta, sin fluctuaciones o bajones y con interrupciones muy esporádicas”.
La necesidad de racionamientos para la capital ahora es inminente, pese a las órdenes de Chávez. Con el Guri secándose, el interior del paÃs es vÃctima de frecuentes apagones. Si la electricidad fuera agua, harÃa falta construir los tubos para trasladarla de los rÃos a las casas. Asà explica Villegas la necesidad no sólo de instalar plantas termoeléctricas, sino de construir las lÃneas de distribución que permitirán llevar esa energÃa a los lugares donde hay mayor demanda. “Hay que ver el conjunto; hay mucha improvisación”. Los capÃtulos más trepidantes de la historia de la electricidad en Venezuela que está escribiendo TellerÃa corresponderán a las últimas décadas del siglo XX. De eso no duda el ingeniero que representó al paÃs en el Consejo Mundial de EnergÃa: “La infraestructura eléctrica se construyó en la era democrática”. Un legado que se deteriora en manos de los herederos.
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