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Finales del siglo XX: El estado del mundo

Cuando “los entendidos” vaticinaron que el progreso indefinido, desarrollado desde la Segunda Guerra Mundial, sería la clave a la prosperidad reinante en el mundo entero, dichas palabras parecían responder a un mero deseo ya que no imaginamos que tales eminencias se atrevieran a realizar estas declaraciones sabiendo lo que se avecinaba.

No pasó mucho tiempo hasta que se comprobó que dicho prediagnóstico no era, en absoluto, acertado ya que, desde dicha conflagración mundial, la tendencia ha evolucionado hacia un recrudecimiento de la situación mundial, lo que se traduce en una realidad cada vez más preocupante.

A medida que se han multiplicado los estudios sobre el tema se ha advertido una realidad muy distinta, la de una sociedad postindustrial (la sociedad de la abundancia) ahogada en un “mal endémico”. El hecho de que, una vez finalizada la guerra, se viviese una época de recuperación económica y social, además de un alentador despegue tecnológico dentro de las fronteras de distintos países; no nos referimos a una prosperidad propiamente dicho sino al preludio de un porvenir bastante negro, sobre todo para los más necesitados.
Los años sesenta darían la bienvenida a una cadena de acontecimientos que culminarían en la merma del orden mundial y en el hundimiento de, absolutamente, todas las sociedades del planeta. Y nada más lejos de la realidad, aquella concepción de progreso y de un boyante Estado de Bienestar no resultó más que la máscara de un panorama en exceso pesimista sobre el futuro.

Los hechos a los que nos referimos abarcan muy diferentes ámbitos de la sociedad contemporánea:
1. Incremento de la población
Tras la Segunda Guerra Mundial, las escandalosas tasas de mortalidad mostraban escandalosas estadísticas de una población diezmada. Entonces, el fin de la guerra, una mayor higiene y la mejora en la alimentación, causas determinantes para la triplicación de la población mundial. El Club de Roma advirtió la profunda inconveniencia de tal incremento presentándolo como algo negativo ya que se temía que si continuara el ritmo de crecimiento al tiempo que la producción de bienes y la disminución de los recursos, se tendría que hablar de una terrible amenaza en sucesivos siglos ya que se habrá alcanzado los límites al crecimiento en este planeta.
De este mismo efecto se desprenden otros aspectos negativos como son el auge de la injusticia, la crisis energética, el desempleo, la corrupción o la contaminación.

2. Inmigración
Lo cierto es que cuando hablamos de crecimiento de la población mundial debemos hablar, paralelamente, del efecto migratorio que, generalmente, se ha producido hacia las regiones que tenían un crecimiento más lento (véase el caso del trasvase de población desde zonas rurales hacia zonas urbanas y el efecto sobre urbanización). Sería una vez finalizada la Segunda Guerra Mundial, cuando más se favorecería la entrada masiva de inmigrantes; en este momento Europa occidental sufría un período de reconstrucción y reestructuración industrial ávida de mano de obra. Las consecuencias más destacadas son, por una parte, los desequilibrios generados en la riqueza; el aumento descontrolado de los costes públicos de la congestionada vida en las ciudades y, lo más peculiar, la incorporaron de los países del Tercer Mundo a partir de esa inmigración en masa.

3. Desempleo y pobreza
Resulta inevitable, una vez mencionado el efecto inmigrante, tratar dos de las enfermedades más mortíferas de los siglos XX y XXI. La descoordinación existente entre el crecimiento poblacional y la proliferación de puestos de trabajo ha generado, en estos últimos siglos, una de las tasas más altas de paro de la Historia con consecuencias deprimentes tales como la marginación, la exclusión en distintos ámbitos de la sociedad y la pobreza, entre otros. En la actualidad, y a pesar de la política de seguridad social que se lleva a cabo en todos los países desarrollados del Planeta, contamos con alarmantes datos de pobreza.

4. Capacidad de ahorro y la cultura de los créditos bancarios
En muchos manuales de Historia se habla de la sociedad de estos dos últimos siglos como la Sociedad de la Información cuya característica mas destacada es un nuevo crecimiento económico. Realmente, hablamos de una sociedad de servicios paralela a una nueva estructura social inmersa en un nuevo orden tecnoeconómico; se han sustituido los viejos principios calvinistas del ahorro, el trabajo duro y de la esperanza de gratificación para un futuro por un exagerado énfasis por el bienestar material, en la seguridad física y en un énfasis mayor en la calidad de la vida. La acusación más grave es la adopción del lema “no viven mejor los que más ahorran, sino los que mejor acceden al préstamo en cualquiera de sus formas”. La cultura del disfrute inmediato, se originó en los años ochenta y fue construida sobre el crédito e impulsada por una generalización de la hipoteca y por la capitalización del futuro.

5. Una nueva sociedad y unos nuevos valores
Una de las transformaciones más importantes dentro de la sociedad de la posguerra es la desaparición del clasismo, la relajación social y la apertura de las clases. Este hecho parece positivo hasta cierto punto, a partir del siglo XX la dominación pasará de manos de las clases más rancias a las manos de los directivos de las empresas, quienes, a su vez, mantienen la lucha de clases pero en otro nivel, promoviendo la pugna entre grupos e intereses latentes.
Uno de las consecuencias más negativas es la insolidaridad de las nuevas capas sociales que se estaban beneficiando del próspero sistema industrial.

6. Degradación del Medio Ambiente
El desarrollo industrial descontrolado producido tras la Segunda Guerra Mundial surge como una gran amenaza debido al creciente agotamiento de los recursos naturales que están agotando esa riqueza y privando a las generaciones futuras de su uso. Derivadas de este mal uso y derroche energético del medio ambiente proliferan un sinfín de consecuencias que comprometen aún más a la Humanidad: el crecimiento de la crisis petrolífera, la suspensión de la convertibilidad del dólar en oro, la flotación de la moneda y, sobre todo, la inflación existente en los países de la OCDE… no parecen hallar una resolución favorable.

7. El terrorismo
Otro de los problemas que hacen temblar al mundo actual es el fenómeno originado a inicios de los 70 con el recrudecimiento generalizado de la violencia política. El terrorismo se ha extendido en estos últimos siglos como una radical consecuencia ante el fenómeno político, social e ideológico de una persona o entidad.

8. Tercer Mundo, el eterno problema.
Es nuestra intención destacar el hecho de que a pesar de la conclusión que el lector pueda extraer tras la lectura del artículo, la perspectiva global nos muestra un mundo deteriorado pero realmente no es en los países desarrollados sino en el Tercer Mundo donde localizamos los problemas más importantes. En la actualidad los países desarrollados se han encargado de introducir al Tercer Mundo en la economía mundial con relaciones comerciales pero lo cierto es que la desigualdad en el acceso a los recursos es la realidad preponderante. Los efectos negativos de este hecho radican, principalmente, en el colonialismo y neocolonialismo y en la desigualdad en los procesos económicos, sociales, políticos y culturales de los países subdesarrollados (entre ellos).

9. El SIDA
Las catástrofes naturales, las guerras… han sido hasta la fecha las grandes causas de desastres poblacionales. La peste surgió como una de las pesadillas más temidas pero es en las postrimerías del siglo XX cuando arrebata dicho puesto una enfermedad nueva y específica del mundo: el Sida, a causa de los altísimos índices de mortandad de la Historia. Se dice que el siglo XX es el siglo de las revoluciones científicas, así lo constató Einstein y su Teoría de la Relatividad fundamento teórico para el desarrollo de la física nuclear, que ha dado lugar a las bombas atómicas, pero también a las centrales nucleares o la medicina nuclear; esperemos que dichas investigaciones logren encontrar la vacuna para esta endemia del siglo XX y XXI.

En conclusión, parece que estamos ante una sociedad amenazada y el debate mantenido resulta obsoleto ya que estamos acostumbrados a ver en las noticias como en lugar de crear soluciones y paliarlas, la atención y el esfuerzo se centran en encontrar a quien atribuirle la responsabilidad civil.
Factores como es la inmigración, en lugar de abanderar el pluralismo y la dualidad enarbola la bandera de la delincuencia, pobreza, racismo… En la sociedad de hoy la moneda nos muestra la otra cara, consecuencias tan avanzadas como es la incorporación de la mujer al mundo laboral nos deja un mal sabor de boca con estructuras familiares insostenibles, fracaso escolar, diferencias laborales y salariales.

La señal de auxilio que se han encargado de emitir organizaciones como el Club de Roma a cada momento se queda en el aire mientras que el incremento de la población y el auge de la injusticia, la crisis energética y el desempleo, la ruptura monetaria, el proteccionismo, analfabetismo, corrupción, contaminación y terrorismo mundiales hacen estragos en nuestras sociedades.








...por Carolina Fontanals ...por Carolina Fontanals


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2 comentarios en Finales del siglo XX: El estado del mundo

  1. Muy interesante la lectura.

  2. Realmente muy interesante, porque me ayuda a comprender mejor mi visión sobre lo que estoy viendo y viviendo y considero que la crisis económica y financiera. Realmente es la primera crisis de este siglo XXI así como la primera crisis globalizada inmersa en una crisis energética donde ya se acabó el petóoleo y debemos buscar otras alternativas, inmersa en una crisis demográfica sin salida, donde todos debemos de tener conciencia para cambiar nuestra forma de pensar, de actuar, de vivir, con solidaridad, respeto, responsabilidad, buscando una nueva forma de gobernar porque también estamos ante una crisis política, social, medioambiental porque lo que nos espera también es la crisis del agua.

    La sociedad mundial está envejeciendo y esto también nos debe preocupar para cambiar nuestra forma de vivir. No hay mas que ser más razonables antes que dejarnos llevar por las emociones.

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