El voto femenino es producto de una larga revolución social, económica y polÃtica en distintos lugares del mundo.
La intención de este nuevo derecho para las mujeres incluÃa, además del derecho a votar, una mayor independencia y una autonomÃa hasta la fecha jamás imaginada.
Tras el estallido de la Segunda Revolución Industrial este movimiento social fue el causante de que en muchas partes del globo se sufriese una recuperación del movimiento feminista destacando Gran Bretaña como patria del sufragio femenino. Es en este mismo punto geográfico en donde se produce la lucha por este privilegio de na de las formas que se sucedieron: la violenta y la pacÃfica. En las calles londinenses las riadas de mujeres manifestantes en pro de los derechos de las mujeres acabarÃan, en su mayorÃa, arrestadas o enfrentadas con las cargas que la policÃa hacÃa sobre ellas con el fin de mantener el orden. En otros paÃses, como España, el sufragio femenino se obtuvo ni más ni menos, de forma pacÃfica, a raÃz de la creación de leyes por mujeres relacionadas directamente con la polÃtica y cuyo papel en las instituciones lo hicieron posible (véanse los casos de Clara Campoamor o, en Argentina, con Eva Perón).
Los primeros sÃntomas de la necesidad de un cambio era el crecimiento de mujeres solteras mayores de 45 años, las necesidades sociales ya no se centraban en el matrimonio sino que en las cabezas de una importante cifra de mujeres de clase media primaban otros asuntos como la incorporación al mundo laboral o el estudio. La incorporación al trabajo y, sobre todo, en puestos hasta entonces reservados al hombre, fue bastante lento pero tras el estallido de la Primera Guerra Mundial el aliento femenino se aceleró y muy pronto observarÃamos como la conciencia femenina sufrirÃa uno de los avances más importantes de la Historia de Género. Una vez probado la experiencia de trabajar, de un salario desempeñando trabajos hasta la fecha vetados a la mujer gustó más de lo que pensaba y pronto se oirÃan voces que abogaban por el derecho de voto, la mejora de la educación, la capacitación profesional y la apertura de nuevos horizontes laborales, la equiparación de sexos en la familia como medio de evitar la subordinación de la mujer y la doble moral sexual.
“El sufragismo aparece como una forma de encuadramiento de mujeres de todas las clases sociales, a pesar de sus distintas ideologÃas y objetivos, pero coincidentes en reclamar el derecho a la participación polÃtica, uno de cuyos requisitos es el voto, para reformar la legislación y la costumbre y, en consecuencia, la sociedad (…)”. Estas voces que en un principio creyeron caer en el olvido no hizo más que generar una conciencia sufragista que verÃa sus mejores momentos en el siglo XX.
Como suponemos la evolución en el mundo europeo fue muy diversa pero es importante saber que dicho sufragismo no podÃa surgir más que los paÃses que adoptaron el régimen capitalista, paÃses de clase media poderosa y con unos ideales democráticos asentados en sus instituciones polÃticas. La excepción la encontramos en los paÃses nórdicos ya que allà apenas se produjeron dichos movimientos y reivindicaciones ya que el peso y la relevancia de la mujer en la vida social, en general, ya habÃa creado, desde hacÃa tiempo, una situación de igualdad jurÃdica entre ambos sexos.
El resumen de esta fervorosa lucha social de género presenta muy diversas caracterÃsticas ya que en paÃses originarios del bloque imperial central (austro-húngaro, alemán, turco o ruso) se observa como tras los desafortunados acontecimientos bélicos (véase la Primera Guerra Mundial o la revolución Bolchevique) trajo la oportunidad a sus mujeres con el voto femenino sin existencia previa del sufragismo.
En los paÃses occidentales se han observado dos evoluciones del movimiento sufragista y sus logros que caben diferenciar; parece ser que en aquellos paÃses cuya población se profesaba protestante (Inglaterra, Holanda…): los cambios no se hicieron esperar. Y no se debe únicamente a este hecho sino que se ha documentado que aquellos a los que nos referimos disfrutaban de una salud polÃtica, económica, social envidiable. Por otro lado, nos encontramos con los paÃses de mayorÃa católica (Italia, España, Portugal…) este cambio se obtuvo en menor grado y más tarde, se habla del factor “retraso”, un sÃntoma de al que se duelen estos gobiernos desde hace muchos años. Sin embargo, en los paÃses que surgirÃan de los imperios turcos (Yugoslavia, Grecia o Bulgaria) la tradición pesaba aún más y la situación de la mujer no sufrió ningún cambio.
El primer paÃs en ofrecer el sufragio universal (y también permitir a las mujeres presentarse a elecciones para el parlamento) fue Australia del Sur en 1902 (según otros en 1894) y Tasmania en 1903.
Al otro lado del charco también se vivieron importantes “batallas de género” pero, siguiendo su tónica, muchas de éstas se ganaron debido a paradojas tan increÃbles pero beneficiosas como es el claro ejemplo que encontramos en 1776 en Nueva Jersey, cuando se autoriza, accidentalmente, el primer sufragio femenino al usar en la ley la palabra «personas» en vez de «hombres». Una vez comprobado el resultado no dudaron en abolirla unos años después.
Siguiendo con los logros ocurridos en territorio estadounidense debemos hacer mención al territorio de Wyoming el cual se convertirÃa en 1868 el primer estado de EE.UU. donde se instauró el «sufragio igual» (sin diferencias de género) aunque no el sufragio universal (no podÃan votar hombres ni mujeres de piel negra).
1838 es otra de las fechas claves ya que, en las islas Pitcairn (parte de la Polinesia), se aprobó el sufragio femenino equiparando al hombre con la mujer, y viceversa. 1853, en la provincia de Vélez (en el actual departamento colombiano de Santander). En algunos paÃses se optó por la concesión de un sufragio restringido, por el que se obtenÃan ciertos derechos pero ni por asomo se podÃa asemejar al del hombre. Un caso bastante claro lo encontramos en Australia del Sur en 1861.
Es increÃble la astucia de los gobernantes para no ceder ni un ápice a las consignas feministas y se han encontrado casos tan inverosÃmiles como el de Nueva Zelanda en donde, a pesar de la ardua lucha llevada a cabo por su principal protagonista (Kate Sheppard), se llegó a permitir votar a las mujeres pero no estar presentes en las elecciones.
El Feminismo de hoy en dÃa sigue abogando por la igualdad de la mujer, por la abolición de aquellas tradiciones que vejan al género femenino como la ablación…y, como no, por lograr que en aquellos recónditos paÃses en donde siguen sin reconocer el sufragio a las mujeres se empiecen a (LÃbano).
No fue nada fácil convencer a un montón de señores chapados a la antigua, hasta entonces ni siquiera las propias mujeres se habÃan imaginado la posibilidad del voto o todas aquellas oportunidades y vivencias de las que son ordinarias para nosotras hoy dÃa. Una estampa bastante común en diversos paÃses eran los tenderetes instalados en la calle en oposición al movimiento frecuentado por un sinfÃn de curiosos y otros muchos convencidos de la innecesidad del cambio.
Nuestro tema es el sufragio femenino, un movimiento reformista que abarca tanto el marco social, económico como polÃtico cuyo principal fin era la extensión del sufragio a las mujeres, la concesión de más privilegios a la mujer y la igualdad con el hombre en todos los aspectos. Pero no olvidemos que aún existen paÃses muy cercanos y no tan desconocidos en donde ni siquiera está reconocido el sufragio masculino.

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Antes del sufragio femenino las mujeres no se emborrachan ni tiene libertad sexual alguna y, en contrapartida, soportan estas lacras en los hombres frente a los que no tiene posibilidad de defenderse al carecer de derechos y de igualdad. Era necesario equiparar la sociedad y que las mujeres pudieran luchar por la igualdad.
Aunque fueron las norteamericanas las que desempeñaron un papel principal mas importante en la creación de organizaciones feministas en muchos paÃses, el feminismo británico también tuvo un papel influyente aunque menos directo.
La importancia de Gran Bretaña en el desarrollo del feminismo mundial sólo fue superada por la de Norteamérica. El teórico más importante de feminismo, John Stuart Mill, y la figura más influyente del feminismo moral internacional, Josephine Butler, fueron británicos.
Nos ha costado mucho el sufragio de la mujer, mujeres que se atrevieron ha desafiar ante el poder autoritario donde era necesario equilibrar oportunidades iguales, porque hace más de cincuenta años los hombres decidÃan sobre las mujeres, hoy dÃa hay mucho por hacer. TodavÃa falta algunos paÃses por legalidad el voto a la mujer sólo por citar algunos Arabia Saudit, Omán, Bután… las mujeres tienen derecho a tener una vida digna, excluyendo la violencia intrafamiliar, y sobre todo, dejar que ellas mismas decidan su propia vida.