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El sueño de Martin Luther King

En la breve Historia de EE.UU. sobresalen multitud de nombres de personajes que han hecho carrera gracias a su buena o mala labor ya que es en este país donde uno también se hace famoso con su mal hacer; ejemplo de una espléndida, solidaria e inigualable tarea  es la existencia y el buen hacer del reverendo Martin Luther King, Jr.

La ciudad de Atlanta (15 de enero, 1929- Menphis, 4 de Abril de 1968) es escenario de los primeros años de uno de los luchadores más carismáticos de la Historia por los derechos sociales: derecho al voto, la no discriminación y otros derechos civiles básicos. Nacido en el seno de una familia baptista, su destino parecía haber sido forjado desde incluso antes de nacer. Tras graduarse en la carrera de Sociología en la escuela Morehouse Collage, en Teología (1951) y recibir su doctorado de Filosofía por la Universidad de Boston en el 55; ejerció como pastor baptista en la iglesia Baptist de Dexter Avenue de Montgomery, Alabama y, en cada una de sus misas, sus discursos ya apuntaban maneras acerca de su inquietud por la situación de la segregación racial y social en la que estaban inmersos la raza blanca estadounidense y la necesidad de reivindicar los derechos civiles de dichas personas mediante métodos pacíficos.

Por entonces ya se forjaba el gran sueño de Martin Luther King. Las primeras acciones así lo reivindican; en 1954, con su apoyo, se produce el boicot sobre los autobuses de la ciudad tras la negativa de una mujer negra de ceder su asiento a una persona blanca. La situación se volvió tan tensa que la casa de King fue atacada. El Dr. King fue arrestado durante esta campaña, la cual finalizó con la decisión de la Corte Suprema de los Estados Unidos de separar los autobuses entre estados.

Martin Luther king es proclamado como el salvador y su fama se extiende por las fronteras de los estados estadounidenses; su carisma y su popularidad le hicieron asumir la dirección del movimiento reivindicativo de la causa negra. De esta campaña surgirían la Conferencia Sureña del Liderazgo Cristiano (Southern Cristian Leadership Conference) y el Congreso para la Igualdad Racial (Congress of Racial Equality); con la Asociación para el Progreso de la Gente de Color pondría la guinda  a una batalla por los derechos de los ciudadanos de raza negra con la nueva reivindicación: la mejora en las condiciones de vida.
Al igual que lo hiciera Ghandi en la India; el método de lucha empleado era el pacífico, la desobediencia civil empleada con tanta satisfacción en la India parecía responder y encajar con las nuevas necesidades americanas como vemos en actos tan importantes en esta carrera por la igualdad de razas, como las manifestaciones llevadas a cabo tanto en Montgomery como en otros puntos del mapa estadounidense (véanse el caso de Albano, Georgia, 1961-62; Birmingham, Alabama, verano de 1963; St. Augustine, Florida,1964).
Hemos podido saber que el reverendo tuvo tal impacto en el pueblo negro que hasta en el mundo de las estrellas filmatográficas estadounidenses clamaron sus reivindicaciones pidiendo consejo ante los sentimientos de maltrato, vejación o discriminación que sentían en sus trabajos y en su vida diaria. Éste fue el caso de la actriz Nichelle Nichols (reparto de la serie Star Trek) quien fue animada a continuar con su trabajo y a seguir la lucha por sus derechos en los escenarios ya que, según palabras de King, se había convertido en un excelente modelo para los afroamericanos en televisión.

A pesar de obtener unos pésimos resultados tras las manifestaciones, la lucha continuaba y las asociaciones cada vez estaban más unidas mostrando su unidad y su fortaleza en otros eventos como el acontecido en Selma, 1964. Dicha manifestación contemplaba una marcha desde la ciudad hasta la capital del Estado, Montgomery. El 7 de marzo de 1965 (también conocido como el domingo sangriento) y sin la presencia de King, los muchos seguidores del reverendo salieron a la calle y toparon con el asedio y la violencia de una policía en contra de los manifestantes. Estas imágenes dieron la vuelta al mundo, la crueldad que se observa en ellas muestran la desigualdad de fuerzas ya que se trataba de una mera manifestación pacífica. La conmoción popular alcanzó al índice de audiencia despertando un auténtico sentimiento nacional.
La consecuencia de esta indignación popular llevaría a una segunda marcha al día siguiente, en esta ocasión M. L. King participaba pero su buen sentido de la razón le hizo creer oportuno llegar a un acuerdo con las autoridades de forma que no se desarrollase en su totalidad. Muchos fueron los que le criticaron pero dichas acusaciones se desmontaron cuando el día 25 de marzo, con la aprobación y el apoyo del presidente Johnson, King encabezó una de las mayores manifestaciones hasta la fecha, con discursos tan sonados como el que dio Stokely Carmichael (un activista de pro) en donde se cita por primera vez  la expresión “Poder Negro”.
El radicalismo dentro del movimiento cada vez era más notable y la mano izquierda que mostraba Martin Luther King era cada vez más admirable con respecto a su gente, al gobierno y sus gobernadores para lograr pacíficamente y con el consentimiento de los más altos poderes, el gran sueño. Dicha mano izquierda no pudo evitar que estallasen algunos focos de rebeldía en contra de la filosofía del movimiento. Compruébelo sino en el caso producido en la marcha en Washington en 1963 por los Derechos Civiles, fue entonces cuando las relaciones mantenidas con el presidente J. F. Kennedy hizo que el mensaje principal de dicha marcha se tornase en una celebración de los logros obtenidos por el movimiento y el gobierno perdiendo absolutamente ese tono de protesta.

Evitando el radicalismo este insigne personaje fue merecedor del Premio Nobel de la Paz un 14 de octubre de 1964, convirtiéndose en el ganador más joven y abriendo una nueva etapa en donde sus declaraciones en contra de la Guerra de Vietnam y el papel de EE.UU. en la guerra; la situación de la gente más pobre y marginada en el país y la necesidad de abogar por la justicia económica con ayudas que favoreciesen a las comunidades más pobres… serían aún más frecuentes y más inquisitivas.
Un personaje tan carismático y líder de masas de una injusticia latente en el país pero aún más beneficiosa para muchos otros no podía dejar al margen aun sinfín de detractores ansiosos por ver su batalla perdida y, más aún, a M. L. King muerto.
Los blancos del Sur de los EE.UU. (los sureños) personificaban este sentimiento al que nos referimos, sus acciones han pasado a la Historia con siglas como KKK y actos indecoroso contra la raza negra. En la marcha del 4 de abril, 1968, en el balcón del Lorraine Motel en Memphis, la ciudad natal del rey del Rock’N Roll, Elvis Presley; M. L. King cayó tras un disparo, su autor oficial fue  James Earl Ray “El Pillo” y en la sombra, la mafia, Loyd Jowers.
A pesar de su repentina muerte, su lucha no cayó en saco roto y todas estas reivindicaciones se promulgaron en leyes de los estados Unidos con la aprobación del Acta de los derechos Civiles y el Acta de los derechos de votación
Reconocimientos ha tenido muhcos pero Martin Luther king ha conseguido con su carrera y sus actos que en 1986 se le concediese un día nacional en los Estados Unidos llamado Día Martin Luther King; en 1993 este día fue oficialmente día nacional en los 50 estados de  Estados Unidos, este día es celebrado el tercer lunes de enero cada año, alrededor del día en que King cumplía años.

Del sueño de Martin L. K. que nos hemos venido haciendo eco durante el artículo y su gran significado, por todo lo que implica en la lucha por la obtención de la igual y el reconocimiento de los derechos para el hombre negro;  existe uno de los legados más valorados por los historiadores, un discurso. El discurso del reverendo “I Have a Dream (Yo tengo un sueño)” dado frente del Monumento Lincoln y con la presencia de un gran número de seguidores durante la marcha en Washington (1963) por el trabajo y la Libertad, es a día de hoy uno de los tesoros más valorados de la herencia que el luchador nos dejó y aprovechamos estas líneas de MundoHistoria para hacerte llegar el mensaje del mejor modo:

“I have a dream”
Estoy orgulloso de reunirme con ustedes hoy, en la que será ante la historia la mayor manifestación por la libertad en la historia de nuestro país.

Hace cien años, un gran estadounidense, cuya simbólica sombra nos cobija hoy, firmó la Proclama de la emancipación. Este trascendental decreto significó como un gran rayo de luz y de esperanza para millones de esclavos negros, chamuscados en las llamas de una marchita injusticia. Llegó como un precioso amanecer al final de una larga noche de cautiverio. Pero, cien años después, el negro aún no es libre; cien años después, la vida del negro es aún tristemente lacerada por las esposas de la segregación y las cadenas de la discriminación; cien años después, el negro vive en una isla solitaria en medio de un inmenso océano de prosperidad material; cien años después, el negro todavía languidece en las esquinas de la sociedad estadounidense y se encuentra desterrado en su propia tierra.

Por eso, hoy hemos venido aquí a dramatizar una condición vergonzosa. En cierto sentido, hemos venido a la capital de nuestro país, a cobrar un cheque. Cuando los arquitectos de nuestra república escribieron las magníficas palabras de la Constitución y de la Declaración de Independencia, firmaron un pagaré del que todo estadounidense habría de ser heredero. Este documento era la promesa de que a todos los hombres, les serían garantizados los inalienables derechos a la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad.

Es obvio hoy en día, que Estados Unidos ha incumplido ese pagaré en lo que concierne a sus ciudadanos negros. En lugar de honrar esta sagrada obligación, Estados Unidos ha dado a los negros un cheque sin fondos; un cheque que ha sido devuelto con el sello de “fondos insuficientes”. Pero nos rehusamos a creer que el Banco de la Justicia haya quebrado. Rehusamos creer que no haya suficientes fondos en las grandes bóvedas de la oportunidad de este país. Por eso hemos venido a cobrar este cheque; el cheque que nos colmará de las riquezas de la libertad y de la seguridad de justicia.

También hemos venido a este lugar sagrado, para recordar a Estados Unidos de América la urgencia impetuosa del ahora. Este no es el momento de tener el lujo de enfriarse o de tomar tranquilizantes de gradualismo. Ahora es el momento de hacer realidad las promesas de democracia. Ahora es el momento de salir del oscuro y desolado valle de la segregación hacia el camino soleado de la justicia racial. Ahora es el momento de hacer de la justicia una realidad para todos los hijos de Dios. Ahora es el momento de sacar a nuestro país de las arenas movedizas de la injusticia racial hacia la roca sólida de la hermandad.

Sería fatal para la nación pasar por alto la urgencia del momento y no darle la importancia a la decisión de los negros. Este verano, ardiente por el legítimo descontento de los negros, no pasará hasta que no haya un otoño vigorizante de libertad e igualdad.

1963 no es un fin, sino el principio. Y quienes tenían la esperanza de que los negros necesitaban desahogarse y ya se sentirá contentos, tendrán un rudo despertar si el país retorna a lo mismo de siempre. No habrá ni descanso ni tranquilidad en Estados Unidos hasta que a los negros se les garanticen sus derechos de ciudadanía. Los remolinos de la rebelión continuarán sacudiendo los cimientos de nuestra nación hasta que surja el esplendoroso día de la justicia.

Pero hay algo que debo decir a mi gente que aguarda en el cálido umbral que conduce al palacio de la justicia. Debemos evitar cometer actos injustos en el proceso de obtener el lugar que por derecho nos corresponde. No busquemos satisfacer nuestra sed de libertad bebiendo de la copa de la amargura y el odio. Debemos conducir para siempre nuestra lucha por el camino elevado de la dignidad y la disciplina. No debemos permitir que nuestra protesta creativa degenere en violencia física. Una y otra vez debemos elevarnos a las majestuosas alturas donde se encuentre la fuerza física con la fuerza del alma. La maravillosa nueva militancia que ha envuelto a la comunidad negra, no debe conducirnos a la desconfianza de toda la gente blanca, porque muchos de nuestros hermanos blancos, como lo evidencia su presencia aquí hoy, han llegado a comprender que su destino está unido al nuestro y su libertad está inextricablemente ligada a la nuestra. No podemos caminar solos. Y al hablar, debemos hacer la promesa de marchar siempre hacia adelante. No podemos volver atrás.

Hay quienes preguntan a los partidarios de los derechos civiles, “¿Cuándo quedarán satisfechos?”

Nunca podremos quedar satisfechos mientras nuestros cuerpos, fatigados de tanto viajar, no puedan alojarse en los moteles de las carreteras y en los hoteles de las ciudades. No podremos quedar satisfechos, mientras los negros sólo podamos trasladarnos de un gueto pequeño a un gueto más grande. Nunca podremos quedar satisfechos, mientras un negro de Misisipí no pueda votar y un negro de Nueva York considere que no hay por qué votar. No, no; no estamos satisfechos y no quedaremos satisfechos hasta que “la justicia ruede como el agua y la rectitud como una poderosa corriente”.

Sé que algunos de ustedes han venido hasta aquí debido a grandes pruebas y tribulaciones. Algunos han llegado recién salidos de angostas celdas. Algunos de ustedes han llegado de sitios donde en su búsqueda de la libertad, han sido golpeados por las tormentas de la persecución y derribados por los vientos de la brutalidad policíaca. Ustedes son los veteranos del sufrimiento creativo. Continúen trabajando con la convicción de que el sufrimiento que no es merecido, es emancipador.

Regresen a Misisipí, regresen a Alabama, regresen a Georgia, regresen a Louisiana, regresen a los barrios bajos y a los guetos de nuestras ciudades del Norte, sabiendo que de alguna manera esta situación puede y será cambiada. No nos revolquemos en el valle de la desesperanza.

Hoy les digo a ustedes, amigos míos, que a pesar de las dificultades del momento, yo aún tengo un sueño. Es un sueño profundamente arraigado en el sueño “americano”.

Sueño que un día esta nación se levantará y vivirá el verdadero significado de su credo: “Afirmamos que estas verdades son evidentes: que todos los hombres son creados iguales”.

Sueño que un día, en las rojas colinas de Georgia, los hijos de los antiguos esclavos y los hijos de los antiguos dueños de esclavos, se puedan sentar juntos a la mesa de la hermandad.

Sueño que un día, incluso el estado de Misisipí, un estado que se sofoca con el calor de la injusticia y de la opresión, se convertirá en un oasis de libertad y justicia.

Sueño que mis cuatro hijos vivirán un día en un país en el cual no serán juzgados por el color de su piel, sino por los rasgos de su personalidad.

¡Hoy tengo un sueño!

Sueño que un día, el estado de Alabama cuyo gobernador escupe frases de interposición entre las razas y anulación de los negros, se convierta en un sitio donde los niños y niñas negras, puedan unir sus manos con las de los niños y niñas blancas y caminar unidos, como hermanos y hermanas.

¡Hoy tengo un sueño!

Sueño que algún día los valles serán cumbres, y las colinas y montañas serán llanos, los sitios más escarpados serán nivelados y los torcidos serán enderezados, y la gloria de Dios será revelada, y se unirá todo el género humano.

Esta es nuestra esperanza. Esta es la fe con la cual regreso al Sur. Con esta fe podremos esculpir de la montaña de la desesperanza una piedra de esperanza. Con esta fe podremos trasformar el sonido discordante de nuestra nación, en una hermosa sinfonía de fraternidad. Con esta fe podremos trabajar juntos, rezar juntos, luchar juntos, ir a la cárcel juntos, defender la libertad juntos, sabiendo que algún día seremos libres.

Ese será el día cuando todos los hijos de Dios podrán cantar el himno con un nuevo significado, “Mi país es tuyo. Dulce tierra de libertad, a tí te canto. Tierra de libertad donde mis antesecores murieron, tierra orgullo de los peregrinos, de cada costado de la montaña, que repique la libertad”. Y si Estados Unidos ha de ser grande, esto tendrá que hacerse realidad.

Por eso, ¡que repique la libertad desde la cúspide de los montes prodigiosos de Nueva Hampshire! ¡Que repique la libertad desde las poderosas montañas de Nueva York! ¡Que repique la libertad desde las alturas de las Alleghenies de Pensilvania! ¡Que repique la libertad desde las Rocosas cubiertas de nieve en Colorado! ¡Que repique la libertad desde las sinuosas pendientes de California! Pero no sólo eso! ¡Que repique la libertad desde la Montaña de Piedra de Georgia! ¡Que repique la libertad desde la Montaña Lookout de Tennesse! ¡Que repique la libertad desde cada pequeña colina y montaña de Misisipí! “De cada costado de la montaña, que repique la libertad”.

Cuando repique la libertad y la dejemos repicar en cada aldea y en cada caserío, en cada estado y en cada ciudad, podremos acelerar la llegada del día cuando todos los hijos de Dios, negros y blancos, judíos y cristianos, protestantes y católicos, puedan unir sus manos y cantar las palabras del viejo espiritual negro: “¡Libres al fin! ¡Libres al fin! Gracias a Dios omnipotente, ¡somos libres al fin!”

Washington, DC
28 de agosto de 1963

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...por Carolina Fontanals ...por Carolina Fontanals


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4 comentarios en El sueño de Martin Luther King

  1. El sueño de Martin Luther King ha sido el sueño más hermoso que ha podido soñar una persona.

  2. El sueño de Martin Luther King es un grito a la libertad, a la esperanza, a la igualdad… Un sueño del que nunca debería despertar la humanidad.

  3. Un discurso que ha pasado a los anales. Magistralmente compuesto y excelentemente narrado. Martin Luther King tuvo un sueño, el sueño de la libertad y de la igualdad de los hombres. Yo comparto el sueño de Martin Luther King.

  4. Excelente el documento sobre el sueño de Martin Luther King. Os felicito a todos los que formáis parte de PortalMundos.com

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