Uno de los inventos con mayor éxito de la Historia es el radar o lo que viene a significar Radio Detection and Ranking; (Del ingl. radar, acrón. de radio detecting and ranging, detección y localización por radio).
1. m. Electr. Sistema que utiliza radiaciones electromagnéticas reflejadas por un objeto para determinar la localización o velocidad de este.
2. m. Electr. Aparato para aplicar este sistema.
La Universidad de Karlsruhe es la cuna de este hallazgo y su autor es Heinrich Hertz en 1886. Los ambiciosos experimentos allà desarrollados hasta la fecha demostraron que las ondas electromagnéticas eran reflejadas por objetos metálicos.  El hecho de que por medio de una antena pudiésemos enviar una onda de radio en dirección a un objeto, parte de esta onda rebotara y regresara a nuestra antena; y que la porción de energÃa devuelta sea Ãnfimamente percibida con un simple impulso; es básicamente lo necesario para hacer el cálculo de la distancia a la que se encuentra ese objeto. En el proceso es necesario medir el tiempo que demora el pulso en regresar al punto de origen basándonos en que la velocidad de las ondas electromagnéticas es de 300 millones de metros por segundo. La dirección se calcula por la posición de la antena con respecto al objeto reflector.Â
Sus aplicaciones en la actualidad son diversas pero desde su descubrimiento adoptó una importancia extrema para la guerra. Como hemos comentado su existencia data de mucho antes de la Primera Guerra Mundial y es en este conflicto bélico cuando surgen los primeros alardes de su porte ya que también el conflicto se imaginó la posibilidad de usar ondas de radio con el mismo propósito. En el caso alemán, fue Richard Scherl, hijo del magnate de prensa August Scherl, quien diseñarÃa el rayo apuntador; un arma casi de ficción que cayó en saco roto tras ofrecérselo a la Marina Imperial Alemana.
En el caso de Estados Unidos, a finales de los años 20 ya existÃan radioaficionados que se codeaban con un radar capaz de medir la altura de la ionosfera haciendo rebotar en ella una onda de radio.
Una vez superada la guerra y en plena posguerra los experimentos con fines bélicos no cesaban de sucederse. Alemania aprovechó el medidor de distancias estadounidense pero enfocado a ambos medios: el terrestre y el acuático. El Departamento de Pruebas de Comunicaciones (Nachrichten-Versuchsabteilung) se puso manos a la obra con una onda sonora capaz de detectar objetos sumergidos midiendo el tiempo que le tomaba, al eco del sonido, regresar a su lugar de origen. Eran los primeros pasos antes de que se inventase el sónar equipado en los submarinos, cruceros, etc.
Por otro lado, el Dr. Rudolf Kühnhold empleó este mismo principio básico pero en la superficie, empleando ondas electromagnéticas con una longitud de onda de 13.5 cm. que eran reflejadas por objetos a distancia y cuyos ecos eran recibidos en una antena parabólica. Â
Mientras se comprobaba que estos resultados eran bastante pobres debido a la débil recepción de niveles de energÃa utilizables, la fábrica Philips Eindhoven crea lo que se denominó magnetrón, algo asà como un dispositivo que genera impulsos de radio de alta frecuencia, hasta 50 V de energÃa de radio.
Por entonces no habÃa muchas fábricas que apostasen por el invento a pesar de su exacto éxito por lo que, en 1934, el Dr. Kühnhold, tras findar la fundó la compañÃa Gesellschaft für Elektroakustische und Mechanische Apparate (GEMA) volcó todos sus cientÃficos en la fabricación de un magnetrón aún más grande y capaz de ampliar los megahertzios. HabÃa nacido el Funkmess o radar, un invento que no tardarÃa en aplicarse en la Marina (principal precursora de su aplicación en las Fuerzas Armadas alemanas). El primer objetivo resultó ser un par de buques; el acorazado Hessen (detectado a 600 metros de distancia) y el buque experimental Crille (detectado a 2 km. de distancia).
Como podemos observar el invento les era más útil, o asà se creyó al principio, para acertar en el tiro que para la detección.
La poderosa Marina británica no tardarÃa de hacer suyo el proyecto y, dentro de sus fronteras, fue capaz de crear el primer radar que tuvo condiciones operativas (1935). Lo espectacular de los resultados animó, unos años más tarde, a que varios ingleses (Henry Boot, John T. Randall y los hermanos Russel y Sigurd) dieran con la fórmula final y crear un Magnetrón de Cavidad Resonante, algo capaz de generar señales de alta frecuencia y muy alta potencia con gran estabilidad.
El éxito de dicho descubrimiento no tardó en hacerse eco en distintos puntos del mapa europeo y no era muy raro encontrar a cientÃficos en distintas naciones experimentando con las ondas y las teorÃas ya difundidas. Pero Gran Bretaña tenÃa la exclusividad del invento y no muy tarde se harÃa con los hallazgos de un italiano llamado Marconi quien proporcionarÃa a los ingleses una cortina de radar en el Estuario del Támesis. El transmisor fue construido por Metropolitan Vickers y el receptor y su pantalla por A. C. Cossor Ltd.  En mayo de 1937, Marconi fabricó hasta 20 estaciones adicionales creando, como consecuencia, un sistema casi imposible de traspasar en las costas británicas.
Ya en la Segunda Guerra Mundial el radar era uno de los componentes bélicos más cotizados tanto en aire, como mar o tierra; y en ataques diseñados para ser decisivos en la guerra (véase el caso de la batalla de Inglaterra con la irremediable retirada de los todopoderosos aviones alemanes) dio más de una baza a uno u otro bando.
Fu especialmente, la Marina inglesa la que se benefició de los resultados del radar y el sónar; los aviones provistos de radar podÃan detectar los submarinos enemigos por lo que los alemanes tuvieron que introducir nuevos sistemas de detección pasiva para aminorar pero era inevitable que los aviones acabasen encontrando a los submarinos ya que el radar era infalible. En la segunda guerra mundial europea el radar era el componente de estrategia por excelencia.
En el escenario más oriental, en el PacÃfico, los estadounidenses también habÃan adoptado el invento y minaron las bases de Hawai. Pearl Harbor, por ejemplo, estaba dotado de un radar SCR-270B fabricado por Westinghouse Electric Corporation y operado por Joe Lockard y George Elliott.  Los increÃbles beneficios que proporcionaban las ondas y la detección a través de las mismas preveÃan ataques y cuanto más evolucionado fuese el sistema de radar más ases se tenÃa en el bolsillo por lo que un ataque de tales dimensiones y tan previsible como fue Peral Harbor, cuesta entender que fallase el sistema de alerta.
Aquella fatÃdica noche el Teniente Kermit Hitler recibÃa una llamada en la que se advertÃa de la visualización en el radar de la base estadounidense de una escuadrilla de aviones con dirección a la zona; dicha información se valoró erróneamente ya que se creyó que se trataba de una escuadrilla de B-17 estadounidenses procedente de California que estaba por llegar. Horas más tarde, comenzaba el ataque japonés sobre la base.
El uso del radar por los japoneses es algo contradictorio ya que se ha encontrado información en bibliografÃa especializada, acerca de la precariedad del sistema de detección empleado en sus fuerzas de ataque y en su inexistencia en los aviones de ataque. Lo cierto es que los nipones también habÃan aprendido la lección y no tardaron en fabricar radares introducidos, principalmente, en la Marina debido a la importancia que en esta Fuerza Armada se le daba al dispositivo por su ventajosa capacidad ya demostrada; destructores y cruceros fueron equipados con alguno de los modelos 11, 12, 13,21 y 22.
A pesar de imperar la teorÃa de que los aviones japoneses iban ciegos, se ha documentado que la aviación nipona también hizo uso del radar en modelos como el G4M2 Betty el cual estaba equipado con un radar H-6 con su antena Yagi claramente visible; también lo tenÃan el FM-1, N-6, FM-3, que utilizaba dos antenas a ambos lados de la parte posterior del fuselaje.

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