Desde antaño, el mundo está sumido en un continuo cambio provocado por fenómenos naturales: huracanes, tornados, maremotos, inundaciones, rayos…
Estos últimos son descargas eléctricas que se produce entre nubes de lluvia, o entre una de estas nubes y la tierra, y progresan en forma de árbol de diferentes ramas. Pueden compensarse con cargas negativas o con cargas positivas. Protegerse de ellos es realmente importante: un ejemplo claro es que en España, desde 1941 hasta la actualidad, han causado más de dos mil muertos.
Una de las mejores armas para la protección de los rayos es el pararrayos. Una definición exacta es la siguiente: dispositivo formado por una o más barras metálicas terminadas en punta y unidas entre sí y con la tierra, o con el agua, mediante conductores metálicos, y que se coloca sobre los edificios o los buques para preservarlos de los efectos del rayo.
El inventor de este instrumento fue Benjamín Franklin, nacido a principios del siglo dieciocho en Boston. A los diez años salió de la escuela para ayudar en el negocio de su padre. Cuando tenía 13 años de edad trabajó como aprendiz en la imprenta de su hermano. Benjamin aprendió este oficio, dedicando su tiempo libre a perfeccionar su formación, leyendo obras de John Bunyan, Plutarco, Daniel Defoe, Cotton Mather, sir Richard Steele y Joseph Addison.
Desde 1721 colaboró con su hermano James en la redacción y edición del “New England Courant”, pero como consecuencia de los desacuerdos con éste, en 1723 viajó a Filadelfia. En este lugar conoció al gobernador de Pensilvania, William Keith, quien le convenció para que comprara el equipo necesario para crear su propia imprenta. Por ello se fue a Gran Bretaña, y allí, encontró dos trabajos en las imprentas más importantes de Londres.
Participó en muchos proyectos públicos. En 1731 fundó la que probablemente fue la primera biblioteca pública de Norteamérica, inaugurada en 1742 con el nombre de Biblioteca de Filadelfia. También publicó el “Almanaque del Buen Ricardo” en 1732 bajo el seudónimo de Richard Saunders. Por esta época organizó también la primera compañía de seguros contra incendios de la ciudad e introdujo métodos para mejorar la pavimentación e iluminación de las calles. En reconocimiento a sus logros científicos, Franklin recibió títulos honorarios de las universidades de Saint Andrews y Oxford.
A pesar de su faceta política y de estadista, a sus 42 años comenzó a mostrar interés por el campo de las actividades cívicas y de la investigación científica: adelantó una posible teoría de la botella de Leyden, defendió la hipótesis de que las tormentas son un fenómeno eléctrico y propuso un método efectivo para demostrarlo. Su teoría, basada en la noción newtoniana de la repulsión mutua de las partículas que el científico inglés había expuesto en su Óptica, se publicó en Londres y se ensayó en Inglaterra y Francia, antes incluso de que él mismo ejecutara su famoso experimento con una cometa en 1752. Inventó el pararrayos y presentó la llamada teoría del fluido único para explicar los dos tipos de electricidad, positiva y negativa.
Su primer pararrayos estaba caracterizado por que los electrodos de acero acabados en una o varias puntas, denominado punta simple Franklin, carecían de dispositivos electrónicos ni fuente radioactiva.
En la actualidad existen diferentes sistemas de pararrayos en el mercado, pasivos tipo Franklin o sistemas multipuntos y activos con dispositivo de cebado alta tensión. Todos ellos se basan en un principio, los pasivos concentran ionización y excitación constante en la punta y los activos generan la ionización y excitación por impulsos de alta tensión superiores a 10 kV en la punta, este fenómeno se representa a partir de un valor del campo eléctrico-atmosférico natural.
Por otra parte, cabe mencionar que el objetivo se basa en que, una vez excitado el rayo, el pararrayos intentará captarlo y descargarlo a tierra por un conductor eléctrico, la energía de descarga está catalogada como Alta tensión con un potencial incontrolado y destructible.
En mayor o menor grado generan efectos segundarios de contaminación electroestática y electromagnética que afectan con la posible destrucción a las instalaciones eléctricas y equipos, por ese motivo los fabricantes de pararrayos recomiendan protecciones suplementarias en las instalaciones internas para minimizar los efectos de la subida de tensión temporal (sobre tensión) en los equipos eléctricos, de telecomunicaciones, audiovisual y cualquier otro que contengan electrónica sensibles, durante la descarga del rayo en el pararrayos.
Franklin fue elegido miembro de la Real Sociedad de Londres y en 1753 fue galardonado con la Medalla Copley por sus destacadas contribuciones a la ciencia experimental. Ejerció también gran influencia en el campo de la educación. El plan de estudios que proponía se alejaba bastante del programa de estudios de ese momento ya que concedía gran importancia al estudio del inglés y las lenguas modernas, así como a las matemáticas y ciencias.
El 17 de abril de 1790 Estados Unidos lloró su muerte. Su último deseo pareció ser un recuerdo a su primer oficio de impresor. Al menos eso se desprende del epitafio en su tumba y escrito en vida por él mismo: “Aquí yace, pasto de los gusanos, el cuerpo de Benjamín Franklin, impresor, como la tapa de un libro cuyas hojas están rotas y cuya encuadernación está estropeada; pero su obra no ha perecido, puesto que reaparecerá, como él espera, en una nueva edición revisada y corregida por el autor.”
Benjamín Franklin nos ha dejado uno de los inventos más utilizados actualmente y que contribuye a salvar vidas humanas cada vez que un rayo toca tierra. El pararrayos de Franklin ha crecido junto con diferentes tecnologías pero siempre manteniendo el principio de ionización por efecto punta a partir de un campo eléctrico natural.

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Hola,
Como siempre pasa, no le damos importancia a algunos “pequeños” inventos que sin ellos la vida sería muy diferente. El parrarayos nos protege de los rayos y nos permite tener completa seguridad en nuestras casas. Antes de su invención eso era imposible y todo el mundo podía ser alcanzado fácilmente por un rayo mientras estaban en su casa durante una tormenta.
Piénsalo bien y, posiblemente, en la próxima tormenta verás con otros ojos el invento del pararrayos.