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El cambio climático: Causa y consecuendia

La rabiosa actualidad con la que se trata el tema del cambio climático en todos los noticiarios y portadas, además de su amplia atención en los programas electorales de los políticos de todo el mundo; ha reabierto uno de los temas más polémicos de la Historia.

Imágenes como el huracán Katrina del año 2005 o el mortífero tsunami sobre las costas más orientales, en el Pacífico; han impactado en una sociedad que se cree invencible y que con estos golpes intenta reaccionar torpemente. El mundo se está volviendo loco y la causa parece estar en el hombre, en sus inventos, en su mal uso y disposición de los recursos que nos ofrece el Planeta; pero, ¿es absolutamente cierto? ¿Hasta cuando hemos de remontarnos para localizar la causa de este acusado cambio?

La pura realidad es que el cambio siempre ha existido, que el clima de la Tierra siempre ha sufrido estas variaciones pero sí que, en las últimas décadas, parece preocupar aún más a los responsables del mundo. El grupo de estudiosos, formado por meteorólogos, ecólogos e incluso matemáticos, destinados al análisis de este hecho y de las búsqueda de soluciones para paliar futuros desastres sobre la Humanidad; no se ponen de acuerdo en si estamos ante un cambio climático o un calentamiento global y el debate no llega a más sino a la necesidad de una acción inmediata que amaine los terribles efectos que se ciernen sobre nuestro planeta.

Para los que hemos estudiado Historia este hecho no es más que la clara consecuencia de una constante acción por el hombre y otros factores naturales que intentaremos darle explicación a continuación y que, nada más lejos de la verdad, exponen el papel del hombre sobre la Tierra durante todo este tiempo. Y es que desde la aparición del hombre en el Globo, efectivamente, se ha producido lo que se ha venido llamando una transformación climática.
Actividades como la caza, la agricultura o la pesca mermaban (por así decirlo, en pequeñas dosis) el ambiente que les rodeaba. Lo que en un principio se localizó puntualmente pasaría a palabras mayores con la aparición de las fábricas y, sobre todo, el despierte de una nueva era tras la Revolución industrial (1750). En los siglos posteriores esta acción se reforzaría adoptando dimensiones espectaculares abarcando todos los ámbitos que rodean al hombre desde la sociedad, sus costumbres, el tipo de vida, las creencias… Se había puesto en marcha un motor sin fin.

En pleno siglo XXI los desastrosos acontecimientos que hemos vivido han minado los medios y la conciencia social parece haber sido afectada por un afán ecologista que hacía años que no vivíamos. Junto a esta transformación social también debemos hablar de una transformación política en la que el discurso del cambio climático es uno de los principales argumentos electorales nacionales y globales, por no decir que el principal.

En la actualidad, son muchos los políticos que se han subido al carro ecologista aunque son otros tantos los que, en su terquedad, siguen negando la evidencia (véanse los casos de George W. Bush; John Howard, o Stephen Harper). En esta carrera por recuperar un digno se desarrollan actos de muy dudosa reputación cuyo fin es el de esconder y disfrazar la realidad desviando la atención hacia otros asuntos y negándolos, simplemente. Este es el conocido caso de la administración Bush la cual, durante años, ha intentado ocultar sus ciudadanos los hechos, borrando referencias al clima generado por el hombre de los documentos oficiales y hasta tratando de eliminar las declaraciones de prominentes científicos del gobierno.

¿Cuáles son las acciones que en la actualidad ponen en peligro nuestro clima?
Por un lado, la propia producción y consumo de la energía proveniente de la electricidad, calefacción, en los transportes o la refrigeración de las casas, y el simple consumo de las mismas es perjudicial para el clima; pero el excesivo abuso que en muchos usos hacemos de las energías, desde el nivel personal hasta el colectivo (en casas propias, empresas, etc.), suponen la verdadera amenaza. Por otro lado, el hecho de quemar combustibles fósiles (carbón, petróleo, gas), así como la deforestación y otros usos de la tierra (como el cultivo de arroz con cáscara), conducen a emisiones masivas de dióxido de carbono en el aire por lo que el cambio climático se acelera y plantea serios riesgos para el planeta.
La teoría se versa en que La emisión de gases de efecto invernadero en grandes cantidades hace que aumente su concentración en la atmósfera, lo que incrementa el efecto invernadero, de forma que la atmósfera retiene más calor. Esto aumenta la temperatura atmosférica y cambia el clima de la Tierra.

¿La solución?
El primer paso hasta que se encuentren nuevas fórmulas más naturales, alternativas y económicas, es el consumo moderado de las mismas. Ejemplos que se han barajado hasta la fecha son, entre otros:
- el uso de no usar combustibles fósiles.
- economizar el consumo y la emisión de dióxido de carbono.
- el reciclaje de residuos.

Hay que ser realistas y debemos confirmar la posibilidad de ajustarnos a dichas acciones pero sí que es cierto que para lograr un máximo nivel de aprovechamiento, las industrias, los gobiernos… deberían invertir un importante presupuesto nacional y global en la creación de nuevas plantas energéticas, en la formación de un mayor número de universitarios en la materia, nuevos tipos de automóviles, más patrullas de reciclaje de residuos, la creación o la reconversión a de los que se denomina como nuevos edificios verdes.
El primer intento por dar una solución a este mundial problema fue el Protocolo de Kyoto y sus participantes originales fueron los países ricos quienes se comprometían, bajo la firma de un acuerdo entre todos sus miembros y de acuerdo con las necesidades, a contribuir al cese y recuperación del cambio climático. El resultado real fue la creación de unos modestos objetivos y el incumplimiento de los más ricos y principales países miembros de este protocolo, EE.UU. o Australia ni siquiera lo firmaron. En el caso de Canadá lo firmó pero no pasó a la acción. Tampoco grandes consumidores de energía como China e India, que deben ser parte de cualquier solución sensata, enfrentaron responsabilidades serias bajo el acuerdo de Kyoto.

Buen comienzo ¿no? Increíblemente los países más poderosos quienes incluso sufren los efectos del cambio en sus propias fronteras desoyen las responsabilidades e ignoran el futuro de las generaciones venideras siguiendo al pie de la letra el verdadero mensaje del Carpe Diem. Desde la propia ONU se ha creado el un organismo mundial de cientos de científicos especializados en clima que, en el lapso de algunos años, informarán a la población sobre la ciencia del cambio climático; el Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático (PICC). Las medidas recomendadas por esta organización serían la implantación de abusivos impuestos al carbono y permisos de emisiones provocando que los consumidores se acomoden a nuevas alternativas sin remedio beneficiando hasta a los países más pobres.
Paralelamente a esta lucha existe una realidad que denuncia la situación actual y que, en resumen, habla de un exceso en los costes sociales y de una moda que desvía la atención de la Apocalipsis nuclear hacia el cambio climático llenando de tópicos a la sociedad, una auténtica cultura de masas.
No olvidemos que en esta carrera por salvar el Planeta, la propia naturaleza tiene también algo que ver ya que se ha podido documentar que hasta hace sólo unos 20.000 años, gran parte del Norte de Europa estaba cubierto por un enorme glaciar que tenía un espesor de, aproximadamente, tres kilómetros. Este espesor y esta longitud de la que nos hemos hecho eco y que abarcaba dicho glaciar variaba expandiendo o contrayendo el hielo, ¿la causa? repentinos, antojadizos y muy frecuentes cambios de clima.

A lo largo de miles de años, y sin la acción de los humos y de la emisión de gases invernaderos provenientes de las fábricas; la órbita de la tierra del sol cambió de forma que el verano se volviera aún más cálido y el hielo se derritiese con antelación en zonas geográficas imposibles por naturaleza, dando rienda suelta a nuevos ecosistemas y una adaptación de la flora, fauna y del propio hombre al medio. Y todo por un repentino y caprichoso cambio natural.
De este modo la Era Glaciar desapareció según los estudiosos hace unos 10.000 años provocando que en el Hemisferio Norte el clima fuese más cálido del conocido y que predominase un ambiente mucho más estable que hasta la fecha. De esta forma se facilitó el asentamiento de un mayor número de comunidades humanas en la zona y del desarrollo de aún más sociedades, culturas en una de las zonas más inhóspitas del Planeta.
Un ejemplo más cercano en el tiempo lo encontramos hace unos 400 años en Europa, fue allí donde se experimentó un periodo relativamente frío llamado La Pequeña Era Glacial, aunque realmente no resultó tan fría como una verdadera era glacial.
Por lo que no olvidemos que a pesar de la implícita implicación humana en el cambio que estamos sufriendo en el clima, la naturaleza ya se encarga de poner su parte, y es que el riesgo inesperado de padecer los terribles desastres de la naturaleza, del cambio climático que la misma produce naturalmente (sin la presión de las acciones humanas) es muy posible.
Este hecho no le resta importancia y responsabilidad a nuestros gobernantes y, por supuesto, nosotros mismos; pero nuestra intención es que cuando hablamos del tema debemos hablar con absoluta consciencia de todos los hechos y parece que siempre olvidamos el papel preponderante que adopta la propia naturaleza y su antojadiza existencia en esta trama.

Teniendo en cuenta la gravedad de los hechos nos reafirmamos en la existencia de un verdadero riesgo de rápidos cambios en el clima y que nos lleva al mayor calentamiento de la Tierra conocido nunca.

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...por Carolina Fontanals ...por Carolina Fontanals


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