Galileo Galilei fue el instructor de Evangelista Torricelli que inventó el barómetro en 1643 para conocer la presión atmosférica.
La aparición de redes dedicadas a la observación meteorológica propició que el sector médico encontrara relación entre el tiempo y las enfermedades de la población. El nacimiento del barómetro supuso un avance más en el estudio de los fenómenos meteorológicos. Tanto es así que la revolución científica ya viene de mucho tiempo atrás.
El primer descubrimiento histórico que desata este interés por los fenómenos atmosféricos viene de la mano de Nicolás Copérnico con su teoría heliocéntrica del sistema solar. Día tras día comenzó a cultivarse una idea en cuanto al concepto de la predicción del tiempo basada en el movimiento de las estrellas y de los cuerpos celestes y se formó la teoría de que las estaciones estaban dadas por el movimiento de la tierra alrededor del sol. Pero al margen de todas estas teorías había una línea paralela que estudiaba los instrumentos que servirían para hacer predicciones y mediciones del tiempo.
Galileo Galilei, siguiendo esta línea, inventó el termómetro y uno de sus discípulos, Evangelista Torricelli hizo sus investigaciones hasta llegar a crear el barómetro en el año 1643 que en lugar de agua empleaba mercurio y, de esta manera, sin proponérselo, comprobó la existencia del vacío. Así Torricelli entendió con claridad el concepto de presión del aire por lo que diseñó el dispositivo para demostrar los cambios de presión. El aparato estaba formado por un recipiente y un tubo lleno de mercurio (Hg) cerrado por uno de sus extremos. Al invertir el tubo dentro del recipiente se formaba el vacío en la parte superior, algo difícil de entender en su época por lo que se inventó una teoría diciendo que esa región del tubo contenía vapor de mercurio. Pero la aprobación del término vacío se dio cuando Blas Pascal subió un barómetro con 4 kilogramos de mercurio a una montaña a mil metros sobre el nivel del mar. Para su sorpresa, cuando el barómetro se encontraba en la cima el nivel de mercurio era mucho menos que al pie de la montaña algo que Torricelli explicaba asegurando la existencia de la presión del aire y decía que debido a ella el nivel de mercurio no descendía, con lo cual hacía que el tamaño de la columna permaneciera constante dentro del cilindro. De esta manera, al bajar la presión del aire en la cima de la montaña el nivel del mercurio subía y en la columna dentro del tubo bajó inmediatamente, es decir, que se vació parcialmente. Así que el paso definitivo que dio Torricelli fue la construcción de un nuevo barómetro de mercurio que contenía dentro otro barómetro para medir la presión del aire en la región que quedaba vacía. Se hicieron muchas mediciones y el resultado fue que no había una columna de mercurio en el tubo del barómetro pequeño porque no se tenía presión de aire. Esto esclareció que no existía el “vapor de mercurio” que él definió y se puso en evidencia la presión del aire y la producción y existencia del vacío.
Este nuevo aparato despertó un gran interés y parecían la mejor forma para predecir el tiempo según el método científico que se definió en los años 1620 y 1630 por Francis Bacon y René Descartes. Con ayuda de estos filósofos los ciudadanos iban dándose cuenta de la gran importancia que tienen las observaciones meteorológicas y sobre todo si se comparan las temperaturas en diferentes puntos del mundo. Estas primeras observaciones se hicieron en las ciudades de París y Clermont (Francia), además de Estocolmo y Suecia en los años 1649 y 1651. Dada la trascendencia que tenían estos nuevos experimentos, el duque Fernando II de Toscaza decidió fundar una red internacional de estaciones de observación meteorológica. En este centro se construyeron objetos de grandes dimensiones y se enviaron observadores de Florencia, Pisa, Bolonia, Vallombrosa, Curtigliano, Milán y Parma. Después se extenderían a la capital francesa, Varsovia e Insbruck. Se hicieron investigaciones también para seguir estudiando términos como la presión, la temperatura, la humedad, la dirección del viento y el estado del cielo.
Tiempo antes de la introducción del mapa meteorológico, el barómetro era el instrumento necesario para pronosticar el tiempo. El primer pronóstico del que se tienen referencias utilizando el sistema del barómetro lo realizó Otto von Guericke, de Magdeburg (Prusia) en 1660, que versaba sobre una tormenta que iba a acechar debido a una caída de presión intensa dos horas antes de que aconteciera el hecho. Unos años después (1723) James Jurin hizo pública una invitación para que se le facilitaran los datos de las observaciones que se habían realizado. Durante mucho tiempo la acogida de estos datos fue muy buena pero comparando diferentes registros, los científicos William Dirham y Georges Hadley concluyeron que los cambios de presión no eran similares en todos los lugares, así el físico J. de Borda constató que los cambios de presión se lanzaban con una dirección y velocidad relacionadas entre sí con la velocidad del viento. Así se daban los primeros pasos hacia la creación de nuevos sistemas móviles de presión. Vitus Bering, en 1730, dirigió una expedición que estableció una red de estaciones en Liberia y a la par se estableció otra en Rusia dirigida por Mikhail Lomonoscov. Con los aparatos que proporcionaban las estaciones y el gran interés que invadía a Benjamín Franklin recopiló toda clase de información contenida en los periódicos y llegó a concluir que la tormenta, la lluvia y los vientos de la dirección nordeste se habían desplazado desde Georgia a Nueva Inglaterra realizando así, por primera vez en la historia, el primer estudio sinóptico meteorológico en América.
Gracias a los progresos en el mundo de la meteorología los médicos también empezaron a interesarse por la relación que podía tener el tiempo con algunas enfermedades, de hecho quien más se preocupó por esta investigación fue un alemán llamado Hermann Boerhaave. El meteorólogo Louis Cotte se comprometió con esta causa y se instaló una red extensa de estaciones de observación para la Sociedad. De forma paralela a este proyecto se estableció una red de estaciones por toda Europa dado el gran interés de Antoine Lavoisier. Este hombre pensaba que con esta información sería posible pronosticar el tiempo con algunos días de antelación y defendió también un boletín que se publicaba por la mañana con un valor incalculable para toda la Sociedad. Pero tuvo que esperar hasta el desarrollo de las comunicaciones en el siglo XIX y XX para que la transmisión de la información fuera rápida y de esa manera, conocida por el resto de ciudadanos de las diferentes sociedades del mundo.
Un siglo antes de que surgiera el acontecimiento que posibilitara la comunicación entre las personas, se fundó la Societas Meteorológica Palatina dirigida por Johan Hemmer. En esta institución se realizaban tres estudios y observaciones diarias que después se comparaban y publicaban en el Ephemerides anual de la Sociedad propiamente dicha. La red se fue extendiendo rápidamente pasando de un número de doce estaciones a cincuenta observatorios durante los siguientes cinco años. Así en las publicaciones Mannheim usaba un sistema simbólico cuyo origen se encontraba en proyectos de Pieter Van Musschenbroek y Johann Lambert de los que hoy quedan huellas en el código meteorológico sinóptico internacional. Además de todas estas observaciones hubo cantidad de personas que se interesaron por hacer progresos en este ámbito hasta el punto de ir desarrollando estas inquietudes a lo largo de los tiempos para llegar a conocer las previsiones que diariamente son realizadas en diferentes centros de todo el mundo para después ser comunicadas a los ciudadanos.

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El barómetro permitió tener prediciones meteorológicas más fiables y sin ese invento la meteorología no sería igual.
Tal y como dice el texto de este magnífico documento, el barómetro era el invento que faltaba para poder realizar predicciones meteorológicas.
Tengo una estación meteorológica de estas modernas, con dibujitos y demás, y me encanta ver como sube o baja la presión barométrica. Con la presión, la humedad, la temperatura y la rapidez de variación de estos elementos se puede llegar a predecir el tiempo atmosférico con bastantes probabilidades de acierto.