En 1801, Sylvain Maréchal, un hombre de “extrema izquierda”, publica un Proyecto de ley para la prohibición de enseñar a leer a las mujeres, que puede ser broma, pero cuyos 113 considerandos y 80 artÃculos recogen todas las objeciones a la instrucción de las niñas. Allà puede leerse :
“Considerando que la intención de la buena y sabia naturaleza ha sido que las mujeres, ocupadas exclusivamente de las necesidades domésticas, se sintiesen honradas por tener en sus manos no un libro ni una pluma sino más bien una rueca o un huso. (…) Que las mujeres que se ufanan de saber leer y de escribir bien no son las que mejor saben amar. (…) Que hay escándalo y discordia en un hogar cuando una mujer sabe tanto o más que su marido.
La razón quiere que las mujeres no metan jamás las narices en un libro, jamás la mano en la pluma. (…) Al hombre, la espada y la pluma; a la mujer, la aguja y el huso. Al hombre, la maza de Hércules; a la mujer, la rueca de Ónfale. Al hombre, los productos del genio; a las mujeres, los sentimientos del corazón. (…) La Razón quiere que, en adelante, solamente a las cortesanas les sea permitido ser mujeres de letras, espÃritus refinados y virtuosas. (…) Una mujer poeta es una pequeña monstruosidad moral y literaria, asà como una mujer soberana es una monstruosidad polÃtica.”
Seguramente que en su tiempo muchos estuvieron totalmente de acuerdo con él (incluidas muchas mujeres), en la actualidad, si aquel señor viviese, creo que muchos irÃamos a decirle unas cuantas cosas no muy amigables …
Fuente:
Libro : “Mi historia de las mujeres” (Michelle Perrot)
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