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Cultura Popular: Evolución de las actividades humanas

El historiador Peter Burke estableció que la cultura popular como tal fue homogénea hasta finales del siglo XVI o principios del XVII, ya que después sería arrinconada por la reacción de los llamados grupos dominantes a partir de la centuria XVII hasta transformarse en una cultura folklórica del XIX.

La fiesta es una de las manifestaciones fundamentales de la sociabilidad y uno de los momentos más significativos de participación social. En varias de ellas, las clases subalternas no tenían mucha relevancia pero en otras participaban aceptando la jerarquía de la sociedad estamental (por ejemplo los desfiles de cuerpos) y finalmente en otros casos se convierten en claras protagonistas. Algunas de las fiestas populares podrían llamarse subversivas, como en el caso de las de inversión: por una lado la fiesta de los locos (organizadas por abadías representando el tópico del mundo al revés), y por otro el carnaval, denominado como la fiesta privilegiada del rito de la inversión social, protagonizada por la abundancia de comida y bebida, y los usos de la sátira, la mayor libertad sexual y la utilización de disfraces de todo tipo que en algunos de los casos pueden desarrollar el cambio de sexo y de posición social. Así pues esta actividad tenía puntos de contactos con la revuelta, la metamorfosis o el contexto político.

La cultura popular es netamente corporal, gestual y oral, pero también lo es escrita, lo que le relaciona con la literatura. Debido al avance importante de la alfabetización esta literatura popular se difunde a lo largo de los tiempos, bajo la forma del cordel. Transmitía una visión del mundo que interesaba sobre todo a las clases dominantes, que giraba en torno a una visión fatalista y determinista llena de valores religiosos y destinada a prevenir la toma de conciencia social y política.

La cultura popular también es de supervivencia por lo que sólo es entendible con su realidad inmediata. Estos asuntos incluyen una determinada noción del tiempo y del espacio, pero de la misma forma una concepción mágica del universo, un mundo fantástico, plagado de fuerzas sobrenaturales que se desarrollan a través de una serie de prácticas que componen las actividades tradicionales de magia y brujería popular. La brujería se presenta como una intersección entre las fuerzas no tangibles y los hombres, por lo que se puede entender como una reacción ante la incapacidad de conseguir una estabilidad y seguridad por medio de un saber técnico demasiado imperfecto o de unos dirigentes eclesiásticos o políticos que no merecen la confianza, o que están demasiado alejados de las necesidades importantes. La caza de brujas se convirtió en un fenómeno clave y muy desarrollado en la Europa moderna, en lo que supone una fractura de consideración con la civilización occidental. Hay que reseñar también la diversidad y universidad de estas actividades de brujería en varios momentos y en distintos lugares.

Es evidente que la magia convivió de forma muy cercana con el cristianismo. La práctica religiosa se desarrolla de diferentes formas, en lugares sagrados con sus santos protectores, sus calendarios festivos distintos, sus imágenes singulares en capillas y ermitas de cada zona, sus peregrinaciones y romerías tradicionales que forman parte de una cultura, sus devociones y oraciones con fines curativos de manera más milagrosa que concreta, etc. Hay por tanto vinculaciones de lo religioso con la superstición, que puede confundir los ritos cristianos con la propia magia en temas de exorcismo, el conjuro etc.

La práctica de los ritos mágicos y la necesidad del milagro están íntimamente relacionadas con el mundo de la escasez y la pobreza más absoluta. La obtención de alimento, del pan de cada día era el principal objetivo de cada individuo, porque si esto no existía lo demás carecía de importancia. Los mitos más conocidos de Jauja o de la cucaña acompañan a la fiesta tradicional más importante que era el carnaval. La alimentación es un tema fundamental en la historia a la hora del consumo de cada uno de las clases sociales y sus niveles. El estudio de los manjares que se preparaban, los nuevos productos, los nuevos descubrimientos y sobre todo la conveniencia de uno u otro alimento en un momento dado y con una frecuencia específica.

Todas las actividades humanas, con sus gestos, comportamientos, actitudes etc., no son hechos intemporales o anclados en un momento dado sino que eran productos históricos que se iban modificando al mismo tiempo que la sociedad o vida material. Una de las instituciones más importantes en este sentido es la familia, donde tiene cabida la vida conyugal en pareja, que en algunos momentos se hacía por contrato matrimonial, la vida afectiva entre cada uno de los miembros y la historia del amor. Al hilo de esta existencia en familia otro de los asuntos apasionantes a lo largo de la historia es la muerte y cada una de las creencias que giran en torno a ella. El testamento es uno de los elementos importantes para poder comprender las mentalidades de cada momento, además de las formas de las pompas fúnebres, el lugar de la sepultura y la demanda de misas por la salvación de las almas.

La actualización de los estudios sobre la evolución de las iglesias tras las reformas del siglo XVI tuvo un efecto de desplazamiento del interés hacia la historia de la vivencia y la práctica religiosa, o lo que es lo mismo, hacia la vida religiosa cotidiana. La introducción de la liturgia y la universalización de las prácticas esenciales de la vida cristiana se manifestó en la santificación del domingo y las fiestas de guardar, en la depuración de la misa, en la llamada obligatoria de la comunión, en la frecuentación de otros sacramentos, en las devociones y el combate absoluto contra la religiosidad popular, que se relacionaba con las fiestas tradicionales y con las peregrinaciones, la lucha contra las fiestas paganas y las que están protagonizadas por la superstición.

Otro de los asuntos recurrente en las culturas populares ha sido el miedo. La Edad Moderna se presentaba como una ciudadela dominada por la inseguridad de las comunidades. Un miedo físico al tema del hambre, al frío, en definitiva a la muerte próxima. Una inseguridad que llega al miedo a los animales como los lobos, a los hombres como los bandidos, a la oscuridad de la noche, a los hechos insólitos e impredecibles como los terremotos y a los espíritus como los fantasmas o demonios. Es aquí donde vuelven a aparecer las brujas, muy temidas pero al mismo tiempo también muy solicitadas.

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...por Sergio Yuguero ...por Sergio Yuguero


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