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Clara Campoamor

La existencia de una Historia de la Humanidad significa la recolección del recuerdo y del pasado tanto de hombres como mujeres indistintamente. La creación de esta Historia ha sido considerada una promesa ya que ésta supone una historia paralela de las mujeres y un papel menos inmutable de lo que parecía en la misma.

La identidad de género y la formulación del feminismo ha sido concebida a partir de un innovador discurso político y cultural, y de la construcción de un nuevo modelo social en donde se imagina un nuevo concepto que neutralice las fundamentaciones tradicionales.

Las utopías socialistas son consideradas una oportunidad para la consecución de un futuro diferente del presente, una nueva concepción replanteada a partir del funcionamiento de la familia, la relación amorosa, la maternidad así como las actividades sociales femeninas. En base a esta filosofía se alza un nuevo discurso: el feminismo y con éste, multitud de figuras y voces de mujeres que hacen de la reivindicación su guerra.

El siglo XX ha sido denominado el “Siglo de las Mujeres” debido al importante papel de éstas en el devenir histórico. En España, la participación femenina marcaría un hito en distintos aspectos de la sociedad; en el mundo de la política nombres tan destacados como el de Clara Campoamor despuntan como máximas representantes en la perseverante tarea llevada a cabo por llevaron varias generaciones de mujeres y de hombres devotos de la igualdad.

A pesar de sus humildes inicios profesionales (modista, dependienta…) Clara, condicionada por ser mujer, pondría todo su empeño en acceder a un estatus que le proporcionase las herramientas para seguir adelante y participar en la ya iniciada “batalla por la igualdad”. Tras presentarse a unas oposiciones administrativas obtiene una plaza en el cuerpo auxiliar de Telégrafos en Zaragoza y en 1914, otra plaza como profesora en las Escuelas de Adultos, pasando a ejercer en Madrid. Su trabajo como educadora se complementa al de secretaria del diario “La Tribuna” a partir del cual tendría la oportunidad de conocer a gente variopinta y adentrarse en el mundo de la política y convencerse de que también podía haber un hueco para ella.

La concepción política de Clara parte del pensamiento de la reconstrucción histórica sobre la base del rechazo masculino ante la esencia femenina que ella misma culmina en un debate que muchos han tildado de caduco; este discurso subraya el interés de dibujar el lugar de los sexos y sus funciones sin ningún tipo de desigualdad. Algunas de estas líneas de pensamiento sobre las que escribió Clara tienen como objetivo buscar las razones del tardío y débil feminismo liberal junto al sufragismo, así como de despejar la gran duda de muchas feministas de la época, la eterna incógnita ¿Libertad o igualdad?

No fue ningún impedimento para Clara el hecho de que durante su infancia y juventud predominase la penuria económica ya que con tan sólo 36 años llegó a licenciarse en Derecho en la Universidad de Madrid y en pocos años fue nombrada miembro del colegio de Abogados. Sería a partir de 1925 cuando, además de ejercer como abogada, iniciaría sus actividades políticas siendo uno de los políticos más emblemáticos de la época por el arrojo y la valentía que mostró junto a otras mujeres como Victoria Kent por la defensa de los derechos y de la participación femenina en igualdad al hombre.

Clara se autodefinía republicana, feminista y de izquierdas y debido a su intensa lucha por hacerse oír en el hemiciclo del Congreso y defender el sufragio universal argumentando que no había ni razón ni justicia capaz de negar tal derecho a la mujer y que era labor de unas constituyentes progresistas el reconocerlo, no se creó precisamente buenos amigos.

A pesar de los recelos políticos llegó a ser elegida diputada en 1931 como miembro del Partido Radical formando parte de la comisión encargada de redactar el proyecto de Constitución de la Segunda República. Motivada por su ideología feminista se intentó dejar patente durante la redacción del artículo 36 en el que defendió la concesión del sufragio femenino sin ningún tipo de limitaciones, pese al riesgo que suponía que el voto se inclinase a favor de la derecha.

Lo verdaderamente difícil en la andadura de Clara era el hecho de que en dicha época no eran pocos los que se oponían a la concesión del voto femenino, los partidos de la derecha tradicionalista y católica y los partidos republicanos (desde posiciones utilitaristas) unirían sus fuerzas para que dicha propuesta no saliese adelante; la singular colaboración de Clara Campoamor en la redacción de dicho artículo no es más que una evidencia de la victoria de los partidarios del “voto femenino” frente a los que se oponían, a pesar de que en ningún momento se lograse dicho voto.

La creencia de que la concesión del voto al sexo femenino era una importante baza para la derecha debido a la mera suposición de que la mujer, por su condición, estaba más influenciada por la Iglesia suscitó una persecución de la prensa de izquierdas.

Uno de sus logros más destacados se documenta a partir del mes de octubre de 1931 momento en que funda la Unión Republicana Feminista cuyo principal objetivo es continuar con la lucha del voto femenino, además tuvo tiempo para ejercer como delegada de España ante las Sociedades de Naciones; Directora General de, Beneficencia (cargo del que dimite al año siguiente por discrepancia con el ministro).la rebelión de Asturias y el desamparo en el que quedaron a los niños de los mineros muertos o encarcelados concienciaron a Clara, entonces no dudó en dirigirse a Oviedo y fundar la Organización Pro Infancia Obrera, dedicada a atender y a colocar a los niños asturianos, víctimas inocentes de la crisis de octubre.

Los años previos a la Guerra Civil y la Segunda Guerra Mundial, en los que se documenta una importante proliferación de medidas de derecha, producen en Clara una “pérdida de confianza y la fe en el Partido” que desemboca en el olvido de los ideales que le arrojaron entre los brazos del Partido Radical; y, como medio de justificar sus actuaciones, da rienda suelta a su vocación de letras con obras como El voto femenino y yo en donde argumenta su defensa de la concesión del voto a las mujeres.

Su máximo ideal siempre fue la fusión de todos los republicanos en un partido con Azaña y Lerroux pero con el estallido de la guerra civil no tuvo más remedio que exiliarse en Francia, ya que el régimen franquista dictaminó que Clara Campoamor era persona non-grata. A diferencia de otros exiliados, ella se negó a declarar por un delito legalísimo cuando se cometió.

Años más tarde (1947, 1951 y 1955) intentaría regresar a España, pero debido a que fue acusada de ser miembro de la francmasonería no lograría su asiento definitivo en la península. De esta forma el exilio duraría para siempre. Viviendo en otros países como Argentina y Suiza. Su vuelta a casa sería tras su muerte en la ciudad de Lausana (Suiza) el 30 de abril de 1972 cuando su cuerpo decrépito por el cáncer y por la nostalgia de su tierra y de los suyos le acercaron, como última voluntad, descansar en tierras españolas, en la ciudad de San Sebastián.

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...por Carolina Fontanals ...por Carolina Fontanals


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