La batalla de las Termópilas tuvo lugar durante la guerra que enfrentó a griegos y persas en el siglo V. Sin lugar a dudas, se trata de una batalla que ha pasado a la Historia.
Dario, el rey de Persia, habÃa muerto seis años después de la batalla de Maratón, pero sus ambiciones expansionistas fueron heredadas por su sucesor Jerjes que, no pudiendo ampliar su territorio más que hacia el oeste, puso sus ojos en Grecia para iniciar la conquista de Europa. El nuevo enfrentamiento era, por tanto, una cuestión de tiempo.
Para no repetir el error de su predecesor, mandó esclavos para excavar un canal a través de la penÃnsula del Monte Athos y proyectó un puente a través del Helesponto con barcas alineadas para el su ejército pudiera atravesarlo. Aunque la primera tentativa fue destrozada por una tormenta, la segunda tuvo éxito.
Los griegos, conscientes de lo que se estaba tramando contra ellos, dividieron sus posturas y algunos se aliaron con los persas mientras otros unieron sus fuerzas contra el invasor. Un primer intento de enfrentarse a los persas en las llanuras de Tesalia tuvo como resultado la renuncia por parte de los griegos, incapaces de hacer frente a la caballerÃa y al mayor número de efectivos del enemigo. Sin embargo un golpe de suerte, en forma una improvisada aportación de plata procedente
Cerca de 30 ciudades-estado del centro y sur de Grecia se dieron cita en Corinto para acordar una estrategia de defensa común. Las ciudades del Peloponeso querÃan formar una lÃnea defensiva cerca del istmo de Corinto, las ciudades que quedaban al norte de esta lÃnea preferÃan que la de defensa se organizase más al norte aún. Finalmente TemÃstocles les convencerÃa de que lo más sensato era formar un ejército combinado bajo mando espartano para atrapar al ejército persa en las Termópilas, anulando asà la efectividad de su superioridad numérica. Era este un pasaje estrecho cerca del mar, que unÃa zona central y sur de Grecia y que permitirÃa una defensa relativamente fácil por parte de unos pocos hombres e impedirÃa al adversario el uso de su temible caballerÃa. La flota griega protegerÃa a las tropas en tierra de los ataque de los barcos persas.
Leónidas, el rey de Esparta, fue puesto al mando del ejército griego, pero cuando solicitó la dispensa para alinear a sus tropas eludiendo la celebración de la festividad religiosa de Carneia, no obtuvo la autorización. Sólo pudo contar con 300 hombres de su guardia personal con los que habrÃa de intentar unirse a los aliados y bloquear el paso hasta que, pasada la fiesta, el resto de su ejército fuera autorizado a reunirse con él. La misión era suicida, de manera que sus hombres fueron escogidos entre familias que contasen con al menos otro heredero varón para que, caso de morir, no quedasen sin lÃnea sucesoria.
Se estima que el número total de soldados cuando los espartanos alcanzaron al resto de los aliados era de unos 7.000 -frente a los más de 250.000 persas con los que habrÃan de enfrentarse- y el primer objetivo de los de Leónidas fue levantar la vieja fortaleza y las murallas derruidas del paso de las Termópilas. Después mando un contingente para defender un estrecho pasadizo que suponÃa un punto débil de su posición, temiendo que si los persas lo descubrÃan podrÃan rodearlos. Poco después un enviado persa llegó para conminar a los griegos a rendirse advirtiéndoles que ellos eran tan numerosos que sus flechas oscurecerÃan el sol. A esto Leónidas respondió con la famosa frase de “mucho mejor, asà combatiremos a la sombra”. Jerjes esperó durante cinco dÃas a que los griegos depusieren las armas sobrecogidos ante la envergadura de su enemigo, pero no lo hicieron.
A mediados de agosto del año 480 a.C. se inició la batalla. El primer dÃa los griegos lograron hacer frente a las fuerzas de Jerjes causándoles un alto número de bajas. Cuando el segundo dÃa recibieron a otro emisario del rey persa ofreciéndoles la integración en su propio ejército si se rendÃan, Leónidas rehusó. Jerjes mandó entonces a sus 10.000 “Inmortales”, tropas de elite comandadas por su hermano que, al igual que los espartanos eran profesionales disciplinados pero que, no obstante, fueron rechazados por los griegos.
Pero un traidor llamado Sfialtes advirtió a los persas del paso a través de las montañas para llegar a la retaguardia griega. Cuando a la mañana siguiente los griegos advirtieron la traición ya era demasiado tarde. Consciente de la cercana derrota, Leónidas mandó dispersar a su ejército pero los espartanos y algunos otros como los tebanos y los de Thespies quisieron quedarse. Eran poco más de mil. Estos hombres lucharon con una valentÃa y un arrojo que ha pasado a la historia. Sabiendo que iban a morir, rodeados por todas partes de miles de soldados enemigos, resistieron sin embargo negándose a abandonar el cuerpo de su rey muerto hasta que una lluvia de flechas acabó con todos ellos.
Los griegos fueron derrotados. La de las Termópilas fue una batalla perdida que no obstante permitió a los griegos reorganizase para seguir luchando contra los persas (que acabarÃan vencidos en Salamina) y les alentó con su ejemplo; siempre será recordada como ejemplo de valor y coraje, de supremo sacrificio en defensa de la patria.

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La contienda de mayor renombre en la antigüedad es la batalla de las Termópilas, del año 480 adC, en la que la salvaguardia griega, formada por 1.000 hoplitas griegos (300 espartanos y 700 tespios), contuvo el avance netamente superior del ejército persa, que avanzaba bajo el mando de Jerjes, rey de Persia.