El “Azote de Dios” conocido también como Atila, rey de los hunos, fue capaz de realizar memorables hazañas e incluso de motivar numerosas leyendas.
Claro que, la fama que tenía no era para menos. Se decía que: “Bajo los cascos de su caballo nunca más crece la hierba” y que “No hay más sangre derramada, que por la espada del rey Atila”. Además, Atila es el Etzel de la leyenda de los Nibelungos y el Atli de las sagas islandesas. Por otra parte, en lugares como Turquía o Hungría el nombre de Atila y de su última esposa: Ildico, siguen teniendo gran fama hoy en día.
El nombre de Atila puede significar “padre” y venir del gótico “atta” (padre) añadiéndole el diminutivo “la”. También puede ser un término pre- turco de procedencia altaica. Pero lo más probable es que venga de “atta” (padre) y de “il” que significa tierra o país. Por otro lado, recordar que Atil, además, era el nombre altaico del río Volga.
Según el historiador Prisco Atila era: “Corto de estatura, de ancho pecho y cabeza grande; sus ojos eran pequeños, su barba fina y salpicada de canas; y tenía la nariz chata y la tez morena, mostrando la evidencia de su origen”. La apariencia de Atila era, lo más probable, el de un habitante del Extremo Oriente o de índole mongol. Sus características físicas eran las típicas del oriente asiático, que los europeos de entonces no habían visto jamás. Por ello, lo representaron siempre con definiciones poco elevadas.
En cuanto a orígenes, era el descendiente de una estirpe gobernante de los hunos, un pueblo bárbaro de pastores nómadas que se hicieron con la Europa del SE en el año 370 y constituyeron un magno imperio en los ochenta años siguientes. Aunque fue Atila el que llevó a su pueblo a la cima del éxito, la verdad es que los hunos, sin haber nacido aún su líder indiscutible, realizaron ya algunos importantes escarceos bélicos. Así, llegaron al río Danubio a través de varias incursiones contra el Imperio Romano de Oriente. Llegaron a un acuerdo con Roma en contra de los germanos de Europa Central y en el 432 tuvieron un jefe llamado Rua o Rugila, el tío de Atila. El caudillo muere en el 434 y es substituido por Atila y su hermano Bleda. Fueron correinantes y acordaron con el Imperio de Oriente la multiplicación de los subsidios otorgados a Rua. En el 445 Atila asesina a su hermano Bleda i aquí empieza todo.
En el 447 Atila marcha por Iliria, arrasando los Balcanes y Grecia hasta las Termópilas. Esta invasión es descrita por Callínico: “la nación bárbara de los hunos, que habitaba en Tracia, llegó a ser tan grande que más de cien ciudades fueron capturadas y Constantinopla llegó incluso a estar en peligro y la mayoría de los hombres huyeron de ella…”
Atila consigue que los pueblos que no han sido devastados luchen con él. Ello le lleva a discutir con el emperador bizantino Teodosio II. Al poco tiempo, Atila derrota a Teodosio II y le obliga a concederle una zona de un territorio al sur del Danubio, además de pagar un tributo y un subsidio, de forma anual. Era la condición para que hubiera paz. Prisco, historiador nombrado anteriormente, fue al campamento de Atila en el 448 como un embajador. Él describe cómo vio a Atila, rodeado de sus numerosas esposas, su bufón y su enano particulares: “Se había preparado una lujosa comida, servida en vajilla de plata, para nosotros y nuestros bárbaros huéspedes, pero Atila no comió más que carne en un plato de madera. En todo lo demás se mostró también templado; su copa era de madera, mientras que al resto de nuestros huéspedes se les ofrecían cálices de oro y plata. Su vestido, igualmente, era muy simple, alardeando sólo de limpieza. La espada que llevaba al costado, los lazos de sus zapatos escitas y la brida de su caballo carecían de adornos, a diferencia de los otros escitas, que llevaban oro o gemas o cualquier otra cosa preciosa”.
En el 451 Atila accede a la Galia con un ejército de numerosos ostrogodos y en acuerdo con Genserico, rey de los vándalos. Se enfrenta con el general romano Flavio Aecio. Pronto, Atila intenta hacerse con Aurelianum. No obstante, los romano-godos se lo impiden cuando la batalla parecía ganada. El conflicto se sostuvo en pleno campo abierto, concretamente en los Campos Cataláunicos. Teodórico falleció y Atila, derrotado por primera vez, y única, se tuvo que retirar. Aecio permitió que los hunos se retiraran hasta la zona del Rin.
En el 452 Atila se encuentra ya bastante recuperado del vencimiento. Por ello, se va para Italia y saquea Aquilea, Padua, Verona, Brescia, Bérgamo y Milán. Atila está imparable y Aecio no puede detenerlo. Pero un contratiempo con el que no contaban, la hambruna y la peste, hicieron que se marcharan pronto de Italia. Marciano, el nuevo emperador de Oriente, detuvo el pago de subsidios acordado por Teodosio II y cuando en el 453 Atila se disponía a enfrentársele, éste falleció en el camino.
Sobre la muerte de Atila se ha especulado mucho. Según Prisco, una noche, tras la celebración de su última boda, Atila padeció una fuerte hemorragia nasal y ello le llevó a la muerte. Su ejército entonces lloró su fallecimiento de una forma especial. Los soldados se cortaron el pelo y se hirieron con las espadas. Y es que, según el machismo imperante: “El más grande de todos los guerreros no había de ser llorado con lamentos de mujer ni con lágrimas, sino con sangre de hombres”. Fue enterrado en un triple sepulcro de oro, plata y hierro, con su botín. Los que lo enterraron fueron aniquilados para guardar en secreto el sitio de su reposo. La versión de Prisco, contemporáneo de Atila, es la más fiable. No obstante existen otras versiones acerca de la muerte del “Azote de Dios”. De este modo, ochenta años después de lo ocurrido, el romano Conde Marcelino explica: “Atila, rey de los hunos y saqueador de las provincias de Europa, fue atravesado por la mano y la daga de su mujer”.
Los hijos del legendario héroe lucharon por hacerse un sitio, con no muy buenos resultados. Así, Ellak (al que había nombrado heredero), Dengizik y Ernak pelearon por la sucesión. Pero tan divididos como estaban fueron muy pronto derrotados al siguiente año en la Batalla de Nedao por una confederación de varios pueblos: ostrogodos, gépidos y hérulos, entre otros. Así, pues, el imperio no salió adelante sin el hombre que lo había llevado a la cumbre.

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Atila fue, entre todos, el más poderoso rey de los hunos europeos. Gobernó sabiamente las tribus del mar negro y se convirtió en una figura legendaria de la historia.
Sí Jorge, Atila fue el último y más poderoso rey de los hunos europeos. Gobernó el mayor imperio de su tiempo durante veinte años.
“Donde pisaba su caballo no crecía la hierba”. Esta frase es un fiel reflejo de la grandeza bélica de Atila y que ha perdurado en los devenires del tiempo.
¿Alguien conoce el nombre del caballo de Atila? Ya que la leyenda cuenta que por donde pisaba no volvía a crecer la hierba.