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Años 20: Los felices años

Tras finalizar el mayor conflicto bélico jamás visto hasta la fecha, el panorama era realmente aterrador; la nefasta herencia que había dejado la guerra sobre Europa había provocado que la mayor parte de las economías se hubiesen desmantelado y que la población observase impotente como había sido brutalmente diezmada.

A pesar de que aún seguía el acecho del fantasma de la guerra, poco a poco y con mucho esfuerzo se iba recobrando progresivamente la normalidad. La impresión que extraemos es que la lección parecía estar bien aprendida ya que el pueblo occidental se hacía acompañar de una gran ilusión que se traduciría en la aplicación de multitud de maniobras que les llevase a una floreciente recuperación, la que se vivió en la segunda década del siglo XX. Se ha documentado que fue realmente el ansia por hacer desvanecer el recuerdo de la guerra lo que sumergió en un estado de gozo y diversión continuo a una sociedad hambrienta por alejarse de todos los problemas. De esta forma no nos puede resultar tan raro que el cine, los deportes… en definitiva, los espectáculos de masas, se convirtiesen en las principales vías de escape y en verdaderas terapias sociales para dicha sociedad.
La verdad es que, a pesar de haber pasado más de diez años desde el final de la Primera Guerra Mundial, el mundo parecía hallarse en el mejor de sus momentos. El crecimiento de la meca del cine no fue una de las únicas secuelas ya que hay que hablar de otras muy diversas que reflejaban los efectos más sorprendentes de la posguerra. Entre dichas consecuencias destaca la progresiva pero lenta desaparición de las diferencias sociales, el triunfo de las democracias (a pesar del auge de las dictaduras). La política y la economía social también se ven inmersas en esta ola de acontecimientos y aspectos tan determinantes para la sociedad actual como es el sufragio universal, el acceso al empleo, los avances técnicos…se convirtieron en una inquebrantable realidad.
Hemos querido destacar los ejemplos más significativos a pesar de que el fenómeno se propagase por todo el planeta.

El final de la primera guerra mundial en 1919 alzó a Estados Unidos a la consideración de gran potencia ya que se había convertido en el primer acreedor mundial. Los estadounidenses denominaron a estos años de prosperidad posteriores al conflicto “los felices años veinte”; es en este periodo cuando Estados Unidos se hace republicana debido a la hábil política que llevó al país a la tan ansiada “normalidad”. Para conseguir el tan ansiado equilibrio se pusieron en marcha una serie de medidas; en política interior, destacamos varias acciones como es la introducción de importantes economías en el gasto público, la disminución de los impuestos o el favorecimiento del libre juego de la economía de mercado. Estas tres indiscutibles claves para afianzar la prosperidad del país se acompañaron de una serie de medidas restrictivas en materia de inmigración, en la prohibición de la fabricación y venta de licores…a pesar de que generara controvertidas consecuencias como es, en este último ejemplo, el favorecer el crecimiento del crimen organizado en todo el país, especialmente en Chicago cuyo principal responsable era el mítico el gángster Al Capone.
Con respecto a la política exterior, la normalidad se tradujo en una menor presencia internacional y no un decidido repliegue aislacionista.

En el momento en que la inversión crecía, el empleo aumentaba y el bienestar se popularizaba, la Bolsa de Nueva York sufre una de las quiebras más importantes de su Historia sumiendo a todo el planeta en el crack del 29.
A partir de octubre de 1929, el crack económico nos muestra como a pesar de la relativa normalidad alcanzada por los más conservadores en EEUU y en el resto del mundo aún persistía la miseria, el desempleo y la carestía de recursos básicos mostró la cara más oculta del desastre.

Los estadounidenses no fueron los únicos en padecer la dramática influencia de dicha catástrofe sino que en distintos lugares del planeta con economías tan prometedoras como es el caso de Argentina o Brasil se sufrió la calamitosa crisis para luego sumergirse en la tan ansiada recuperación. Lo peor de todo es quizás que no resultaron únicamente efectos económicos tras la crisis sino también socio-políticos ya que, como se dice popularmente, de la noche a la mañana la clase media vio como desaparecía para formar parte del proletariado. Se afianzaban las desconfianzas hacia los sistemas liberales y en muchos lugares soluciones totalitarias cobraban protagonismo debido a la capacidad de proveer de los recursos más básicos al ciudadano.
Como hemos comentado alrededor de todo el mundo se aplicaron una serie de reformas con el fin de reconstruir la normalidad.

En España, tras la guerra también se intentó dar una oportunidad a la República pero, tras establecer la I República, la falta de auténticos republicanos aventuró un golpe de estado de corte militar que sumiría a los primeros años veinte en un periodo dictatorial y anticonstitucional. Primo de Rivera sería el encargado de liderar un sistema de gobierno de partido único, con un estado corporativo, con una sociedad justa a la que se llegaría debido a la armonía de la relación patrono-obrero, en un intento por lograr el bienestar de las clases obreras a través del entendimiento entre ambas partes mediante los comités paritarios; en afianzar el militarismo como fórmula de gobierno para la administración del país y, en último lugar, en el favorecimiento de las élites como clase dirigente.
Los felices años veinte se traducían en el aprovechamiento de la bonanza económica que sufría el mundo en este periodo son los años de la llegada de la democracia. Antes de la caída de la dictadura de Primo de Rivera y que se adoptara la fórmula democrática denominada como ”la II República”, asuntos como el eterno tema de Marruecos, el regionalismo catalán…no impidieron que mejorasen la red de carreteras y ferroviarias, que se creasen confederaciones hidrográficas con el objetivo de realizar un mayor aprovechamiento del agua de la energía eléctrica, que surgiese el Banco de España o que triunfasen los monopolios amparados en la política proteccionista (por ejemplo Telefónica). En 1929 la política económica dirigía su mirada hacia el exterior y pronto vemos como se impulsa el turismo y se potencias el comercio exterior, en definitiva, reproduciendo las palabras de grandes historiadores, España pasó de las crisis más profundas a la euforia económica.

En Gran Bretaña, los años veinte resultaron esenciales para la democracia ya que el laborismo se constituiría definitivamente como fuerza de gobierno de, hasta entonces, la primera potencia mundial. En las islas británicas, la sociedad industrial requería cada vez más medidas que mejorasen la calidad de trabajo y vida y es a partir de esta nueva forma de gobierno donde se encontrará la solución a través de medidas tales como ampliar la cobertura del seguro de desempleo, la concesión del voto a todas las mujeres mayores de 21 años y la nacionalización de la electricidad y la radio. Además, desde este gobierno se trató de estabilizar los precios y devolver la confianza a los círculos financieros a través del retorno de la libra al patrón-oro de 1914 (medida tomada por el ministro de Hacienda, Churchill, en abril de 1925).

Lo cierto es que la democracia se estabilizó en los años veinte en muchos otros países europeos como es el ejemplo de Suecia, Noruega y Dinamarca, países que hasta la fecha habían estado regidos por monarquías constitucionales sólidamente institucionalizadas, las cuales habían llegado a mantener su neutralidad durante la I Guerra Mundial y que, al término de la misma, sabrían aprovechar el impulso democrático introduciendo el sufragio universal masculino y femenino.
La tónica preponderante de estos felices años veinte es la del despegue y recuperación económica, política y social en distintos puntos del globo terráqueo; puntos incluso tan castigados por la guerra como Alemania. El periodo ya mencionado promovió medidas democratizadoras y una estabilización en el sistema de gobierno amparado en la República de Weimar. La característica más destacada de dicha región la encontramos en la creciente influencia del partido nazi que, aún sufriendo el fracaso del “putsch” de 1923, pareció sobrevivir y recortar distancias hasta alcanzar el poder en los años 30.

Al igual que el caso de Alemania, Francia se vio realmente afectada por la primera guerra mundial y el comportamiento de la trayectoria de política, economía y sociedad francesa se centrarían en intentar hacer frente a lo que muchos han denominado “los demonios de la III República”; con ello nos referimos a la inestabilidad ministerial, influencia de los notables locales, indisciplina de los grupos parlamentarios, inexistencia de grandes partidos nacionales, resolver la reconstrucción de Francia, la crisis monetaria. Realmente los acontecimientos más acentuados en los años veinte son bastante negativos, por un lado, el Bloque Nacional de 1920 a 1924 con su política de invasión como medida de pago de la deuda alemana tras el fin del conflicto mundial y, por otro lado, el Cartel de izquierdas (de 1924 a 1926) son prueba fidedigna de ello.

El último análisis se lo dedicamos a Rusia; en estos años 20 a los que hemos dedicados estas líneas, se produce el nacimiento de la URSS. Una nación de corte socialista en manos de comunistas que intentan obtener el equilibrio social, político y económico tras sufrir (1922) una revolución. Los políticos alardeaban de convertir a esta dinosauria región en una de las potencias más importantes y más individualistas de entonces y nos dudaron mostrar un enorme recelo a la Sociedad de Naciones. El hecho de que la URSS y sus gobernantes, convencidos del potencial del comunismo, apostaran por alejamiento de los países de occidente no era más que la consecuencia del mal recibimiento y por lo mal visto que era dicha forma de pensamiento para el resto de las potencias.
Stalin se había proclamado líder de la Unión Soviética y una vez investido con dicho cargo no paró de poner en marcha una y otra medida que, ajenos de la buena racha que parecía sufrir beuna parte del resto del mundo, paliase (por ejemplo) el descenso de la productividad. Así vemos el abandono de la NEP o la Nueva Política Económica y, a principios de 1929, la adopción de un programa de colectivización acelerada en la que se hacía frente a los kulaks (campesinos propietarios) de tal forma que se accediese a sus propiedades y se pudiese iniciar el que fuera uno de los procesos más exitosos de la Historia de Rusia, el proceso de industrialización desarrollado durante la década de los 30, llegando a alzar a la tan atrasada URSS al nivel de otras grandes potencias industriales.








...por Carolina Fontanals ...por Carolina Fontanals


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