El emperador del Sacro Imperio Romano Germánico, Federico I Barbarroja, alcanzó la gloria como guerrero. Sin embargo, es muy posible que sus campañas no fueran tan duras como las de los soldados que le acompañaron en sus victorias. Por el contrario, en el campo de batalla y entre combate y combate, el emperador también disfrutaba de una vida cómoda y regalada. Para ello transportaba junto a su ejército buena parte de su biblioteca, un parque de fieras e incluso un “harem” de amables damas que le hacían la vida agradable a él y a los miembros destacados de su ejército.
Con razón decían sus enemigos que mientras sus tropas combatían en los campos de batalla, él libraba otro tipo de combates menos cruentos y mucho más agradables.
Es otra forma de ir a la guerra, pero sólo para algunos.
A la guerra con un harem escrito por Javier Sanz en: Historias de la Historia



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